Los Monjes de Compostela (El Código del Camino de Santiago 4) CAPÍTULO 11 — Memorial de los Fieles Guardianes
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CAPÍTULO 11 — Memorial de los Fieles Guardianes

BLOQUE 1

Vilanova cumplió su palabra apenas dos días después, contactando personalmente a Gabriel para informarle que había localizado, en un archivo secundario del propio palacio arzobispal al que solo el deán y su secretario tenían acceso regular,

un volumen encuadernado que ningún inventario oficial mencionaba con claridad, catalogado de forma genérica como "memorias internas, siglo XIX-XX, sin clasificar".

---Lo encontré revisando personalmente, sin decirle a nadie más del cabildo lo que estaba buscando ---explicó, entregándoles el volumen con las manos visiblemente tensas por la magnitud de lo que aquello podía representar---.

No sé con certeza qué contiene en detalle, pero el propio título de la primera página coincide exactamente con lo que ustedes mencionaron.

El volumen, considerablemente más grueso que cualquier documento aislado que hubieran encontrado hasta entonces, resultó ser, según fue confirmando Adrien a medida que avanzaba en su examen inicial, un registro continuado, mantenido con notable disciplina a lo largo de más de siglo y medio:

nombres de miembros sucesivos, fechas de incorporación, y breves anotaciones sobre las actividades principales de cada período.

---Esto es extraordinario, en el peor sentido posible de la palabra ---dijo Adrien, pasando las páginas con una mezcla de fascinación académica y genuina inquietud---.

Es un memorial casi burocrático de una organización que se dedicó, generación tras generación, a proteger un silencio institucional con la misma disciplina administrativa que cualquier otra oficina eclesiástica legítima.

BLOQUE 2

Gabriel, revisando junto a Adrien la lista completa de nombres a lo largo de las décadas, encontró un patrón que le resultó, de algún modo, todavía más inquietante que el simple hecho de la propia existencia de la organización.

---Nunca son más de siete miembros activos a la vez ---observó, contando cuidadosamente las entradas correspondientes a cada período---. Cuando alguien muere o se retira, incorporan a uno nuevo, pero nunca superan ese número, generación tras generación, desde 1869 hasta hoy.

---Siete ---repitió Lucía, con una expresión que revelaba haber notado la misma resonancia que el propio Gabriel---. El mismo número que aparecía en la partitura de Ostabat, en la secuencia de paradas que reconstruimos en Francia. No creo que sea casualidad.

Adrien, procesando aquella conexión con una fascinación que no lograba disimular del todo, ofreció una hipótesis que conectaba ambos hilos de la saga con una coherencia inesperada.

---Si los Fieles Guardianes se consideran a sí mismos herederos, aunque sea de manera invertida, de la misma tradición simbólica que los propios Custodios usaron durante siglos, tendría sentido que adoptaran deliberadamente algunos de sus mismos códigos internos,

incluso mientras trabajan activamente para silenciar exactamente lo que los Custodios intentaron preservar.

Rosa Meilán, revisando las anotaciones más recientes del volumen, encontró algo que hizo que se le cortara la respiración por un instante.

---Miren esto ---dijo, señalando la última entrada del registro, fechada apenas ocho meses atrás---. "Incorporación del séptimo miembro tras el fallecimiento del hermano Freixido. Aceptado por unanimidad, dada su posición privilegiada de acceso al proyecto de catalogación en curso."

BLOQUE 3

El silencio que siguió a aquella lectura tuvo, para todos los presentes, un peso muy distinto al de cualquier revelación anterior en aquella misma investigación: la confirmación explícita de que la organización no solo seguía activa, sino que había incorporado, apenas ocho meses atrás,

a alguien con "posición privilegiada de acceso al proyecto de catalogación en curso", una descripción que solo podía referirse, con toda probabilidad, al propio trabajo que la Hermandad llevaba adelante desde O Cebreiro.

---Eso significa que tienen a alguien dentro de nuestro propio proyecto ---dijo Gabriel, con la voz tensa por la implicación completa de aquel descubrimiento---. Alguien con acceso directo a nuestro trabajo, a nuestros avances, quizás incluso a nuestras propias reuniones internas.

Adrien, revisando frenéticamente el resto del volumen en busca de cualquier nombre asociado a aquella última incorporación, no encontró ninguna identidad explícita más allá de la descripción genérica del cargo.

---No dan el nombre completo en ningún punto del registro, solo iniciales ocasionales ---dijo, con evidente frustración---. "R.M." aparece varias veces en las últimas páginas, aunque no puedo confirmar con certeza a quién corresponde.

Rosa Meilán, escuchando aquello, sintió que la sangre se le helaba de golpe al comprender la coincidencia con sus propias iniciales, aunque se apresuró a señalarlo ella misma antes de que nadie más pudiera hacerlo por ella.

---Esas son mis iniciales ---dijo, con la voz temblando visiblemente---. Rosa Meilán. Pero les juro que no tengo nada que ver con esto. Trabajé con Fernando durante años, lo apreciaba genuinamente, jamás le haría daño ni a él ni a nadie más de este equipo.

Gabriel, observándola con atención, sintió que la sospecha inevitable que aquella coincidencia generaba se enfrentaba, en igual medida, a la evidente sinceridad del pánico que Rosa mostraba en aquel mismo instante, dejando a todo el equipo, por primera vez en toda la saga,

con la incómoda tarea de decidir si podían seguir confiando en alguien que llevaba semanas ayudándolos desde dentro.