Los Monjes de Compostela (El Código del Camino de Santiago 4) CAPÍTULO 9 — El Canónigo Bastos
26%

CAPÍTULO 9 — El Canónigo Bastos

BLOQUE 1

El propio Ezequiel Bastos se presentó, sin que nadie lo hubiera convocado formalmente, en la oficina de la Hermandad dos días después de que recibieran la carta anónima,

con la seguridad tranquila de un hombre acostumbrado a moverse con autoridad natural dentro de cualquier espacio institucional que pisara.

---Doctor Llorente ---dijo, extendiendo la mano con una cordialidad que resultaba, de algún modo, impecablemente calculada---.

Me enteré de las tristes muertes de Fernando y de Xosé, que en paz descansen, y quise venir personalmente a ofrecer toda la colaboración que el cabildo pueda brindarles en esta investigación tan delicada.

Gabriel, ya advertido por Rosa y por Bieito sobre el papel de Bastos en el proceso de acceso al fondo cartográfico, le estrechó la mano con una cortesía cuidadosamente medida, sin revelar todavía cuánto sabían.

---Se lo agradezco, canónigo. Cualquier ayuda es bienvenida en un momento así.

Bastos, un hombre de unos setenta años, de porte erguido y voz suave pero firme, se sentó sin esperar invitación formal, con la misma naturalidad con la que Ilse Kessler se había sentado meses atrás en la cafetería de O Cebreiro, aunque con un estilo completamente distinto:

donde Ilse proyectaba urgencia y cálculo, Bastos proyectaba una paciencia casi serena, la de alguien convencido de que el tiempo, tarde o temprano, terminaba favoreciendo a quien sabía esperar.

---Entiendo que están investigando ciertas discrepancias en las ediciones históricas del mapa oficial del Camino ---dijo, sin que nadie le hubiera mencionado explícitamente aquel detalle---. Un asunto delicado, sin duda, dado lo mucho que ese mapa significa para millones de peregrinos.

BLOQUE 2

---¿Cómo sabe usted exactamente qué estamos investigando, canónigo? ---preguntó Adrien, sin ocultar del todo su propia cautela.

Bastos sonrió, con la calma de quien ha anticipado exactamente aquella pregunta.

---Formo parte del cabildo desde hace más de cuatro décadas, doctor Moreau. Muy poco de lo que ocurre dentro de estas paredes escapa, tarde o temprano, a mi conocimiento. No hace falta ningún misterio detrás de eso.

Gabriel, decidido a no ceder terreno en aquella conversación cuidadosamente equilibrada, formuló directamente la pregunta que había motivado toda la visita improvisada de Bastos.

---¿Sabe usted algo sobre una organización interna llamada "Los Fieles Guardianes de la Unidad"?

La expresión de Bastos no cambió de manera perceptible, aunque Gabriel, observándolo con atención, creyó notar una pausa apenas milimétrica antes de que respondiera, el tipo de pausa que solo se detecta cuando uno ya sospecha lo suficiente como para buscarla.

---He escuchado ese nombre alguna vez, asociado a ciertas tradiciones internas del cabildo del siglo pasado, aunque no puedo decirles gran cosa con certeza al respecto. Son historias que circulan entre canónigos veteranos, más folclore institucional que hechos documentados con rigor.

---Tenemos documentación bastante rigurosa que sugiere lo contrario ---respondió Adrien, sin dejar que la evasiva pasara desapercibida.

BLOQUE 3

Bastos, sin perder en ningún momento su compostura, cambió sutilmente el registro de la conversación hacia un tono más paternal, casi de consejo desinteresado.

---Doctor Llorente, permítame ofrecerle una perspectiva que quizás la juventud de su equipo no ha tenido tiempo de desarrollar todavía ---dijo---.

He visto, a lo largo de mi vida, cómo ciertas verdades históricas, presentadas sin el contexto y la prudencia adecuados, terminan haciendo mucho más daño del que pretendían evitar.

No estoy diciendo que ustedes actúen de mala fe.

Estoy diciendo que quizás valdría la pena que el propio cabildo participara más directamente en decidir cómo, cuándo, y en qué medida se comunica lo que ustedes encuentren, en lugar de dejar esa decisión enteramente en manos de un comité externo, por bien intencionado que sea.

---¿Está proponiendo que el cabildo tenga poder de veto sobre nuestra investigación? ---preguntó Gabriel, directamente.

---Estoy proponiendo colaboración institucional responsable, doctor Llorente.

Nada más que eso ---respondió Bastos, levantándose con la misma tranquilidad con la que había llegado---.

Piénsenlo, por favor. Y de nuevo, mi más sincero pésame por Fernando y por Xosé.

Espero sinceramente que encuentren pronto a quien les hizo esto.

Salió de la oficina con paso pausado, dejando tras de sí una sensación que Gabriel reconoció de inmediato, después de tres investigaciones enfrentando distintas variantes de la misma amenaza calculada: la certeza incómoda de que acababan de conversar, cara a cara y con toda cordialidad aparente,

con la persona que muy probablemente había ordenado, o al menos permitido, la muerte de dos hombres inocentes.

---No va a ser como Kessler, dispuesto a admitir sus intenciones con relativa franqueza ---dijo Adrien, apenas la puerta se cerró---. Este va a ser mucho más difícil de desenmascarar.