44 Ewan
El registro
Estoy inclinado sobre la consola central del coche de Elspeth mientras Taylor vuelve a registrar los asientos traseros.
Apenas ha hablado desde que hemos salido de casa de la señora McLeod.
Tampoco lo ha hecho mientras revisábamos la casa de su hermana y, después de escuchar su conversación con Fiona, no me extraña.
A mí tampoco me ha gustado lo que he oído.
Fiona ha descrito a una mujer acostumbrada a tenerlo todo y que, después de perder su fortuna, parecía decidida a encontrar a un hombre rico que le resolviera la vida mientras seguía acostándose, cuando le apetecía, con su mejor amigo, aun sabiendo que él estaba enamorado de ella y a pesar de tener algo con mi hermano.
No sé cuánto hay de cierto en esa descripción ni cuánto pertenece a la interpretación de Fiona, pero entiendo que a Taylor le haya dolido descubrir esa versión de su hermana.
Y no solo le ha dolido. También se ha avergonzado. Estoy seguro de que habría dado cualquier cosa por evitar que yo escuchara esa conversación y, de haber tenido que contármela ella después, probablemente me habría ofrecido una versión bastante más suave.
Y a mí me duele verla así.
Supongo que eso dice bastante de lo mucho que han cambiado las cosas entre nosotros.
Hace apenas unos días habría considerado sus problemas como algo ajeno, una complicación en la que me había metido por decisión propia.
Ahora verla sufrir me afecta de una manera que preferiría no analizar demasiado.
La casa tampoco ha ayudado. Es bonita, acogedora y bastante más lujosa de lo que esperaba; no resulta ostentosa, pero está llena de esas pequeñas comodidades que explican mejor lo que Fiona quería decir cuando hablaba de la vida a la que Elspeth estaba acostumbrada.
La hemos registrado sin encontrar nada que la policía no hubiera visto ya.
Lo único que me ha llamado realmente la atención ha sido el despacho.
O, mejor dicho, lo que falta en él. Hay muebles, libros y material de oficina, pero prácticamente nada relacionado con los casos de una investigadora privada: ni expedientes, ni documentación, ni dispositivos donde pudiera guardar información profesional.
Taylor ya me había hablado de ello, pero verlo resulta distinto.
El despacho parece demasiado limpio, como si Elspeth hubiera recogido deliberadamente todo lo relacionado con su trabajo antes de marcharse.
Sería perfectamente compatible con una desaparición voluntaria.
El problema es que cada vez hay más cosas que no lo son.
El coche también fue registrado, aunque entonces la policía seguía trabajando con la idea de que Elspeth se había marchado por voluntad propia y, según Taylor, se limitaron a hacer las comprobaciones necesarias.
Nosotros tampoco sabemos exactamente qué buscamos.
Solo tenemos un dato nuevo que hace que merezca la pena volver a mirar: David condujo este coche el día de la desaparición después de meter una maleta de gran tamaño en él y ahora sabemos que no se marchó de viaje.
La maleta sigue sin tener explicación. Tampoco tiene explicación que utilizara el coche de Elspeth. Mucho menos que nunca lo mencionara.
Así que aquí estamos, buscando algo que quizá ni siquiera exista.
Taylor se ocupa de la parte trasera mientras yo vuelvo a revisar la zona delantera.
Abro la guantera, compruebo los compartimentos de las puertas y paso la mano por debajo de los asientos, aunque sé que la policía ya habrá hecho exactamente lo mismo.
Al incorporarme, apoyo una mano en la parte baja de la consola central y noto que una de las molduras cede ligeramente bajo mis dedos.
Vuelvo a presionarla.
No debería moverse así.
Me inclino para verla mejor. A simple vista no hay nada extraño, pero uno de los extremos no encaja del todo y, al pasar el dedo por la unión, noto una pequeña holgura. No soy mecánico, pero me gustan los coches y sé reconocer cuándo una pieza no está bien montada.
—Taylor.
—¿Qué?
—Ven un momento.
Oigo cómo cierra el maletero y, unos segundos después, abre la puerta del acompañante y se sienta a mi lado.
—¿Qué has encontrado?
—Todavía no lo sé.
Le señalo la moldura y tiro con cuidado de ella. Una de las grapas se suelta con bastante facilidad y consigo desencajarla.
—Esto se ha desmontado antes.
—¿Estás seguro?
—Bastante.
Termino de retirar la pieza.
Oculto detrás del revestimiento hay un pequeño dispositivo negro, rectangular y plano, de apenas unos cinco centímetros de largo. No tiene logotipo, pantalla ni luces; tampoco ningún botón visible. De uno de sus extremos salen dos cables finos que terminan en pequeños conectores.
—¿Qué demonios es eso?
—No tengo ni idea.
Lo observo unos segundos antes de soltar los pequeños conectores y extraerlo con cuidado. No ofrece ninguna resistencia. Se lo enseño a Taylor y ella lo coge entre los dedos, le da la vuelta y examina ambos lados.
—No sé qué es… no hay nada que ayude a adivinarlo.
—Ya lo veo.
—¿Puede ser algo del coche?
—No de fábrica. Pero podría ser algún accesorio que instalara Elspeth.
—¿Para qué?
—Ni idea.
Me lo devuelve y vuelvo a examinarlo. Es ligero, completamente negro y tan sencillo que resulta imposible adivinar para qué sirve. Ni una marca, ni un número, ni una inscripción que pueda orientarnos.
—Quizá no sea nada —dice Taylor.
—Quizá.
Pero alguien se ha tomado la molestia de colocarlo detrás de una moldura y conectarlo al coche. Por insignificante que sea, quiero saber para qué sirve.
Le hago una foto y utilizo la búsqueda por imágenes del móvil. Los resultados no ayudan demasiado: aparecen pequeños módulos electrónicos, adaptadores, localizadores y otros aparatos de aspecto parecido, pero ninguno idéntico.
—Nada —digo después de varios intentos.
Taylor vuelve a coger el dispositivo y lo observa un momento.
—Deberíamos enseñárselo a Colton.
—Sí.
Miro la hora. Hemos pasado suficiente tiempo registrando una casa y un coche que la policía ya registró antes que nosotros y es hora de regresar.
—Lo llamamos cuando lleguemos a casa.
Taylor asiente y guarda el dispositivo con cuidado. Cuando levanta la mirada, hay algo distinto en su expresión, una inquietud que probablemente también puede ver en la mía.
No sabemos qué hemos encontrado.
Pero tengo la extraña sensación de que estamos a punto de averiguarlo todo de golpe.