Los McAverley. Infieles, odiosos y escoceses 54 ​​ Ewan
83%

54 ​​ Ewan

En la mansión

Llevamos casi tres horas encerrados en el mismo salón en el que nos reunimos para hablar de la herencia de nuestra madre.

Entonces ninguno entendíamos por qué había decidido dejármelo prácticamente todo a mí; ahora lo sabemos y, a juzgar por las caras de mis hermanos, casi habría sido preferible continuar en la ignorancia.

Estoy agotado. Llevo tres horas hablando, respondiendo preguntas y soportando acusaciones, silencios y alguna mirada que, de poder matar, habría reducido considerablemente el número de McAverley que quedan en el mundo.

No puedo reprochárselo a ninguno; bueno, poder puedo, otra cosa es que tenga derecho.

He empezado por contarles el motivo de aquella herencia: nuestra madre no me lo dejó prácticamente todo porque me quisiera más, confiara más en mí o hubiera descubierto de pronto que soy el mejor de sus hijos; una lástima, empezaba a cogerle cariño a esa posibilidad.

Lo hizo porque tenía miedo, porque estaba convencida de que alguno de nosotros quería hacerle daño, quizá más de uno, quizá todos.

Les he hablado de los accidentes, de las cosas que desaparecían y de todos esos pequeños episodios que había ido acumulando hasta convencerse de que no eran casualidades; sobre todo, del té que debía beber ella, que acabó tomando Emma y la hizo enfermar.

Ahí las preguntas han empezado a llegar todas a la vez.

Isla ha pasado de la perplejidad a la indignación y ha empezado a repasar en voz alta algunos de aquellos supuestos accidentes; Callum apenas ha hablado, lo que en su caso no significa que tenga poco que decir, sino exactamente lo contrario.

Cormag todavía no sabía que lo peor para él estaba por llegar.

Porque después les he contado qué hizo nuestra madre ante sus sospechas: contrató a una detective privada para que se acercara a nosotros y averiguara si alguno de sus hijos estaba intentando hacerle daño.

—¿Quién? —ha preguntado Isla.

He mirado a Cormag.

—Kenna.

Ese ha sido el único momento de toda la noche en que ninguno ha tenido nada que decir. Kenna Ransey no era Kenna Ransey; era Elspeth Douglas, detective privada, la mujer que nuestra madre había contratado para investigarnos y la mujer de la que mi hermano se había enamorado.

La expresión de Cormag ha sido bastante peor que la perplejidad de Isla. Callum ha seguido en silencio y yo me he limitado a esperar el chaparrón, que ha llegado.

Y lo entiendo. Entiendo que quieran saber desde cuándo lo sé, por qué no se lo conté, qué averiguó Elspeth y cuánto de lo que vivieron con ella fue mentira; sobre todo, entiendo a Cormag.

Descubrir en una misma noche que tu madre creía que podías intentar matarla y que la mujer de la que estabas enamorado entró en tu vida para investigarte no parece la mejor forma de terminar el día.

Podría decírselo, pero mi instinto de supervivencia sigue funcionando pese al agotamiento.

Y todavía faltaba Taylor.

Después de descubrir quién era realmente Elspeth, he tenido que explicarles que intenté localizarla para averiguar qué había descubierto durante su investigación y que, en lugar de encontrarla a ella, encontré a su hermana.

A partir de ahí no me he guardado nada: quién es Taylor, por qué vino a Escocia, la desaparición de Elspeth, nuestra primera mentira para introducirla en la familia y todas las que vinieron después.

Les he contado que Taylor no apareció en mi vida por casualidad, que yo sabía perfectamente quién era cuando la traje aquí y que durante estos días los dos hemos estado buscando respuestas mientras ellos creían que simplemente había decidido presentarles a mi novia americana.

Todo.

A estas alturas, Isla ha dejado incluso de interrumpirme.

Callum continúa instalado en ese silencio que empieza a ponerme nervioso y Cormag apenas me ha dirigido la palabra.

Los tres tienen motivos suficientes para mandarme a la mierda y sospecho que, cuando terminen de asimilarlo, lo harán con bastante entusiasmo.

Pero entonces ha llegado la parte para la que no existe ninguna explicación que pueda suavizarla.

Les he hablado de la grabadora que encontramos en el coche de Elspeth y he puesto el audio.

Su voz ha llenado este mismo salón.

La voz de Kenna para ellos, la de Elspeth para Taylor, repitiendo entre sollozos que había matado a nuestra madre.

Ahí se ha acabado todo.

Las preguntas, los reproches, incluso mi necesidad de justificarme. Nadie ha dicho nada durante un buen rato y yo tampoco he intentado llenar el silencio, porque no había absolutamente nada que pudiera decir.

Nuestra madre contrató a Elspeth para averiguar si alguno de nosotros quería hacerle daño y fue Elspeth quien acabó provocando su muerte.

Eso es lo último que les he contado.

No saben que Elspeth también está muerta, de momento no.

—¿Eres consciente de todo lo que has hecho, de todo lo que nos has contado? —pregunta Isla después de haber llorado en los brazos de Cormag.

—Sí, Isla, lo he vivido. Soy consciente y, si te sirve de algo, no quería meteros en esto.

—Entonces ¿por qué coño lo has hecho? Deberías haber hablado con nosotros desde el principio, contarnos lo que sabías de mamá y no meternos a una detective para que nos investigara como si fuéramos delincuentes, joder. Eso ha sido muy rastrero. Mucho.

Durante un buen rato aguanto su discurso sin interrumpirla. Lo esperaba. Cormag se suma algo más suave, pero también dispara a matar, recalcando la traición y, sobre todo, la falta de confianza; palabra que Isla adopta inmediatamente y repite varias veces.

—Ya está bien —grita Callum—. ¿Tenéis cojones a hablar de confianza? Llevamos una semana contándonos todo tipo de mierdas que nunca antes habíamos mencionado.

—Eso es… distinto —dice Isla con temor.

—¿Distinto? ¿En qué? Estuvimos los tres en tu boda, Isla, y ninguno tenía ni idea de lo que estaba pasando.

Esa confianza de la que hablas consistió en hacernos creer que tu novio era un desalmado y casi estuvimos a punto de contratar a un sicario para exterminarlo.

O de hacerlo nosotros mismos, que es peor.

Y tú, Cormag… Trabajo contigo cada día, codo con codo, y nunca fuiste capaz de contarme lo que pasó con papá, el puto chantaje al que te sometió ni los motivos por los que te casaste con esa mujer.

Y hablas de confianza… Yo no me excluyo: nunca os conté mis problemas con Ailsa ni lo que me ocurrió con Madison.

Y mamá… ¿Acaso todo esto no ha empezado por un motivo de desconfianza?

Creyó que queríamos hacerle daño… Así que no, nunca hemos tenido confianza.

Aprendimos a callar y a buscarnos la vida; nunca hemos sido esa clase de familia, así que ahora no juguemos a indignarnos.

Nadie lo interrumpe. Yo tampoco. Principalmente porque Callum me está defendiendo y no soy tan imbécil como para estropearle el momento.

—Si os ponéis un puto minuto en su lugar, en el de Ewan, nuestro hermano, igual llegáis a la conclusión de que habríais hecho lo mismo, o algo muy parecido.

Podría haberse quedado toda la herencia, y la ha repartido, pero necesitaba asegurarse de que ella estaba equivocada.

Si está en juego su última voluntad, si te concede la potestad de cambiarlo…

¿qué menos que dar algún paso? Ewan es el que más alejado está de nosotros, el que menos nos ve y menos sabe de nuestras vidas, y eso es culpa de todos.

Él también pasó un infierno con los desprecios de papá cuando tuvo la terrible idea de desvincularse del puto whisky y decidió ser médico.

Una osadía imperdonable. ¿Qué vamos a seguir haciendo?

¿Lo mismo? Descubrir que mamá no murió de forma accidental, es duro, pero gracias a él sabemos la verdad, y, sinceramente, prefiero eso a pasarme la vida creyendo que cometió una de esas imprudencias suyas de salir a pasear antes del amanecer.

Callum hace una pausa antes de continuar.

—Y si mamá rectificó, si se dio cuenta de que estaba equivocada, deberíamos alegrarnos por eso en lugar de seguir reprochándole a Ewan que nos haya hecho pasar un tiempo preguntándonos por qué coño se lo dejó todo a él.

A mí también me han entrado ganas de partirle la cara varias veces mientras hablaba, pero ya es suficiente.

Creo que deberíamos separarnos unos días y que cada uno reflexione por su cuenta.

O podemos seguir reprochándoselo, alejarnos de él y convencernos de que esta mierda es peor que las otras, cuando en realidad es una mierda más.

El silencio se prolonga más de lo que a estas alturas resulta soportable.

—Espero que Kenna, o como se llame, pague por lo que ha hecho. Esa parte no nos la has contado.

—Está muerta, ha pagado con su vida, espero que eso te consuele.

Cormag me mira fijamente y abre mucho los ojos. No dice nada, se hunde en el asiento y baja la mirada.

Me levanto lentamente. Es hora de retirarse.

Miro a Isla, que tiene la mirada clavada en Cormag y evita mirarme. Paso por delante de él y le aprieto en el hombro. Levanta una mano y acaricia la mía. Después le toca el turno a Callum, el último y el más cercano a la puerta; es él quien me pone la mano en el hombro.

A dos pasos de atravesar la puerta, Isla se despide de mí también.

—¿Sigues con ella, con esa chica?

Dudo si seguir caminando o no, pero me detengo.

—¿Esa chica? —digo girándome lentamente.

—Sí, esa chica, Ewan. La hermana de la mujer que mató a nuestra madre. ¿Es que lo has olvidado?

Callum niega con la cabeza y vuelve a dejarse caer en la silla. Cormag resopla y se dirige hacia una ventana.

Yo salgo del salón.

No le contesto a Isla. Ella solo ha puesto palabras a un conflicto que intento apartar de mi mente constantemente.