37 Ewan
Reunión
Ninguno de los tres hemos visto a Cormag desde la reunión de ayer. Sabemos por Emma que está en la casa, pero no ha dado señales de vida, ni siquiera durante el almuerzo.
Callum, Isla y yo estamos comentándolo cuando entra por la puerta con una carpeta en la mano.
—Disculpad —dice mientras ocupa su asiento—. El retraso está justificado. Nos facilitará mucho la reunión de hoy lo que tengo aquí. He preparado unos informes para que, a la hora de decidir la siguiente adquisición, podamos basarnos en…
Callum, Isla y yo intercambiamos una mirada mientras continúa con su explicación hasta que Isla levanta una mano.
—Eh. Alto. Para. Somos más de preliminares, así que poco a poco.
—Es muy sencillo. Ahora os entrego…
—Creo que Isla no se refiere a los informes, Cormag —lo interrumpo—. No te hemos visto desde ayer y la conversación no terminó precisamente bien.
Cormag me mira, después a Callum y acaba dejándose caer contra el respaldo.
—Estoy bien.
—Joder, Cormag, habla —insiste Isla—. Os escuché discutir y después desaparecisteis los dos.
Cormag se echa hacia atrás y se remueve en el asiento.
—Le pregunté por lo que nos contaste sobre Madison —dice, dirigiéndose a Callum—. Lo siento.
Callum asiente y le da un golpe afectuoso en el brazo al tiempo que le pregunta:
—¿Qué hay en esos informes?
—Pero ¿qué coño estáis haciendo? —Isla se incorpora de golpe—. Ewan y yo estamos aquí y queremos saber qué ha pasado. No es una conversación entre vosotros dos.
—Yo no necesito saber nada, Isla —se defiende Callum.
—Sí, sí lo necesitas, no te hagas el duro. Llevas un año callando y te mueres de curiosidad como cualquier mortal por saber qué ha dicho Ailsa. Además, quedamos en poner las cartas sobre la mesa, así que Cormag nos lo va a contar y después seguiremos. Y ahorraros las réplicas.
—Vale… No te alteres. Habla, Cormag —cede Callum con una media sonrisa. Siempre le ha encantado sacarla de sus casillas.
Isla vuelve a sentarse después de murmurar un «idiota».
—¿Lo negó? —pregunto, dispuesto a ir directo al tema.
—Al principio, sí. Se enfadó, se puso a la defensiva, discutimos bastante… porque la conozco y me di cuenta de que no estaba siendo sincera. Después se vino abajo y acabó admitiéndolo.
—¿Te explicó por qué lo hizo? —pregunta Isla.
—Recibí un discurso bastante extenso sobre la fidelidad, la lealtad y el deber de no mirar hacia otro lado.
Según ella, apreciaba a Madison, la consideraba una amiga y, cuando se enteró de que Callum pensaba quedar con otra mujer en su casa, aprovechando que ella estaría en Londres, sintió que debía contárselo.
Le pidió que no revelara que la información procedía de ella porque no quería problemas y Madison le prometió que no lo haría.
—Y no cumplió su promesa —dice Callum.
—No. Ella dice que no sabía hasta ayer que Madison te lo había contado.
—¿Y qué piensas de todo esto, Cormag? —pregunto.
La pregunta parece sorprender a todos menos a él.
—Que estoy decepcionado y bastante enfadado.
Lo que pensara hacer Callum era asunto de Callum y Madison, no suyo.
No eran amigas y Ailsa no tenía ningún deber hacia ella.
Si se enteró de algo así, podía habérmelo contado a mí, hablar con Callum…
cualquier cosa antes de decidir intervenir por su cuenta.
Y después está el hecho de que haya callado durante un año.
Según ella, ni siquiera sabía si Madison había llegado a ir a casa de Callum.
—Eso es mentira —interviene Callum—. Madison me dijo que la había llamado cuando estaba en la puerta de mi casa. «He estado a punto de marcharme porque no quería creerla, pero necesitaba asegurarme de que no tenía ni una sola duda». Eso fue lo que me dijo.
Cormag da un golpe seco sobre la mesa.
—Joder, no me lo puedo creer… ¡Maldita sea!
Durante unos segundos ninguno dice nada, hasta que Isla nos sorprende desviando el foco de la conversación.
—Callum, ¿por qué lo hiciste?
—¿Te refieres a por qué me callé?
—No, me refiero a por qué te liaste con otra.
—No lo sé.
—¿No querías a Madison?
—¿No querías tú a Harry?
Isla se queda pensativa.
—Quizá menos de lo que creía.
—Quizá eso me pasaba a mí.
—¿Y no será que los McAverley somos infieles por naturaleza? —intervengo, recordando la advertencia que Ailsa le hizo a Taylor y que tanto nos ha hecho reír a mi americana y a mí—. Si es por naturaleza, no somos culpables.
Para mi sorpresa, Callum se echa a reír. Isla le sigue y hasta Cormag esboza una sonrisa.
—Esto se ha terminado. Este puto tema se acabó —advierte Callum—. No hay nada más que decir.
—Yo todavía quiero saber cómo se enteró Ailsa —dice Isla—. ¿Lo sabes, Cormag?
—La chica con la que me acosté le contó nuestros planes a una amiga, esa amiga se lo contó a otra, una que trabajaba con Ailsa.
—Ponles nombre, joder. Si son del club quiero saberlo.
—La que me acosté no era del club. Pero sí su amiga, Kara.
—Joder, ya me acuerdo… Tuve muchos problemas con ella.
—Kara, como recordarás, estuvo trabajando con Ailsa, cuando se ocupó una temporada de los encuentros empresariales, ¿lo recordáis? La única vez que Ailsa ha trabajado en su vida.
—A mí me dijo que te había oído hablar con esa mujer por teléfono—dice Cormag, frunciendo el ceño.
—Claro, es mucho más creíble que yo fuera anunciando a gritos por el club que pensaba acostarme con otra. Es mentira.
Cormag aprieta la mandíbula.
—¿Has dicho «la única vez que ha trabajado en su vida»? —repite, como si se ofendiera de que Callum siguiera atacándola.
—¿De todo lo que acabo de contarte te quedas con eso?
—Necesitaba desviar el tema…
Callum sonríe, pero enseguida vuelve a ponerse serio.
—Escucha, Cormag. Perder a Madison fue muy jodido.
Durante mucho tiempo me culpé por lo que hice y por haberla dejado conducir en aquel estado.
He necesitado ayuda para entender que no fui responsable de su muerte y ahora solo intento dejarlo atrás.
Ailsa tampoco la mató, pero no pienso perdonarle lo que hizo ni quiero tenerla cerca.
Asegúrate de que sea así. Y lo siento por ti.
Cormag se levanta y empieza a pasear por el salón.
Isla le hace una señal con la cabeza a Callum, que tarda un buen rato en entenderla.
Finalmente se levanta y abraza a su hermano.
—¡Eh! Dijimos que nada de abrazos —protesto.
—Envidioso —dice Callum mientras vuelve a sentarse.
—¿Empezamos? —propone Isla.
—¿Ahora tienes prisa, joder? —dice Callum tomando asiento de mala gana.
Isla resopla y le pide a Cormag que nos hable de esos informes que ha traído.
Dejamos a un lado las confesiones y nos entregamos al reparto de la parte más compleja: la destilería.
Los cálculos de Charles, complementados con los informes de Cormag, facilitan bastante las cosas y, una hora y media después, a falta de algunos apuntes que los abogados se encargarán de preparar, Callum y Cormag pasan a ser los propietarios mayoritarios de la destilería McAverley, mientras Isla y yo conservamos unas generosas participaciones que, sin mover un dedo, nos permitirán recoger los beneficios del legado familiar.
Cuando están a punto de marcharse, recuerdo lo que Taylor y yo hemos hablado. Hemos repasado algunos puntos y hay uno que necesito aclarar.
—Esperad… —los detengo antes de que lleguen a levantarse—.
Sé que tenéis ganas de acabar, pero, dándole vueltas a todo lo que hemos hablado, hay algo que sigo sin entender.
Isla, quiero saber cómo estaba mamá antes de morir.
Dijiste que habíais discutido porque se metía en asuntos del club que no le correspondían.
Quiero tratar de entender dónde estaba su cabeza…
—Ahora me parecen tonterías, y me rompo cada vez que pienso que discutimos y que ya…
no está, pero entonces sí que le di importancia porque me lo hizo pasar mal.
Le cogió manía a varias personas y quería que las despidiera sin más.
Primero George, el del aparcamiento exterior, porque un día no la saludó.
Después una chica de la piscina porque, según ella, su pelo desentonaba con la imagen del club.
—¿Su pelo? —se interesa Callum.
—Lo lleva teñido de rosa.
—Ella no era así —murmura Callum.
—¿Hubo alguien más? —pregunto.
—Kenna.
—¿Kenna? —Cormag se vuelve hacia ella.
—Sí. Con ella fue peor. Quería que la despidiera porque decía que no le gustaba, cuando había sido mamá quien prácticamente me obligó a contratarla. Era hija de unos conocidos suyos ingleses.
—Entonces ¿la despediste? —pregunto con calma—. Me dijiste que se había marchado.
—Y así es. Yo no la despedí. Se fue sin más, sin decir nada. Creo que mamá tuvo algo que ver.
—¿Por qué? —se interesa Cormag.
—Porque llevaba tiempo insistiendo en que la despidiera y como no lo conseguí estoy segura de que hizo algo.
Kenna no era de las que desaparecían sin más.
Seguro que habló con ella y le dijo algo que la hizo salir corriendo, o bien se tomó la libertad de despedirla por su cuenta.
No lo sé. Pero fue muy raro que justo se marchara cuando yo tenía esa batalla con mamá.
Intenté localizarla muchas veces, pero acababa de morir mamá y yo tampoco estaba para mucho más.
—Mamá no tuvo la culpa de que Kenna se marchara —suelta Cormag.
El tono nos hace volvernos hacia él.
—Kenna se fue por mi culpa.
—¿Qué quieres decir? —pregunta Isla.
—Que se fue por mí. Kenna…
La puerta se abre de repente.
Maldita sea.
Nos giramos y vemos a Ailsa. Con el vestido blanco y la luz a su espalda parece un fantasma.
—Quiero hablar contigo, Callum. No podemos seguir así.
No podía ser más inoportuna.