43 Taylor
Confianza
—Tendrás que tener cuidado, Taylor. No puedes preguntarle cualquier cosa —me advierte mi doctor cuando le anuncio mis intenciones de hablar con Fiona.
Sigue confundido, aunque menos que al principio de esta conversación.
Él no conoce como yo cada detalle de la desaparición de Elspeth, a pesar de que se los he ido contando durante los últimos días.
Yo he hecho cientos de esquemas y cronologías; desde que desapareció, he anotado cada dato que he ido descubriendo, desde la información que me proporcionaron Fiona, David o la policía hasta todo lo que he averiguado desde que llegué a esta casa, lo que Ewan me ha contado y lo que han ido revelando sus hermanos.
Lo he repasado tantas veces, buscando relaciones entre unos datos y otros, que lo llevo grabado a fuego en el cerebro y cualquier elemento que no encaja en esa ecuación me chirría de inmediato.
—No lo haré, pero tengo más o menos claro cómo debo abordarlo.
Tengo que hablar con ella, necesito aclarar lo de ese viaje.
Esas horas posteriores a la visita son importantes.
Las fechas coinciden. Es la misma mañana del sábado.
David dijo que Elspeth fue a verlo para decirle que iba a infiltrarse y la hora de esa visita coincide.
Es la que David y Fiona me dijeron, la que las antenas la sitúan en su casa.
Después he sabido que se marchó de viaje, según la vecina.
Con una maleta grande. En el coche de Elspeth, sin Elspeth dentro y conduciendo él. ¿No te parece raro?
—Sí, es raro, pero la fuente es una señora de muchos años…
—Créeme, su memoria es prodigiosa.
—Pero no puedes preguntarle a Fiona directamente por tus dudas.
—No lo haré —le digo mientras busco en el móvil el contacto de Fiona.
—¿Vas a llamarla ahora?
—Sí, claro.
Asiente con resignación.
—¿Quieres intimidad? —me pregunta con una frialdad que no sé interpretar.
—¿Intimidad?
—Si quieres estar sola, puedo alejarme. Daré un paseo.
—Claro. Seré breve.
Asiente y se dispone a salir.
Sé que está decepcionado. O creo que lo está. Y, de repente, tampoco tengo tan claro que quiera hacer esta llamada sin él.
—Espera…
Se detiene y vuelve la cabeza.
—Esa frase ya se ha convertido en una costumbre —dice, regresando.
Lo observo unos segundos. Si escucha la conversación, no podré controlar lo que diga Fiona y existe la posibilidad de que suelte algo que preferiría que Ewan no oyera. No sé qué podría ser y probablemente no sea nada, pero la posibilidad está ahí.
También está la posibilidad de confiar en él…
Él lo ha hecho conmigo. Me ha abierto las puertas de su familia, me ha contado cosas que seguramente habría preferido mantener enterradas y me está ayudando a encontrar a Elspeth.
Quizá dejar que escuche una conversación que podría mantener en privado sea una forma bastante sencilla de demostrarle que yo también confío en él.
Aunque luego me arrepienta.
—Quédate. Activaré el altavoz.
—Genial —me dice como si fuera un niño que ha obtenido su regalo.
Pongo los ojos en blanco y se echa a reír.
Fiona ha contestado enseguida y, después de asegurarse de que estoy bien, he empezado a llevar la conversación hacia los días posteriores a la desaparición de Elspeth.
No podía preguntarle directamente por David ni por un supuesto viaje sin explicarle por qué me interesaba, así que he tenido que ser sutil y volver a repasar con ella parte de lo que ocurrió entonces: cuánto tardaron en preocuparse, cuándo decidieron que debían acudir a la policía, qué hicieron durante aquellos tres días.
He tardado bastante más de lo que esperaba, sobre todo porque Fiona se ha desviado varias veces y yo no podía apresurarla sin despertar sus sospechas.
Como si eso no fuera suficiente, mi doctor inglés no ha dejado de hacerme gestos con la mano para que avanzara de una vez, poniéndome cada vez más nerviosa.
He acabado arrepintiéndome de haberle permitido escuchar.
Pero finalmente he conseguido lo que buscaba.
Tal y como sospechaba, David no hizo ningún viaje el día de la desaparición de Elspeth ni durante los días posteriores.
La señora McLeod se equivocó al interpretar lo que vio, pero los hechos siguen ahí: David salió de su casa con una maleta grande y se marchó conduciendo el coche de Elspeth.
La maleta sigue sin tener explicación y el coche es precisamente lo siguiente que quiero aclarar.
—Fiona, el coche de Elspeth… ¿Tenía alguno más o solo el que está en su garaje?
—Solo ese. ¿Por qué?
—Por nada en particular, solo intento unir piezas. Se lo preguntaría a David —digo, mirando a Ewan y guiñándole un ojo —, pero me cuesta hablar con él. Siento que tengo que medir las palabras.
—¿Has tenido algún problema con él?
—No, en absoluto. Es por Elspeth. Estoy intentando averiguar de quién estaba enamorada y me resulta incómodo hablar de ese tema con él.
—Te entiendo, pero debes olvidarte de eso.
—Ayúdame entonces, Fiona. Necesito entender cómo era su vida aquí, las cosas que yo no conocía.
Entre David y ella había algo desde hacía tiempo y Elspeth jamás me lo mencionó.
Me habló de él muchas veces, pero siempre como un amigo, como el ayudante de su padre, como un compañero de trabajo…
David me ha contado que se acostaban de vez en cuando y también ha reconocido que lo que él siente por ella no es correspondido de la misma manera.
—Vaya… ¿David te ha hablado de eso?
—Sí, el día que estuve en su casa. Tú ya me lo habías comentado, así que no me sorprendió.
Fiona guarda silencio. Ewan y yo nos miramos, extrañados, y él hace un gesto para que la anime a continuar, pero no hace falta.
—Dios sabe que lo único que deseo es encontrarla y que rezo por ello cada día.
Esa niña es como una hija para mí, Taylor; prácticamente la he criado desde que murió su madre.
Solo tenía seis años. Pero, si de verdad quieres meterte en su cabeza y puede ayudarte, debes saber que Elspeth no se portó bien con David.
—Explícate, Fiona.
—Nunca tuvo demasiado en cuenta sus sentimientos.
Cuando le apetecía estar con él, se acostaban; después se alejaba y lo dejaba destrozado.
Llevaban años con ese vaivén y David estaba completamente desquiciado por ella.
Te dije que Elspeth no hablaba de su vida privada, y era cierto, pero con David era diferente.
Yo trabajé mucho tiempo en la agencia y no necesitaba que me contara ciertas cosas para darme cuenta de lo que ocurría.
—Entonces… ¿esa historia no es reciente?
—En absoluto. Llevan así cuatro o cinco años.
Le advertí muchas veces que tuviera cuidado, que David la quería y no debía jugar con sus sentimientos, pero ella siempre me respondía lo mismo: eran adultos, los dos sabían lo que hacían y no había ninguna atadura entre ellos.
Según ella, cada uno hacía su vida y, cuando les apetecía, se acostaban.
¡Estupideces! Puede que algo así funcione para algunas personas, pero no para ellos. David estaba loco por ella.
—Joder… —murmuro, sintiendo una decepción que no puedo evitar—. Todavía entiendo menos que nunca que no me hablara de ello.
Elspeth y yo nos lo contábamos casi todo. O eso creía. Escucho a Fiona y por momentos tengo la desagradable sensación de que me está describiendo a una mujer a la que no conozco, una parte de mi hermana que ha existido durante años sin que yo supiera nada de ella.
—¿En qué punto estaban cuando desapareció?
—El último año, desde que Duncan y Malcolm murieron, David se volcó mucho con ella y Elspeth se dejó querer.
Estaba atravesando un momento muy difícil y yo también, así que supongo que su hombro fue mejor que el mío.
Seguí advirtiéndole que tuviera en cuenta sus sentimientos, hasta que un día se enfadó de verdad conmigo y decidí no volver a meterme.
—¿Cuándo fue eso?
—Unas semanas antes de desaparecer.
—Pero… ella decía que estaba enamorada, eso te lo dijo a ti también. Supongo que lo que tuviera con David se acabó.
—No es la impresión que yo tenía y hasta se lo dije, pero me dijo que era un poco antigua.
Miro a Ewan. Sé que eso no le ha gustado, ni el resto tampoco, pero esto implica a su hermano y sé que le ha dolido.
—Entonces, cuando afirmaba que estaba enamorada, es evidente que no se refería a David.
—Claro que no. Elspeth nunca habría tenido una relación seria con alguien como David.
—¿Alguien como David?
Fiona vuelve a guardar silencio.
—Fiona, ¿qué ocurre?
—¿Nunca te habló de los problemas económicos que tuvo cuando murió su padre?
—No.
Miro a Ewan, pero se limita a encogerse de hombros.
—Fiona, cuéntame lo que sea. A estas alturas ya no podemos seguir guardando secretos. Estoy intentando atar cabos para encontrarla y, si me ocultas información, no me ayudas.
Ewan asiente levemente. No dice nada, pero sé que es su manera de apoyarme.
—Cuando murió Duncan, Elspeth descubrió que su padre había dejado muchas deudas. La agencia había atravesado una mala época y él se empeñó en mantener el mismo nivel de vida, sobre todo por ella. Duncan siempre se lo dio todo.
—¿Y Malcolm?
—Cada uno llevaba sus propios casos y sus cuentas por separado, igual que David y Elspeth. Malcolm y yo éramos más prudentes en todo, no malgastábamos el dinero. Duncan, en cambio, acumuló deudas importantes.
—¿Y tuvo que pagarlas ella?
—Sí. Se las reclamaron enseguida y necesitaba liquidarlas cuanto antes. Vendió la casa de su padre y también tuvimos que vender la casa familiar, la que habíamos heredado juntas. Con su parte consiguió saldarlo todo. Se quedó prácticamente sin nada, pero al menos las deudas quedaron pagadas.
—Joder… Nunca me contó nada de eso. Pero ¿qué tiene que ver con David?
—Elspeth siempre había vivido con comodidades, Taylor. Duncan se ocupó de que no le faltara nada, así que, si buscas al hombre del que decía estar enamorada, yo buscaría entre esa familia o en el club. Alguien con dinero.
Trago saliva y miro a Ewan. Empiezo a arrepentirme todavía más de haberle permitido escuchar esta conversación.
—Ya… —murmuro, sin atreverme a añadir nada.
—Te mentí, Taylor, y tienes que perdonarme. Solo quería protegerla.
La incomodidad desaparece de golpe.
—¿De qué hablas?
—Te dije que Elspeth me había contado que estaba enamorada, pero no fueron esas las palabras que utilizó.
—¿Entonces qué te dijo?
—Antes dime una cosa. Esa familia es muy rica, ¿verdad?
Miro a Ewan. Quiero morirme. Hablar del dinero de su familia con él delante ya resulta bastante incómodo; hacerlo mientras Fiona insinúa lo que está insinuando… es directamente cutre.
—Están forrados —respondo, intentando que Ewan se ría.
No funciona. Se limita a mirarme sin decir nada.
—Entonces busca ahí —continúa Fiona—. O en ese club exclusivo. Pero no busques entre los empleados, Taylor. Busca a alguien con mucho dinero.
—Fiona, ¿qué fue exactamente lo que te dijo Elspeth?
Hay unos segundos de silencio.
—Que había encontrado al hombre perfecto. Un millonario que le iba a resolver la vida.
Cierro los ojos. Me quiero morir.
Por suerte, mi doctor inglés se compadece de mí y me acaricia la mano.