Los Monjes de Compostela (El Código del Camino de Santiago 4) CAPÍTULO 23 — Infiltrado entre Nosotros
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CAPÍTULO 23 — Infiltrado entre Nosotros

BLOQUE 1

La pregunta de Vilanova quedó flotando entre el equipo durante los días siguientes, generando una tensión silenciosa que ninguno quería verbalizar del todo, hasta que la propia fiscal Mera,

revisando con más detenimiento los registros telefónicos autorizados como parte de la investigación de homicidio en curso, encontró algo que confirmaba, de la manera más dolorosa posible, la sospecha que ya pesaba sobre todos ellos.

---Necesito que vean esto ---dijo, convocando a Gabriel y Adrien a su despacho con una expresión que revelaba lo delicado del hallazgo---.

El teléfono de Rosa Meilán registra ocho llamadas, en los últimos tres meses, a un número que rastreamos hasta una línea privada registrada a nombre de una fundación cultural vinculada indirectamente al propio Ezequiel Bastos.

Gabriel sintió que se le encogía el estómago, procesando aquella confirmación con una mezcla de traición y una tristeza que no lograba anticipar del todo.

---¿Está segura? ---preguntó, aunque la propia pregunta le sonó inútil frente a la solidez del dato.

---Completamente segura ---confirmó la fiscal Mera---. Y hay algo más: la primera de esas ocho llamadas ocurrió apenas dos días después de la muerte de Fernando Reboiras.

BLOQUE 2

Convocaron a Rosa esa misma tarde, en la propia sala de trabajo reforzada, con la fiscal Mera presente para garantizar que cualquier conversación tuviera el peso formal necesario dentro de la investigación en curso.

Rosa, al ver la expresión de todos los presentes apenas entró en la sala, comprendió de inmediato lo que había ocurrido, y cualquier intento de negación se disolvió en su rostro antes de que nadie pronunciara una sola palabra.

---No fue como ustedes creen ---dijo, con la voz quebrada, sentándose sin que nadie se lo pidiera---. O al menos, no completamente.

---Explícanoslo entonces ---dijo Gabriel, con una frialdad que le costaba mantener frente a alguien que llevaba semanas trabajando junto a ellos con lo que parecía una lealtad genuina.

Rosa tardó un momento en recomponerse lo suficiente como para hablar con claridad.

---Dos días después de que encontráramos a Fernando muerto, alguien me abordó en la calle, cerca de mi propio edificio ---dijo---.

Un hombre que nunca llegué a ver bien el rostro, en la oscuridad.

Me dijo que sabían que yo trabajaba estrechamente con la investigación, y que si quería seguir estando "a salvo", debía informarles regularmente sobre cualquier avance relevante.

No me dio opción de negarme. Me hizo entender, con mucha claridad, lo que le había pasado a Fernando y a Xosé, y lo que podía pasarme a mí si me negaba o si les contaba a ustedes lo ocurrido.

BLOQUE 3

---¿Por qué no nos lo dijiste de inmediato, en lugar de seguir informándoles durante meses? ---preguntó Adrien, sin ocultar del todo su propia indignación.

---Porque tenía miedo, y porque intenté, cada vez que hablaba con ellos, decirles lo mínimo posible sin que se dieran cuenta de que lo estaba haciendo a propósito ---respondió Rosa, con una desesperación genuina en la voz---.

Nunca les conté sobre el memorial completo hasta que ya era evidente que ustedes mismos lo habían encontrado.

Nunca les avisé con suficiente anticipación sobre el examen del Pórtico como para que pudieran planificar algo más grave que el susto de la otra noche.

Intenté, todo el tiempo, protegerlos a ustedes tanto como podía sin exponerme directamente a lo que le pasó a Fernando.

La fiscal Mera, escuchando aquella confesión con la experiencia profesional de quien había manejado situaciones similares antes, formuló una pregunta que ayudaba a situar la gravedad real de la responsabilidad de Rosa.

---¿Puede identificar a la persona que la contactó, o dar cualquier detalle que ayude a vincularla directamente con Bastos?

---No con certeza sobre su identidad, pero sí puedo confirmar el número al que llamaba cada vez, y puedo declarar formalmente todo lo que acabo de contarles ---respondió Rosa, con una determinación que empezaba a sobreponerse al miedo evidente---.

Quiero ayudar a terminar con esto, de verdad.

Cometí un error grave no contándoselo a ustedes desde el principio, y voy a asumir las consecuencias que correspondan.

Pero no quiero seguir siendo, ni un día más, la persona que le da información a quien mató a Fernando y a Xosé.

Gabriel, procesando la complejidad completa de la situación --una traición real, pero motivada por un miedo genuino y limitada, según todo lo que podían verificar, en su propio alcance--, sintió que la ira inicial cedía paso, gradualmente, a una comprensión incómoda pero necesaria.

---Vamos a necesitar que colabores plenamente a partir de ahora, sin ninguna reserva ---dijo, finalmente---.

Y vamos a necesitar usar exactamente lo que sabés sobre cómo te contactan para tender, por fin, una trampa a quien lleva meses observándonos desde las sombras sin exponerse jamás directamente.