Los McAverley. Infieles, odiosos y escoceses 50 ​​ Ewan
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Rutina

Ha llegado el momento. Conforme me acerco de nuevo a Inverness, soy más consciente de aquello a lo que nos vamos a enfrentar.

Salgo de la isla sabiendo que, cuando vuelva, algo habrá cambiado. Será para hablar con ellos, para enfrentarme a mis hermanos, con quienes acabo de reunirme para poner punto final al reparto de la herencia.

He continuado con la rutina, tal y como habíamos planeado. Todavía no les he contado nada; no hasta que obtenga un poco más de información y pueda completar la terrorífica historia que tengo que contarles. Solo les haré esperar unas horas más.

Hasta entonces creen que Taylor está en Inverness, disfrutando de la ciudad, y que voy a reunirme con ella para pasar el resto del día.

No ha habido sospechas. He cumplido con la reunión y todos tienen planes para el resto de la tarde.

Cuando vuelva, lo haré solo y con una historia que va a sacudirlos de todas las maneras posibles.

Con más o menos información de la que tengo ahora, pero los sacudirá de todos modos.

Lo convenido era permanecer en la isla hasta el domingo y, por lo que he escuchado, a pesar de haber terminado nuestro cometido, nadie tiene intención de recortar la estancia.

Aunque dudo que, después de la bomba que voy a hacerles estallar en la cara, alguien quiera permanecer en la mansión mucho tiempo.

Me ha costado mantener el tipo durante la reunión. Mi cabeza estaba en Taylor, que ahora se encuentra en Inverness, en la casa de su hermana.

Después de escuchar su conversación con Colton, nos hemos puesto manos a la obra y, en pocas horas, hemos resuelto lo necesario para poder llevar a cabo el plan esta misma tarde, dentro de un rato, cuando llegue a esa casa y me reúna con ella.

El principal problema era el dispositivo de escucha.

El plan tenía demasiadas grietas y he recurrido a Harold, uno de mis contactos en la policía.

Uno con peso, con experiencia y acostumbrado a moverse en esa delicada línea entre lo oficial y lo extraoficial sin olvidar nunca de qué lado está.

Nos conocemos desde hace años y me debe algún que otro favor, aunque sospecho que ha pesado bastante más que su madre viva en Broadford y lleve años apareciendo por la clínica cada vez que algo le duele.

Mi padre también tuvo trato con él durante años y le proporcionó información que acabó siendo útil en más de una operación relacionada con el contrabando de alcohol.

Harold ha propuesto otros caminos, todos bastante más sensatos que el nuestro, pero media hora explicándole lo que pretendemos ha bastado para que entienda también por qué Taylor quiere hacerlo ahora.

No le gusta. A Colton tampoco. A mí, si soy sincero, mucho menos.

Pero ha aceptado ayudarnos con sus propias condiciones: nada de convertir aquello en una operación policial improvisada, nada de provocar a David y nada de intervenir mientras no sea necesario.

Su prioridad es que Taylor esté segura y que ninguno de nosotros haga algo que pueda comprometer lo que venga después.

Por eso ha sido rápido conseguir un dispositivo sencillo y fiable. Por eso Colton está más tranquilo y me ha agradecido mil veces que la apoye en esta locura y, sobre todo, que haya puesto los medios para que no la lleve a cabo completamente sola.

Ahora todos esperan en Inverness, cerca de la casa de esa mujer que ni siquiera puedo permitirme recordar sin sentir náuseas.

Taylor citará allí a David exactamente como había planeado.

También ha diseñado la forma de enfrentarse a él: qué debe contarle, qué debe ocultarle, las preguntas que hará y la manera en que irá presionándolo según sus reacciones.

Es su terreno y su estrategia; Harold y Colton, dentro de sus muchas reticencias, la respaldan.

Harold permanecerá al tanto de todo y solo intervendrá si es necesario.

Así es mi chica americana, una crack de la psicología, aunque, como dice ella, solo le sirve para el mundo exterior, no para el suyo propio.

No quiero ni pensar en lo que pasará después, en lo que ese malnacido contará ni en cómo saldrá este operativo casero que estamos montando. Mucho menos en ese después que tanto me atormenta.

En cuanto la he escuchado hablar con Colton, cuando explicaba todo lo que quería averiguar también por mí, se me ha removido algo por dentro y he sabido que iba a respaldarla en esta locura.

Aunque no solo por eso. Si Taylor está decidida a enfrentarse a David, mi prioridad es que salga de esa casa exactamente igual que entra.

No sé qué encontraré, pero acabo de llegar y voy a descubrirlo enseguida.

Espero que ese desgraciado hable y cuente por qué esa hija de puta mató a mi madre.

Una hija de puta que… es su hermana, joder, su maldita hermana.