40 Taylor
Tirar de un hilo
—Joder, para, céntrate, piensa con calma —le pido a mi cabeza.
Es la segunda, puede que la tercera, vez desde que llegué a la isla, que siento cómo mi cerebro se colapsa, se paraliza y me impide pensar con claridad.
Hay algo que ha provocado esta inquietud, algo que… no consigo localizar.
Ni siquiera el paisaje que me rodea ayuda. Claro que no he venido hasta las afueras de Armadale para disfrutar de él, sino en busca de algo de intimidad mientras hablaba durante horas por teléfono con Colton, David y Fiona.
Consulto mi reloj y se me acelera el corazón. He perdido la noción del tiempo. Es lo que tiene pasar dos horas y media al teléfono.
Primero le ha tocado el turno a Colton. Le he puesto al corriente de todas las novedades, aunque me he saltado la parte en la que Ewan y yo compartimos cama y otras cosas.
—Parece que te llevas mejor con él —me ha dicho en ese tono que conozco bien.
Es evidente que no se ha tragado el cambio.
Los primeros días no le oculté que Ewan me parecía un gilipollas, así que ha debido llamarle la atención que ahora hable de él de otra manera.
Mi versión de que mi historia lo ha conmovido y se muestra más amable y dispuesto a ayudarme parece haberlo convencido, o eso ha fingido, aunque sé que no es así.
Pero ya habrá tiempo para explicaciones.
Lo que hay entre Ewan y yo probablemente acabe en sesiones de sofá y manta en mi casa, mientras lloro en el hombro de Colton.
El resto de la información la ha procesado con esa profesionalidad que lo caracteriza. Ha dado luz verde a que Ewan les aclare a sus hermanos quién soy y qué busco. Cree, como Ewan, que poco más podremos avanzar si no lo hacemos.
—Su reacción, Taylor. Lo que digan y hagan después de saberlo. Eso tú también sabes observarlo.
Sí, puede que sea un halago que no se me dé mal observar, pero dudo que, llegado ese momento, resulte tan sencillo como cuando tengo a alguien delante en la consulta o en una sala de interrogatorios.
Me ha dado muchos más consejos, todos en la misma dirección, y me ha pedido que vuelva a llamarlo en cuanto terminemos con los McAverley.
Con lo que salga de esa conversación, decidiremos cómo abordar el siguiente paso con la policía.
Al terminar de hablar con él me he sentido más segura y esperanzada en poder encontrar algo sobre mi hermana, aunque solo sea un hilo del que tirar gracias a algún detalle que ellos puedan aportar.
Yo, como Colton, sospecho que Cormag sabe más de lo que ha contado. Por eso conviene poner las cartas sobre la mesa.
Por suerte, Colton ha abreviado el discurso sobre mis imprudencias y los riesgos que estoy corriendo y se ha centrado en el caso y en ayudarme.
Eso no significa que no se haya mostrado protector; es prácticamente imposible que no lo haga.
Me ha hecho prometerle que seguiré informándolo de todo y que no asumiré más riesgos de los necesarios.
También me ha recordado que mi permiso está a punto de terminar y se ha ofrecido a hablar con el comisario si necesito alargarlo.
Es algo en lo que tengo que pensar, pero no ahora.
Ahora solo puedo pensar en las conversaciones.
Sigue habiendo algo en ellas que me está alterando cada vez más. Y no sé qué es, maldita sea.
No es nada que haya dicho Colton… de eso estoy segura. Quizás Fiona…
A ella le ha tocado la segunda llamada. Parecía conocer mis intenciones cuando dos minutos antes me ha enviado uno de esos mensajes que tanto ha repetido desde que llegué a la isla: «¿Todo va bien, cielo?».
Durante estos días ha sido su forma de pedirme que diera señales de vida.
Siempre le he contestado, bien por mensaje, bien con una llamada, tal y como convenimos para que estuviera tranquila.
Confieso que Fiona me cae bien, me gusta.
Es una mujer que me transmite paz, y su angustia por la desaparición de Elspeth deja claro cuánto la quiere.
En cuanto a la información que le he dado hoy, ha sido limitada. Me he ceñido a los consejos de Colton.
—Limita lo que les cuentas a los socios, al tal David y a Fiona. Solo diles que has descubierto que Elspeth se infiltró en el club y que sigues investigando. Ni una palabra más, Taylor —me ha pedido con ese tono autoritario que deja claro que no hay réplica posible.
Ha sido muy tajante y me lo ha repetido varias veces. Su única explicación ha sido que debemos ser muy prudentes y que ya habrá tiempo de contarles lo que he descubierto.
—Solo contacta con ellos, averigua si tienen alguna novedad y deja claro que has descubierto algo y sigues en ello —ha añadido.
No voy a negar que me ha sorprendido, pero al mismo tiempo entiendo su prudencia. Prudencia que he aplicado también con David, la tercera y última llamada.
La conversación con él ha sido más larga. Le he contado lo ocurrido, he escuchado sus esperanzas de que encuentre algo más, su sorpresa al saber que Elspeth trabajó en el club y hemos hablado durante un buen rato de todo lo que eso puede significar.
Nada especialmente relevante.
¿O sí?
Hay algo que ha provocado esta angustia y no sé qué es. ¿Algo que ha dicho?
Durante un buen rato repaso mentalmente toda la conversación y entonces lo entiendo.
Necesito unos minutos para repasarlo de nuevo.
Y ya no tengo dudas. Es algo que ha dicho.
Algo que ha surgido de la calma, de la relajación, de llevar la conversación hacia un terreno menos doloroso. De ese momento en que uno se acomoda hablando y deja de medir cada palabra.
Han sido unas palabras, apenas unas frases que probablemente ni siquiera ha sido consciente de pronunciar.
Fruto de la casualidad, de la suerte o de quien sea que esté contribuyendo a que Elspeth esté un poco más cerca.
Cierro los ojos y vuelvo a escucharlas.
Ahora entiendo por qué estoy así. Han sido esas palabras.
Vuelvo a recordarlas. No hay duda.
Empiezo a temblar.
Le escribo un mensaje a Ewan. Hace solo unos minutos que me ha anunciado que entraba a la reunión con sus hermanos.
Ewan, he descubierto algo.
Te lo cuento cuando acabes la reunión.
Acábala pronto.
Necesito hablar contigo.
Hay algo que me preocupa.
Se trata de David…