Los muertos no hablan (Juegos de la mente 2) Capítulo 31 #2
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Capítulo 31 #2

—Eso es. Y, aparte de su propio hijo, solo ha dejado con vida a dos personas.

—De fondo sonó un claxon y chirriaron unos neumáticos—.

Vamos ahora mismo a casa de Phoebe. Creo que Ezra forma parte de su jugada final.

Que intentará llevárselo. Tiene que haber una razón para que involucrara a Ezra desde el principio.

Puede que su hijo se esté resistiendo ahora que es adolescente, y nuestro asesino quiera buscarse un nuevo cómplice.

Espera, ¿qué? Si su hijo era tan importante, si había empezado a matar por él, si asesinaba a aquellas familias para vengar lo que le habían hecho a su hijo... ¿por qué iba a reemplazarlo por Ezra? No tenía ningún sentido. Ninguno.

El móvil le vibró contra la mejilla. Un mensaje.

—Te he mandado una foto del chico —dijo Tristan—. Es de hace nueve años, pero, si te crees a Richie, sigue teniendo el mismo aspecto.

El pavor le atenazó las tripas, una banda de presión que le estrangulaba los órganos.

—Lo de Ezra no me cuadra, Reid. Sé que te importa y por eso estás siendo tan precavido, pero...

—La noche respiraba con ella, pesada y húmeda—.

Si el asesino es el padre de este niño, si mata como padre, ¿por qué no presta especial atención al padre de cada casa?

No parece identificarse en absoluto con los padres.

—Tú misma dijiste que la identificación no es una ciencia exacta.

Sí, lo había dicho, ¿verdad? Y si todo aquello iba de venganza, no tenía por qué identificarse con ninguno.

Puede que odiara a los chicos mientras vivían porque Colin había hecho daño a su hijo, pero, muertos, esos chicos podían recordarle al suyo y activar el ritual de la alfombrilla de baño. Pero...

Maggie se llevó los dedos a la sien, con el teléfono apretado contra el otro lado de la cabeza, que le palpitaba con fuerza.

—Ezra está con la policía, Reid. Está a salvo. Y este sospechoso jamás se ha metido antes en una situación de la que pudiera no salir.

Salvo cuando atacó a su padre.

—Eso fue antes. Ahora sabemos quién es su hijo y qué aspecto tiene.

—Exactamente. Eso era lo que la inquietaba.

Dentro de una hora, la cara de ese chico estará en todos los informativos.

No va a dejar atrás a su propio hijo; no a este chico por el que mata.

Y también sabemos qué aspecto tiene Ezra.

Si se lleva a Ezra, duplica las posibilidades de que lo atrapen.

Es más difícil sacar de la ciudad a dos niños que a uno, más difícil mantener a dos escondidos, sobre todo cuando sabemos que están juntos.

Se estaría condenando al fracaso. Y este asesino no se condena al fracaso .

—Tienes razón; para él sería más complicado. Pero eso de la jugada final...

—Creo que Ezra te importa — el asesino de mascotas — y que intentas protegerlo. No tiene por qué ser malo, pero no estoy segura de que eso vaya a ayudarnos a encontrar al asesino.

Entonces, ¿qué podía ayudarlos? Toda aquella situación era una locura. La lógica saltaba por los aires cuando alguien lograba entrar en una unidad psiquiátrica cerrada, robar un vial de sangre de un paciente y desaparecer como un fantasma sin que lo viera un solo testigo.

—¡Te ha calado, hermano! —canturreó Tristan.

El teléfono volvió a vibrarle; se había olvidado de que Tristan le había enviado algo. Se apartó el móvil de la oreja y pulsó el botón del altavoz.

—He tratado con muchos tipos como este, Maggie...

—Doctora —lo corrigió Tristan.

Maggie pasó por alto lo último.

—Ya sé que sí, pero no con alguien como este.

No se arriesga. Sabe que Ezra está vigilado; no puede secuestrarlo sin que le metan una bala entre ceja y ceja.

Y si todo esto iba de su primer hijo, no lo abandonará ahora.

Está claro que cree que su hijo necesita un guerrero, un hombre que lo proteja de los matones del mundo.

No puede morir mientras su hijo siga necesitándolo, y eso es todavía más cierto si su hijo está enfermo. Pulsó para abrir los mensajes.

—Entonces, ¿cuál es su gran plan? ¿Cómo termina esto?

—Siempre ha ido a por los vulnerables —dijo Maggie—. Los más vulnerables.

Los que no podían defenderse. Los que dormían.

Abrió el mensaje de Tristan y una cara llenó la pantalla.

Se le cortó la respiración. Le resultaba conocida... demasiado conocida .

Aquel niño... Iba en bicicleta cerca de la cafetería.

Había saludado a Ezra. Y... estaba fuera de la residencia de ancianos la noche en que atacaron a su padre.

Ella había estado fuera de sí por su padre, y él se encontraba en la acera; había dado un salto atrás cuando Maggie irrumpió en la plaza de aparcamiento con los neumáticos chirriando.

Llevaba toda la semana apareciendo por todas partes.

—No es su padre —dijo—. No es el padre de nadie.

—¿Qué?

—El asesino. Si tuvo cáncer de niño, si la hipófisis dejó de funcionarle por completo, nunca habría crecido. —Las palabras de Reid resonaron en su cabeza: A menos que algún crío levantase pesas todas las noches y siguiera una dieta continua de esteroides, no tendría la fuerza necesaria.

Pero sí tenía la fuerza. Reid había bromeado, pero eso era exactamente lo que había hecho el asesino. Con razón llevaba aquellas sudaderas enormes. Tenía que ocultar una masa muscular que resultaría ridícula —e imposible— en un niño.

Había sido ese pobre bebé demasiado tiempo. Estaba listo para... crecer.

—Todo lo que acabas de contarme: que es más bajo de lo que debería, que parece joven... Puede tener veinticinco años y seguir teniendo el mismo aspecto. Es rarísimo, pero todo esto es raro.

Y el hecho de matar a los matones y a las familias que lo habían permitido, incluso la forma de asesinarlos mientras dormían, asestándoles cuchilladas en cuclillas o de rodillas... Todo, absolutamente todo, encajaba si aquel asesino tenía el aspecto de un niño.

Pero con aquella revelación llegó otra mucho más aterradora. La residencia de ancianos no era el último lugar donde había visto a aquel chico. La última vez lo había visto... con flores.

—No va a llevarse a Ezra. Las palabras le salieron estranguladas.

—Maggie, él...

—El asesino está aquí.