48 Ewan
Después
Ahora llega ese después que quema tanto. Ese en el que no sabemos qué decir ni qué hacer, en el que nuestros cerebros podrían explotar en cualquier momento.
Su hermana, mi madre. No deberían compartir la misma frase, pero ambas están muertas.
Y ahora ya no queda nada que investigar. No nosotros. Hay pruebas que deben llegar a quien corresponda para que terminen un trabajo que nunca fue nuestro.
Estamos en mi hogar, en mi bendito hogar, y soy incapaz de pensar más, de llorar, de intentar comprender o siquiera de sentir.
Pero a ella sí soy capaz de desearla, y de sentir con todas mis fuerzas que lo único que quiero es tocarla. Tenerla cerca. Comprobar que sigue aquí.
Y voy a buscarla, contra toda lógica, pero antes siquiera de que pueda temer que me rechace, ella ya me ha aceptado.
Es un beso el que inicia el proceso y, después, un baile de movimientos que ninguno de los dos parece necesitar pensar.
No es la danza desesperada con la que nos conocimos, tampoco la danza tranquila con la que continuamos.
No hay risas ni torpezas, ni nada fuera de lugar.
Es un baile perfectamente sincronizado en el que cada movimiento encuentra respuesta en el otro, como si nuestros cuerpos hubieran decidido entenderse porque nosotros ya no somos capaces de hacerlo.
Me deleito en cada centímetro de su piel como si estuviera despidiéndome de ella sin querer reconocerlo. La desnudo despacio, recorro su cuerpo con los dedos y dibujo formas inexistentes sobre su piel, intentando memorizar cada una de sus reacciones.
La miro. Me pierdo mil veces en sus enormes ojos oscuros y también en el placer que me provoca cuando llega su turno de recorrerme a mí, cuando son sus manos y sus labios los que me buscan.
El placer tarda en llegar, pero cuando lo hace nos alcanza con fuerza, y después la abrazo con cuidado, casi como si fuera de cristal y pudiera romperse entre mis brazos o escaparse en cuanto afloje el contacto.
Y entonces sí soy capaz de reconocerlo.
Estoy enamorado de ella.
La quiero. Quiero que esté a mi lado.
Pero ya no sé si eso es posible.
Nueva York. Escocia.
Mi madre. Su maldita hermana.