Los muertos no hablan (Juegos de la mente 2) Capítulo 14 #3
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Capítulo 14 #3

—Lo sé; créeme, lo sé. Y también sé que nadie reacciona exactamente igual ante una pérdida traumática. Pero... joder.

La mirada se le posó en los dedos de Maggie, que aún cubrían los suyos. Parpadeó.

Ella retiró la mano y se la dejó caer en el regazo.

—¿Te habla siquiera?

Negó con la cabeza.

—Tampoco se relaciona con los otros niños, pero la profesora dice que no es raro.

Por lo visto, no tiene muchos amigos. Sin embargo, hoy tenía una especie de exposición sobre un libro y presentó el suyo como si no pasara nada, así que puede hablar.

Lo que no quiere es hablar con nosotros .

El chaval se negó en redondo a mirar la foto policial de Colin.

Sea lo que sea lo que sabe del hombre que asesinó a su familia, se lo está guardando deliberadamente. Como si protegiera al asesino.

Probablemente no fuera tan siniestro; algunos pacientes traumatizados podían hablar con normalidad siempre que no les pidieran centrarse en el origen de su trauma. Pero aquellas palabras resonaron huecas en la cafetería casi vacía.

—Dudo que tenga motivos para proteger al asesino, Reid.

—A menos que lo conociera.

Ya habían planteado esa posibilidad. Desde luego, ayudaría a explicar por qué Ezra seguía respirando.

—¿Hay algún indicio de que Colin conociera a alguien de la familia Darren? ¿Alguna forma en que Colin pudiera haber conocido a Ezra después de salir de prisión?

—No lo sé, porque no tengo ningún domicilio actual ni vehículo registrado a su nombre.

Y Colin James no salió en libertad. Aceptó que lo trasladaran a un centro psiquiátrico.

La mayoría de la gente solo pasa allí de unas semanas a un mes, pero cuando llamé se escudaron en la confidencialidad médico-paciente.

Le lanzó una mirada elocuente. Ella le había hecho lo mismo el año anterior, cuando Reid trataba de mandar a su propio hermano entre rejas.

—A lo mejor, si somos muy amables, conseguimos que los médicos nos digan adónde lo enviaron al darle el alta —continuó Reid—.

Tendrían que haberlo alojado en un piso tutelado o en una residencia supervisada; como mínimo, haberle concertado una cita de seguimiento psiquiátrico cerca de algún domicilio de la zona, ¿no?

Maggie asintió.

—Eso es.

Pero no era por eso por lo que la miraba de aquella manera. El brillo esperanzado de sus ojos le reveló enseguida lo que pensaba.

—Necesitas a una profesional que los convenza de que darte información sobre Colin redunda en su propio interés. Y no quieres esperar a una orden de registro porque, supuestamente, el hospital queda fuera de tu jurisdicción.

¿Intentaba evitar que el caso pasara a manos de los federales? Mientras siguiera siendo suyo, podría proteger a Ezra de interrogatorios aún más invasivos.

Reid asintió.

—Sí. Está a cuatro horas de aquí, en el norte del estado, así que hay un buen trecho en coche. Pero necesito una psiquiatra.

Y a ella le vendría bien distraerse del insoportable Tristan Simms. Dio un sorbo a su chai, amargamente frío, aunque ahora resultaba más fácil de tragar, con el corazón ya sosegado.

—Bueno, detective... ¿cuándo salimos?

Una sonrisa le cruzó el rostro, más de alivio que de alegría.

—Justo después de ver a tu padre. Y ahora llamo a Point Harris. —Cogió el móvil de la mesa—. ¿Te apetece una consulta rápida? Mejor quitárnoslo de encima de una vez.

Ella asintió. Reid tocó la pantalla y dejó el móvil sobre la mesa, entre los dos. Escucharon el tono de llamada.

—Tengreddy.

La voz era baja, áspera; cortante.

Reid se estremeció como si no esperase oírla, pero ya habían hablado antes, ¿no?

—Hola, soy el detective Reid Hanlon, de Fernborn. Llamo por su asesino en serie. Parece que ha decidido trasladarse a mi jurisdicción.

Hubo una pausa.

—Perdone, ¿mi... asesino en serie?

A Maggie se le tensó la espalda. Se inclinó hacia el teléfono, con los codos apoyados en la mesa.

Reid frunció el ceño ante el móvil.

—Cuando hablamos la semana pasada...

—No llevo ningún caso de asesino en serie. ¿Quién ha dicho usted que era?

Reid se quedó mirando el teléfono. El calor le retorció los pulmones a Maggie, dificultándole la respiración.

Tengreddy no tenía ni idea de quién era Reid; no tenía ni idea de que hubiera un asesino en serie en su jurisdicción.

Pero los archivos eran reales. Ella había visto las fotos de aquellos crímenes, los informes.

¿El asesino los habría robado... y se los habría mandado a Reid? ¿Los habría falsificado?

—¿Hola? —ladró Tengreddy.

Reid seguía sin responder. Pulsó el botón y cortó la llamada.

—Era él —dijo casi en un susurro—. ¿No?

Pero no era realmente una pregunta. Al menos, no una que ella debiera contestar.

—Colin... me llamó. Me envió esos documentos —prosiguió Reid—. No teníamos ni idea de que había un asesino en serie hasta que él ató cabos por nosotros.

—No ató los cabos por nosotros , Reid.

Su voz le resonó dentro del cráneo. De pronto, sintió la cabeza como si estuviera rellena de algodón.

—Las unió para ti .

El asesino estaba aquí por algún motivo. Fernborn era su objetivo final.

Y Reid, Maggie y su padre formaban parte de todo aquello.