39 Taylor
Ha llegado el momento
—¿Vas a dejar de comer helado en algún momento? —me pregunta mientras devoro una tarrina de un tamaño abusivo.
Estamos tumbados sobre la cama, los dos boca arriba, yo con la cabeza apoyada en su abdomen mientras él me sirve de almohada improvisada.
—Soy neoyorquina. Nos encanta el helado.
—Eres escocesa.
—Ya viste mi pasaporte, no es eso lo que indica.
—Raíces escocesas.
—Eso no lo voy a discutir, pero pocas raíces.
—No lo vas a discutir… Vaya, entonces recuérdame que hable más de tus raíces escocesas.
Sonrío.
—Dime que estás sonriendo.
—Lo estoy.
—Es que no puedo verte la cara y eso me pone muy nervioso.
Me incorporo, dejo el helado sobre la mesita y me siento sobre sus piernas, esta vez de frente.
Me acaricia y me mira de esa forma que consigue deshacerme. Si no fuera porque hemos pasado más de una hora bajo la ducha y estamos agotados y saciados de sexo, me lanzaría sobre él.
—¿En qué piensas, señorita neoyorquina amante incondicional del helado?
—En la ducha que nos hemos dado después de cenar.
—¿En eso piensas?
—Pero no de la forma que imaginas.
—¡Oh! Qué decepción. Entonces ¿no piensas en el sexo increíble que hemos tenido bajo el agua?
—No.
—¿En el champú?
Me echo a reír.
—No, en todas las estupideces que has hecho para hacerme reír.
—Creo que ha funcionado.
—Sí, has conseguido distraerme un rato y evitar que piense en todo lo que me has contado sobre Elspeth y tu hermano.
—Pero ahora estás volviendo a hacerlo.
—Inevitable.
—¡Eh! Voy a tener que hacerte reír de nuevo y ya no se me ocurre nada.
Bajo la mirada.
—Eh, ¿qué pasa? —pregunta, apoyando un dedo bajo mi barbilla para obligarme a levantar la cabeza.
—Ella y Cormag… Ahora sé que había algo entre ellos, pero sigo sin tener nada que me conduzca hasta ella.
Se marchó sin decir nada. No sé si se despidió, si se enfadó con tu hermano por la boda o si se fue porque ocurrió algo con tu madre.
¿Ella sabía que había algo entre ellos? ¿Fue por eso por lo que quiso que Isla la despidiera?
¿Por qué desapareció del club sin más? No lo sé. No sé nada, Ewan.
La voz se me rompe en las últimas palabras y las lágrimas empiezan a resbalar por mis mejillas. Intento contenerlas, pero ya es demasiado tarde.
—Han pasado tantas cosas en tan pocos días…
—murmuro, apartando la cara—. Tanta información, tantas confesiones, tantos secretos…
He descubierto que estuvo en el club, que conocía a tu familia, que había algo entre ella y Cormag, pero sigo en el mismo punto.
Nada de eso me acerca a Elspeth. No sé dónde está, ni qué le ocurrió después, ni por qué desapareció.
Joder, Ewan, llevo días buscando respuestas y cada respuesta solo me trae más preguntas.
Me doy la vuelta porque no quiero que me vea llorar así, aunque es absurdo; Ewan me abraza por detrás antes de que pueda alejarme.
Durante unos segundos me quedo rígida, empeñada todavía en mantener un control que hace rato que he perdido, hasta que sus brazos se cierran con más fuerza alrededor de mí.
Y entonces cedo.
Me vuelvo entre sus brazos, escondo la cara contra su pecho y lo abrazo con todas mis fuerzas. Ya no intento contener las lágrimas ni ordenar las piezas ni pensar qué significa cada cosa. Por primera vez desde que empezó todo esto, dejo que alguien me sostenga mientras yo me derrumbo.
Pierdo la noción del tiempo. No sé cuánto rato pasa antes de que Ewan rompa el silencio.
—Taylor, cuando hablaste conmigo por primera vez y descubriste que mi madre había contratado a Ke… —se detiene y corrige—, a Elspeth, no se lo contaste a la policía.
—No teníamos nada excepto tu llamada. Pensé en hacerlo, pero preferí ponerme en contacto contigo y después convencí a David y a Fiona para que, de momento, dejáramos a la policía al margen mientras conseguíamos más información.
—Bien, es así como recordaba que me lo habías contado. El problema es que ahora la tenemos.
—¿Qué quieres decir?
—Sabemos que Elspeth trabajó en el club, que se marchó sin avisar, que mantuvo una relación con Cormag y que ni él ni Isla consiguieron volver a hablar con ella. Quizás haya llegado el momento de contárselo a la policía.
—Eso pondría a tu familia en el centro de la investigación. Tendrían que hablar con Cormag, con Isla, con el personal del club… Y tus hermanos descubrirían la verdad sobre mí.
—Lo sé.
—¿Y estás dispuesto?
—No creo que podamos avanzar mucho más. Mis hermanos quizás tengan algún detalle que todavía no conocemos, pero, si no hablamos con ellos abiertamente sobre lo que buscamos, no creo que lleguemos a ninguna parte. Y la policía podrá investigar.
—Investigará a tu familia.
—Eso es inevitable.
Su respuesta consigue que me quede callada. Está dispuesto a poner a su familia en el punto de mira para ayudarme…
Eso me asusta y me gusta a partes iguales.
—Tengo contactos dentro de la policía —continúa—. Puedo conseguir que presten atención a lo que hemos averiguado.
—Tus hermanos… Tendrás problemas.
—Lo sé, pero antes o después tendré que contárselo.
—¿Y si alguno de ellos… tiene algo que ver?
Cierra los ojos un instante.
—No lo creo, Taylor, igual que no creo que tengan nada que ver con lo que sospechaba mi madre.
Joder, se me olvidaba. Ya ni siquiera pienso en el motivo para el que me contrató. Parece que todo esté volcado en Elspeth.
—Lo entiendo, pero me da miedo que nos precipitemos.
—Aún nos quedan cuatro días aquí. Podemos esperar un poco, si quieres, pero no sé si es prudente.
Tenemos información y la estamos reteniendo.
Puede que la policía no consiga mucho más que nosotros, pero al menos activará la investigación y mis hermanos podrían proporcionar algún detalle que no me hayan contado porque ni siquiera saben lo que buscamos.
—Contarles la verdad te traerá problemas con ellos… —repito de nuevo. No sé por qué no me lo quito de la cabeza.
—Vaya, parece que eso te preocupa —me dice sonriendo—. Eso significa que ya me quieres un poquito.
Me ofrece una de esas sonrisas de su versión anterior, del Ewan arrogante y altivo.
—Antes o después tendré que contárselo —continúa—.
Lo más fácil sería dejar pasar estos días, solucionar lo de la herencia y volver a nuestras vidas sin decir nada.
Ya te conocen como mi novia y saben que vives en Nueva York; solo habría que arreglar la profesión y algún detallito.
Sería sencillo, pero no quiero jugar con ellos a poner las cartas sobre la mesa mientras mantengo esta mentira.
Y también necesito contarles lo que hizo mi madre.
No quiero seguir ocultándoles cosas ni arriesgarme a que algún día todo esto explote y se enteren por otro lado.
Y si queremos algún detalle sobre tu hermana, no podemos callar más.
Confieso que la parte en la que ha planeado cómo hacerme encajar en una vida «después» de esta casa me ha sorprendido, impactado… aliviado. Si pudiera, ahora mismo estaría sonriendo como una tonta, pero debo centrarme en lo que está diciendo, porque es importante.
—Me preocupa la reacción de tus hermanos, contigo, conmigo… —insisto, no puedo apartarlo de mi cabeza—. Tendré que enfrentarme a…
—No te preocupes, Taylor, yo me ocupo de eso. No olvides que sigo teniendo el legado McAverley en mis manos. No les conviene cabrearme —añade, alzando una ceja con aire triunfal.
Me echo a reír mientras él sigue presumiendo de su legado de manera tan absurda que consigue quitarle algo de gravedad al asunto.
—Te estoy complicando la vida, doctor inglés.
—Espero que me la sigas complicando mucho tiempo, «doctora» neoyorquina.
Trago saliva y evito decirle que estaría encantada de hacerlo.
Después de un largo beso, que, confieso, he aprovechado para poner algo de orden en mi cabeza —eso no significa que no lo haya disfrutado—, le hago una propuesta.
—¿Qué te parece si antes de dar ese paso hablo con Colton? Quizás me dé alguna idea, algo que ahora no hayamos contemplado.
—Buena idea. ¿Él está al corriente de todo?
—Bueno… de todo, de todo… Sí, excepto que te he contado la verdad sobre Elspeth y… excepto lo que hemos descubierto sobre Elspeth, el club, Cormag…
—Esos son muchos «excepto». ¿Y David y Fiona?
—Lo mismo. No he tenido tiempo de ponerlos al día.
—Entonces tienes una larga conversación por delante —dice con una mueca de terror que me hace reír.
Volvemos a tumbarnos y apoyo la cabeza en su pecho mientras lo abrazo y él me acaricia el pelo.
Permanecemos en silencio.
Mataría por saber la dirección de sus pensamientos.
Seguro que no está pensando en que nos quedan cuatro días en esta casa. Ni en que lo que siento por él no encaja con el poco tiempo que lleva en mi vida. Ni en ese «después» llamado Nueva York, ni en el océano que hay de por medio.
Esto tiene un final, a pesar de ese «espero que me sigas complicando la vida». Y no quiero.
Joder, no quiero.
Tampoco quiero pensar que Ewan puede ser una de las mejores cosas que me han pasado en la vida y que jamás lo habría conocido si Elspeth no hubiera desaparecido.
No quiero pensar que encontrarlo está unido al hecho de haberla perdido, aunque me niegue a aceptar que la he perdido.
La idea me duele.
Elspeth sigue sin aparecer y Nueva York sigue estando lejos.