Los Monjes de Compostela (El Código del Camino de Santiago 4) CAPÍTULO 8 — Amenaza desde el Cabildo
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CAPÍTULO 8 — Amenaza desde el Cabildo

BLOQUE 1

El sobre llegó a la propia oficina que la Hermandad mantenía en Santiago para la catalogación del archivo, dejado en persona por alguien que ninguna cámara de seguridad del edificio logró identificar con claridad, entre las diez y las once de la mañana de un martes cualquiera,

según pudo reconstruir después la Policía Nacional a partir de los registros de acceso.

Adrien lo encontró al mediodía, sobre su propio escritorio, con el membrete oficial del cabildo catedralicio impreso en la esquina superior, algo que en cualquier otra circunstancia habría resultado completamente rutinario,

dado que la Hermandad mantenía correspondencia formal habitual con distintas oficinas eclesiásticas.

El contenido, sin embargo, no tenía nada de rutinario.

"Con todo respeto por el trabajo que han venido realizando, les instamos a reconsiderar la conveniencia de continuar profundizando en asuntos que, lejos de fortalecer la fe de millones de creyentes,

amenazan con sembrar dudas innecesarias sobre instituciones que han servido fielmente a la Iglesia durante generaciones. Algunas verdades, por reales que sean, causan más daño divulgadas que silenciadas. Les pedimos,

por el bien superior de la Iglesia y de quienes dependen de su estabilidad espiritual, que abandonen esta línea de investigación."

No llevaba firma, ni el nombre de ningún remitente específico dentro del propio cabildo, solo el membrete institucional genérico que cualquiera con acceso a material de oficina del propio edificio podría haber usado.

BLOQUE 2

Gabriel, convocado de inmediato por Adrien, leyó la carta dos veces antes de formular la pregunta que le parecía más urgente.

---¿Esto es una amenaza velada, o es simplemente la posición institucional oficial del cabildo, expresada de manera anónima porque nadie quiere firmarla personalmente?

---Podría ser ambas cosas a la vez ---respondió Adrien, con una cautela que reflejaba la ambigüedad deliberada del propio texto---.

El lenguaje es cuidadosamente institucional, casi pastoral en su tono.

Pero después de dos muertes confirmadas, cualquier mensaje que pida explícitamente que abandonemos la investigación tiene que tomarse, como mínimo, con la máxima seriedad posible.

La fiscal Mera, informada de inmediato, ordenó un análisis forense completo de la propia carta, aunque advirtió, con el realismo que ya caracterizaba su enfoque de todo el caso, que resultaría extremadamente difícil vincular un documento sin firma,

redactado con material de oficina de libre acceso dentro de una institución tan grande como el propio cabildo catedralicio, con ningún individuo concreto sin pruebas adicionales.

---Lo que sí podemos hacer ---dijo, durante la reunión de coordinación convocada esa misma tarde--- es reforzar la protección de todos ustedes de inmediato, y solicitar formalmente al arzobispado una reunión con el propio deán,

para dejar absolutamente claro que cualquier intento adicional de intimidación, viniera de donde viniera dentro de la institución, será tratado como parte activa de una investigación de homicidio en curso.

BLOQUE 3

Padre Esteban, presente en la reunión con una expresión que combinaba indignación pastoral genuina y una tristeza profunda ante lo que aquello representaba para la institución a la que había dedicado toda su vida, ofreció una perspectiva que ninguno de los presentes,

ajenos por completo a la propia cultura interna de la Iglesia, podía aportar con la misma autoridad.

---Necesito que entiendan algo importante ---dijo---.

Esta carta no representa, con toda probabilidad, la posición del cabildo en su conjunto, ni mucho menos la del propio arzobispado.

Representa la posición de un grupo reducido, probablemente los mismos "Fieles Guardianes" que acaban de identificar, actuando con la autoridad prestada del membrete institucional para hacer parecer oficial algo que, en realidad,

es completamente marginal dentro de la propia jerarquía eclesiástica actual.

---¿Cómo podemos estar seguros de eso? ---preguntó Lucía.

---No podemos, del todo, hasta que hablemos directamente con el deán ---admitió Padre Esteban---.

Pero conozco lo suficiente de la propia estructura interna de un cabildo catedralicio moderno como para saber que decisiones de esta magnitud, si de verdad representaran una posición institucional oficial, requerirían un consenso mucho más amplio del que un grupo secreto y marginal,

por antiguo que sea su origen, podría reunir sin que trascendiera de alguna manera.

Gabriel, procesando aquella distinción con cierto alivio parcial, sintió sin embargo que la propia ambigüedad de la situación --no saber con certeza si enfrentaban a un pequeño grupo aislado o a algo con raíces mucho más profundas dentro de la institución-- representaba, en sí misma,

una fuente adicional de peligro que no podían permitirse subestimar.

---Entonces necesitamos esa reunión con el deán cuanto antes ---dijo, finalmente---.

Porque si de verdad hay una diferencia real entre la posición oficial de la Iglesia y la de este grupo marginal, necesitamos que alguien con autoridad suficiente dentro de la propia institución lo confirme públicamente, antes de que mueran más personas intentando protegernos de una verdad que,

según todo lo que hemos aprendido hasta ahora, nunca debió depender de tanto silencio para sobrevivir.