Los Monjes de Compostela (El Código del Camino de Santiago 4) CAPÍTULO 4 — Antiguo Veneno
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CAPÍTULO 4 — Antiguo Veneno

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El doctor Freixanes, intrigado por la naturaleza poco común del alcaloide identificado en el organismo de Reboiras, aceptó profundizar en su origen exacto más allá de lo estrictamente necesario para el informe forense,

movido por una curiosidad profesional que terminó resultando decisiva para la investigación.

---No es una sustancia que uno encuentre fácilmente hoy en día, ni siquiera en laboratorios especializados ---explicó, durante una reunión convocada en su propio despacho del instituto de medicina legal---.

Proviene de una variedad específica de belladona que crece de forma silvestre en algunas zonas de clima atlántico, incluyendo buena parte de Galicia, pero que rara vez se usa hoy con fines médicos por su toxicidad excesiva frente a alternativas más seguras y mejor documentadas.

---¿Se usaba antes, entonces? ---preguntó Gabriel.

---Extensamente, durante siglos ---confirmó el doctor Freixanes---.

Los monasterios medievales cultivaban belladona en sus propios huertos de plantas medicinales, los llamados "jardines de simples", precisamente por su utilidad en dosis controladas: como analgésico, como sedante,

incluso como componente de ciertos preparados usados durante procedimientos quirúrgicos rudimentarios.

Pero la misma planta, en manos de quien conociera bien sus proporciones, servía también para fines bastante menos benignos.

Adrien, escuchando aquella explicación, sintió que las piezas volvían a encajar con una precisión inquietante.

---Un jardín de simples monástico ---repitió---. Eso implica un conocimiento farmacológico tradicional, transmitido probablemente dentro de la propia institución religiosa, no algo que cualquiera pudiera improvisar consultando un manual moderno de toxicología.

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El doctor Freixanes, revisando bibliografía especializada que tenía a mano en su propio despacho, encontró una referencia que resultó todavía más reveladora.

---Aquí hay algo interesante ---dijo, mostrándoles un pasaje de un tratado histórico sobre farmacología monástica gallega---.

Existe documentación de al menos tres casos históricos, entre los siglos XVI y XVIII, de envenenamientos con belladona vinculados a disputas internas dentro de distintas comunidades religiosas de la región, incluyendo un caso relativamente célebre en su momento,

ocurrido en el propio entorno catedralicio de Santiago en 1749, relacionado con una disputa sobre la sucesión de un cargo capitular.

Gabriel sintió un escalofrío al comprender la implicación completa de aquel dato.

---Entonces esto no es solo un método de asesinato poco común ---dijo---.

Es, casi literalmente, un método con precedente histórico dentro de la propia institución que estamos investigando.

Como si quien lo usó ahora conociera, y quizás incluso valorara deliberadamente, esa continuidad con el pasado.

Lucía, procesando aquella idea con una inquietud creciente, formuló la pregunta que a todos les rondaba.

---¿Existe todavía algún jardín de plantas medicinales activo dentro del propio recinto catedralicio o de alguna institución vinculada?

Rosa Meilán, que los había acompañado hasta el instituto de medicina legal por su propia insistencia en colaborar en todo lo posible, respondió con una certeza que sorprendió a todos.

---Sí. El propio seminario diocesano mantiene un pequeño jardín histórico, restaurado hace unos veinte años con fines más bien decorativos y educativos, pero que incluye, según recuerdo de una visita guiada hace tiempo,

ejemplares de varias plantas tradicionalmente usadas en farmacología monástica antigua, incluida la belladona, cultivada con fines puramente históricos y bajo supuesto control estricto.

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---¿Quién tiene acceso a ese jardín? ---preguntó Gabriel, con una urgencia que no intentó disimular.

---No lo sé con certeza, pero imagino que estará bajo la supervisión de algún responsable del propio seminario, probablemente alguien vinculado también al cabildo catedralicio, dado que ambas instituciones comparten buena parte de su personal más veterano.

Adrien, ya anticipando la dirección que tomaba la conversación, verbalizó la conexión que todos empezaban a establecer sin necesidad de decirla en voz alta.

---Si el canónigo Bastos supervisa el acceso al fondo cartográfico, y si el jardín de plantas medicinales del seminario está bajo la responsabilidad de alguien del mismo círculo institucional,

no sería descabellado pensar que ambos hilos --el mapa alterado y el veneno usado-- terminen convergiendo en las mismas pocas manos, o al menos en el mismo círculo reducido de personas con acceso privilegiado a ambos recursos.

La fiscal Mera, informada de inmediato de aquel nuevo desarrollo, no tardó en autorizar una solicitud formal para acceder al registro de visitas del jardín del seminario durante los últimos meses, aunque advirtió, con el pragmatismo habitual que la caracterizaba,

que obtener aquella información de una institución eclesiástica poco acostumbrada a este tipo de escrutinio externo probablemente llevaría más tiempo del que cualquiera de ellos hubiera preferido.

---Bienvenidos a investigar dentro de una institución con ochocientos años de experiencia en no responder preguntas incómodas con rapidez ---dijo, con una media sonrisa cansada, mientras colgaba el teléfono tras la primera llamada infructuosa al propio seminario---.

Va a ser un proceso lento, pero vamos a conseguirlo.