Los Monjes de Compostela (El Código del Camino de Santiago 4) CAPÍTULO 3 — Trazos que Mienten
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CAPÍTULO 3 — Trazos que Mienten

BLOQUE 1

Lucía llegó a Santiago esa misma noche, apenas se enteró de la confirmación del envenenamiento, y pasó la primera mañana completa examinando, con la misma meticulosidad que había aplicado a cada pieza de las tres investigaciones anteriores,

el mapa oficial que Reboiras había dejado desplegado sobre su escritorio el día de su muerte.

---Esto es una edición de 1897 del mapa oficial del Camino Francés, publicada por la propia comisión diocesana de la época ---explicó, comparándolo con una reproducción digital de un original medieval que Adrien había conseguido acceder desde el propio archivo---.

Y miren esto: hay al menos quince puntos donde la edición de 1897 difiere del original medieval, todos ellos correspondientes exactamente a los lugares que nosotros mismos identificamos como relevantes en las últimas tres investigaciones.

Gabriel se inclinó sobre ambos mapas, superpuestos cuidadosamente sobre una mesa de luz que Rosa Meilán había conseguido traer desde otra sección del archivo.

---San Juan de la Peña no aparece marcado en la edición de 1897 con el mismo símbolo que en el original ---observó, señalando un pequeño detalle---.

En el medieval hay una pequeña cruz de brazos desiguales, casi imperceptible.

En la edición moderna, sencillamente desapareció, sustituida por el símbolo genérico de cualquier monasterio sin ninguna distinción especial.

---Lo mismo ocurre en Ostabat ---confirmó Lucía, señalando otro punto---. Y en O Cebreiro, donde el rosetón de ocho radios que encontramos en la iglesia baja ni siquiera aparece representado en absoluto en ningún mapa posterior a 1850, cuando sabemos con certeza que existía desde mucho antes.

BLOQUE 2

Adrien, revisando las notas manuscritas de Reboiras junto al resto del equipo, encontró una anotación que arrojaba luz sobre la metodología exacta que el propio archivero había seguido para llegar a aquella conclusión.

---Aquí explica su proceso ---dijo, leyendo en voz alta---.

"Empecé comparando ediciones sucesivas del mapa oficial, década por década, buscando el momento exacto en que cada símbolo desaparece o se modifica. El patrón no es aleatorio. Cada alteración ocurre poco después de que algún erudito o viajero publicara, en su momento,

alguna observación sobre el propio símbolo en cuestión, como si alguien estuviera vigilando activamente cualquier mención pública y corrigiendo el mapa oficial en consecuencia."

Gabriel sintió que aquella metodología, descrita con tanta precisión por un hombre que ya no podía explicarla en persona, confirmaba algo todavía más inquietante que la simple existencia de las alteraciones.

---Esto no fue el trabajo de una sola persona a lo largo de toda su vida ---dijo---.

Ciento cincuenta años de correcciones sistemáticas requieren, necesariamente, una sucesión de personas distintas, cada una heredando la misma tarea de la anterior, con acceso continuado a las sucesivas ediciones oficiales del mapa a lo largo de generaciones enteras.

---Una institución, entonces ---dijo Lucía---. O al menos, un grupo organizado con continuidad institucional suficiente como para sostener esa vigilancia durante más de un siglo, sin interrupciones significativas.

BLOQUE 3

Rosa Meilán, escuchando la conversación desde un rincón de la sala mientras ordenaba el resto de los documentos pendientes de Reboiras, aportó un dato que ninguno de ellos había considerado todavía.

---Hay algo que quizás debería mencionar ---dijo, con cierta timidez---.

Fernando me comentó, hace unas semanas, que había notado algo raro en el propio proceso de solicitud de acceso al archivo cartográfico.

Decía que, cada vez que alguien de fuera del cabildo pedía consultar los mapas más antiguos con fines de investigación seria, casi siempre terminaba topándose con algún tipo de demora burocrática inusual, mucho mayor que la que aplicaba a cualquier otra sección del archivo.

Gabriel y Adrien intercambiaron una mirada cargada de la misma sospecha creciente.

---¿Recuerda si mencionó algún nombre específico responsable de esas demoras? ---preguntó Gabriel.

---No con precisión, pero sí recuerdo que mencionó al canónigo encargado de supervisar formalmente el acceso al fondo cartográfico.

Un hombre bastante mayor, muy respetado dentro del cabildo, aunque Fernando siempre lo describía como "excesivamente celoso" con cualquier consulta relacionada con los mapas más antiguos.

---¿Sabe su nombre? ---preguntó Adrien, con una tensión evidente en la voz.

Rosa lo pensó un momento, revisando mentalmente las conversaciones de los últimos meses.

---Bastos ---dijo, finalmente---. El canónigo Ezequiel Bastos.

Gabriel sintió que aquel nombre, pronunciado sin ninguna intención dramática por parte de Rosa, marcaba de todos modos un punto de inflexión claro en la investigación: por primera vez, tenían no solo un patrón de alteración sistemática, sino también un nombre concreto asociado,

aunque fuera todavía de forma indirecta, a la vigilancia institucional que llevaba generaciones enteras protegiendo aquel silencio cartográfico.