Los Monjes de Compostela (El Código del Camino de Santiago 4) CAPÍTULO 6 — Bordes Corregidos
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CAPÍTULO 6 — Bordes Corregidos

BLOQUE 1

El tercer archivero, un hombre discreto llamado Bieito Lameiro, aceptó colaborar plenamente con la investigación apenas la Policía Nacional le confirmó, con la delicadeza necesaria, que su propia vida podría estar en riesgo dado el patrón ya establecido con sus dos antecesores en el cargo.

---Amoedo me advirtió, hace años, que no hurgara demasiado en esto ---admitió, durante la primera reunión formal con el equipo, todavía visiblemente afectado por la noticia de las dos muertes---.

Le hice caso durante mucho tiempo. Ahora entiendo que quizás debí escucharlo de otra manera, y avisar a alguien en lugar de simplemente callarme.

Con su ayuda, y con acceso ya autorizado formalmente por la propia fiscal Mera al fondo completo de ediciones cartográficas oficiales del Camino, el equipo pudo finalmente completar lo que Reboiras había empezado meses atrás: una comparación sistemática, punto por punto,

entre cada mapa oficial publicado desde 1850 hasta la actualidad y los originales medievales conservados en el propio archivo.

El resultado, compilado durante casi una semana completa de trabajo minucioso, resultó todavía más extenso de lo que cualquiera había anticipado.

---Cada uno de los lugares que investigamos en las tres últimas ediciones aparece alterado en algún momento de este período ---anunció Lucía, mostrando un mapa final donde había marcado, con distintos colores según la década de la alteración, cada punto identificado---.

San Juan de la Peña, Le Puy, Conques, Moissac, Ostabat, O Cebreiro.

Sin excepción. Y hay, además, al menos siete puntos adicionales que nosotros mismos todavía no identificamos en ninguna investigación previa, pero que el propio patrón de alteración sugiere que también forman parte de la misma red.

BLOQUE 2

Gabriel se inclinó sobre el mapa final, procesando la magnitud de aquel hallazgo con una mezcla de fascinación académica y una inquietud creciente.

---Siete puntos nuevos ---repitió---. Eso significa que la red es considerablemente más extensa de lo que cualquiera de nosotros imaginó, incluso después de tres investigaciones completas.

Adrien, comparando la ubicación de aquellos siete puntos adicionales con los mapas históricos que ya conocían bien, notó un patrón geográfico que le llamó poderosamente la atención.

---Miren esto. Cuatro de los siete puntos nuevos están en Italia, dispersos entre Roma, Bolonia y el propio camino hacia Bobbio, donde empezó todo esto hace ya casi dos años.

Los otros tres están repartidos entre Francia y Alemania, con uno de ellos situado, si mis cálculos son correctos, muy cerca de la propia ciudad de Tréveris que mencionaba el último documento encontrado en O Cebreiro.

El silencio que siguió a aquella observación reveló, para todos los presentes, la escala verdadera de lo que llevaban meses reconstruyendo: no una red limitada a España y al sur de Francia, como habían asumido hasta entonces, sino un sistema que se extendía, con toda probabilidad,

por buena parte de la Europa occidental, siguiendo rutas de peregrinación y comercio que se remontaban, en algunos casos, hasta la propia Antigüedad tardía.

---Esto explica por qué la vigilancia sobre los mapas fue tan sistemática y tan sostenida en el tiempo ---dijo Lucía, procesando la implicación completa---.

No estaban protegiendo un solo secreto local.

Estaban protegiendo la evidencia visual de toda una red internacional, punto por punto, generación tras generación.

BLOQUE 3

Bieito Lameiro, escuchando la conversación con una mezcla de asombro y culpa retrospectiva por su propio silencio durante tantos años, aportó un dato adicional que ayudó a situar mejor el origen de aquella vigilancia sistemática.

---Encontré algo mientras revisaba los registros de acceso al fondo cartográfico de las últimas décadas ---dijo, mostrándoles un listado impreso---.

Cada vez que se publicaba una nueva edición oficial del mapa, siempre había una consulta previa registrada, meses antes, a nombre de algún miembro del cabildo catedralicio.

Nunca el mismo nombre dos veces seguidas, como si se turnaran la responsabilidad de generación en generación, pero siempre dentro del mismo círculo reducido de personas con autoridad suficiente para influir en el contenido final de cada edición.

Gabriel revisó la lista con atención, encontrando, hacia el final, el nombre que ya esperaba encontrar.

---Ezequiel Bastos aparece registrado como consultor de la última edición, publicada hace apenas cuatro años ---confirmó---.

Y antes que él, según esto, otro canónigo llamado Mondelo, y antes de Mondelo, uno llamado Freán, remontándose hacia atrás en el tiempo prácticamente sin interrupción desde mediados del siglo XIX.

Adrien, comprendiendo la magnitud de aquella cadena ininterrumpida de vigilancia institucional, resumió con una gravedad que reflejaba plenamente lo que estaban a punto de enfrentar.

---No estamos investigando a un solo hombre corrupto, ni siquiera a una generación aislada de conspiradores.

Estamos investigando a una institución dentro de la institución, sostenida durante más de siglo y medio, con un propósito tan claro y tan disciplinado que sobrevivió a guerras, a cambios de régimen, e incluso, aparentemente,

a cualquier escrúpulo moral que pudiera haber detenido a cualquiera de sus sucesivos responsables a lo largo de todas esas generaciones.