Los Monjes de Compostela (El Código del Camino de Santiago 4) CAPÍTULO 5 — Otro Nombre Tachado
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CAPÍTULO 5 — Otro Nombre Tachado

BLOQUE 1

Rosa Meilán, revisando con más calma los archivos de correspondencia interna de Reboiras en busca de cualquier pista adicional sobre el origen de su investigación, encontró una serie de correos electrónicos intercambiados meses atrás con un hombre llamado Xosé Amoedo,

archivero jubilado que había ocupado el mismo puesto que Reboiras durante casi tres décadas, antes de que este lo sucediera oficialmente.

---Aquí dice que Amoedo fue quien primero notó las discrepancias, hace ya varios años, aunque nunca llegó a denunciarlo formalmente ---explicó Rosa, mostrándoles el hilo completo de correos---.

Según esto, le pasó a Fernando todas sus notas personales al jubilarse, con una advertencia bastante clara: "Ten cuidado con quién le comentás esto. Yo dejé de investigarlo por una buena razón".

Gabriel sintió que la investigación acababa de ganar una nueva urgencia.

---Necesitamos hablar con él cuanto antes ---dijo, ya buscando la dirección de contacto que figuraba en el propio correo.

La llamada a la residencia de mayores donde, según los últimos datos disponibles, Amoedo vivía desde hacía poco más de un año, trajo una noticia que ninguno de ellos esperaba, aunque tampoco les sorprendió del todo dado el patrón que ya empezaba a repetirse con una regularidad inquietante:

Xosé Amoedo había fallecido apenas cinco días atrás, encontrado sin vida en su propia habitación, con un diagnóstico preliminar de causas naturales dada su avanzada edad y su historial médico complicado.

BLOQUE 2

La fiscal Mera, alertada de inmediato, no necesitó demasiada persuasión para autorizar una autopsia urgente sobre un cuerpo que, afortunadamente para la investigación aunque no para la propia dignidad del fallecido, todavía no había sido cremado ni enterrado.

---Si el patrón se repite ---dijo, mientras coordinaba por teléfono con el instituto de medicina legal---, vamos a encontrar exactamente el mismo alcaloide, y vamos a tener que aceptar que estamos frente a alguien que lleva semanas, quizás meses,

eliminando sistemáticamente a cualquiera que hubiera empezado a acercarse demasiado a la verdad sobre los mapas alterados.

El resultado, confirmado dos días después, no dejó ningún margen de duda: la misma sustancia, en una concentración similar, cuidadosamente calibrada para un hombre de ochenta y siete años cuyo propio historial médico ya hacía plausible una muerte "natural" sin que nadie, en circunstancias normales,

hubiera pensado siquiera en cuestionarla.

---Dos víctimas confirmadas, ambas vinculadas directamente al mismo puesto de trabajo, ambas asesinadas con el mismo método poco común ---resumió la fiscal Mera, durante una reunión de coordinación que ya empezaba a incluir a más agentes de los que la investigación había requerido hasta entonces---.

Esto ya no admite ninguna duda razonable.

Tenemos un patrón deliberado, sostenido en el tiempo, dirigido específicamente contra quien se acerque demasiado a entender la manipulación cartográfica.

Gabriel, procesando la magnitud de lo que aquello implicaba, sintió una responsabilidad nueva y pesada instalarse sobre sus propios hombros.

---Si Amoedo murió apenas cinco días después de que nosotros empezáramos a hacer preguntas sobre Reboiras, eso significa que quien está haciendo esto nos está vigilando de cerca, en tiempo prácticamente real ---dijo---.

Y significa, también, que cualquier otra persona que hubiera tenido contacto con las notas de Amoedo o de Reboiras podría estar en peligro inmediato.

BLOQUE 3

Revisaron de inmediato, con la colaboración de la propia familia de Amoedo, cualquier otro contacto profesional que el archivero jubilado hubiera mantenido a lo largo de los años, encontrando finalmente el nombre de un tercer hombre, todavía en activo dentro del propio archivo diocesano,

con quien Amoedo había compartido, según confirmó su hija en una llamada tensa y visiblemente afectada, "algunas preocupaciones sobre cosas raras en el trabajo, hace ya bastante tiempo".

---Necesitamos protegerlo de inmediato, quienquiera que sea ---dijo Adrien, con una urgencia que reflejaba el peso completo de las dos muertes ya confirmadas.

La fiscal Mera, coordinando ya con la Policía Nacional para establecer algún tipo de vigilancia discreta sobre cualquier persona vinculada al archivo cartográfico, no pudo evitar formular en voz alta la reflexión que pesaba sobre todos los presentes en aquella reunión.

---Estamos investigando a alguien capaz de matar dos veces, con una precisión farmacológica que requiere conocimiento especializado, dentro de una institución que lleva ochocientos años protegiendo sus propios secretos internos con una eficacia que ninguna otra organización que hayan investigado

hasta ahora logró igualar.

Necesito que entiendan la magnitud real de lo que enfrentamos, porque no creo que esto se limite a un solo hombre actuando por su cuenta.

Gabriel, mirando la lista cada vez más larga de nombres --Reboiras, Amoedo, y ahora un tercer archivero todavía sin identificar con certeza-- sintió que la investigación que había empezado como una simple sospecha sobre un mapa alterado se transformaba, capítulo tras capítulo,

en algo mucho más antiguo, mucho más organizado, y mucho más peligroso de lo que cualquiera de ellos había anticipado al principio.