Los McAverley. Infieles, odiosos y escoceses 31 ​​ Ewan
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31 ​​ Ewan

Un error

—La noche que murió Madison discutimos. Fue poco antes del accidente. Ella supuestamente estaba de viaje en Londres, pero apareció en mi casa. Tenía llave. Entró en el dormitorio y me encontró con otra mujer.

Cierro los ojos y niego con la cabeza mientras Isla busca mi mano y la aprieta.

—Fue un desliz idiota, un calentón, una mala decisión, llamadlo como queráis, pero ocurrió.

Y Madison lo vio todo —continúa Callum, pasándose una mano por el pelo—.

Cuando nos quedamos solos discutimos. Ella estaba destrozada y yo avergonzado, arrepentido…

pero no había nada que pudiera decir para arreglarlo.

Antes de marcharse me contó que alguien le había avisado de que esa noche iba a estar con otra mujer en mi casa.

Le había dado la hora y el lugar y le había pedido que jamás me dijera quién le había dado la información.

—¿Quién? —pregunta Cormag.

Callum levanta la mirada hacia él.

—Ailsa.

—¿Qué? ¿De qué estás hablando? ¿Por qué la metes a ella en esto?

—Porque fue ella. Madison canceló el viaje a Londres para comprobar si lo que le había contado era verdad. Y lo era.

—Joder… —Es lo único que se me ocurre decir.

—Eso no puede ser cierto —Cormag niega con la cabeza.

—Pregúntaselo. O pregúntale a Alison, la amiga de Madison —responde con seguridad.

—Si esto es verdad, ¿por qué coño no me lo has contado antes? —Cormag parece más derrotado que enfadado—. Madison murió hace más de un año. Has tenido tiempo, y millones de oportunidades.

Callum levanta por fin la mirada.

—Un año, dos meses y cuatro días. Sé perfectamente cuánto tiempo ha pasado.

La última vez que vi a Madison estaba muerta; la anterior, destrozada por mi culpa.

La dejé subir a un coche en un estado en el que nunca debería haberla dejado conducir y, pocos kilómetros después, se estampó contra el muro de la estación.

Tenía muchas cosas en las que pensar durante todo ese tiempo, Cormag.

Nadie habla.

—Callum… —Isla se acerca un poco a él—. Siento muchísimo que hayas cargado con esto todo este tiempo, pero tú no provocaste el accidente. Cometiste un error, uno muy grande, pero no podías saber lo que iba a ocurrir.

—Sé lo que hice, Isla. Y también sé lo que hizo Ailsa.

—¿Por eso la odias? —pregunta ella.

—La odio porque sabía exactamente lo que estaba haciendo cuando mandó a Madison a mi casa. No hablo del accidente, no soy idiota. Ailsa no podía saber que iba a ocurrir. Pero sí sabía que Madison aparecería allí y que me encontraría con otra mujer.

—¿Y nunca hablaste con Ailsa de esto? —pregunto.

—No.

—¿Ni siquiera después?

—Ella no sabe que yo lo sé.

Cormag frunce el ceño.

—¿Cómo que no lo sabe?

—Le pidió a Madison que jamás me dijera que había sido ella. Madison se lo prometió y solo rompió esa promesa mientras discutíamos, antes de marcharse. Unas horas después estaba muerta. Para Ailsa, ese secreto murió con Madison. Estoy seguro de ello.

—Quizás tu actitud con ella le haya hecho sospechar… —sugiero.

—Quizás.

De repente entiendo muchas cosas. Las respuestas de una palabra, los comentarios despectivos cuando Ailsa no estaba delante, esa facilidad para continuar una conversación como si ella no acabara de dirigirse a él…

Callum no ha intentado disimular que no la soporta; simplemente la ha borrado de su mundo.

—Pero ¿por qué no me lo contaste a mí? Conmigo era diferente —insiste Cormag—. Podías haberlo hecho.

Callum guarda silencio.

—Sobre todo cuando decidí casarme con ella —añade.

—Sí.

La respuesta nos sorprende a todos.

—¿Sí, qué?

—Que debería habértelo contado.

Cormag parece desconcertado por la facilidad con la que lo admite.

—Entonces ¿por qué coño no lo hiciste?

—Porque para contarte lo que había hecho Ailsa tenía que contarte primero lo que había hecho yo.

—Soy tu hermano. Trabajamos juntos, nos vemos a diario.

—Ya lo sé.

—Precisamente por eso deberías habérmelo contado.

—También lo sé.

Cormag abre las manos, exasperado.

—Pues explícame qué coño pasó por tu cabeza.

Callum tarda unos segundos en responder.

—Solo intentaba lidiar con la culpa que sentía y con lo mucho que me dolía haberla perdido.

—Sigo sin entenderlo.

Callum sostiene esta vez la mirada de su hermano.

—No tengo una explicación que vaya a gustarte, Cormag. Estaba demasiado preocupado por otras cosas.

—¿Y esperabas seguir así toda la vida? —pregunta Isla.

—No esperaba nada. —Callum se reclina en la silla—.

Me resultaba más fácil fingir que Ailsa no existía que hablar de Madison y de aquella noche.

Ha sido idea de Ewan ser sinceros y poner las cartas sobre la mesa.

Isla se ha animado y yo… quizá lo hubiera contado en otro momento, pero no hoy.

Aunque después de escuchar lo que le dijo a Taylor ya no he podido contenerme. Sé que ese comentario iba por mí.

—En realidad he sido yo quien ha sacado el tema —admito—. Primero contando lo que Ailsa le dijo a Taylor y después preguntándote por qué no la soportas.

—Mejor. Así está todo claro. ¿No decías que eso era bueno? ¿Que empezábamos una nueva etapa?

—Ha debido de ser muy duro, Callum —interviene Isla.

—Sí, un poco sí.

Muy Callum.

—Voy a hablar con ella —dice Cormag.

—Haz lo que quieras. Es tu mujer. Yo ya no necesito explicaciones.

—Pero yo sí. Y escucharé su versión.

—Deberías hacerlo.

Eso sí me sorprende.

—¿No vas a discutirlo? —pregunta Isla.

—¿Para qué? Sé lo que hizo, no por qué lo hizo, pero tampoco lo necesito. Todavía lucho por superar lo que pasó aquella noche.

Cormag niega lentamente con la cabeza.

—Pues yo quiero saberlo. No digo que estés mintiendo, pero me cuesta creer que Ailsa hiciera algo así.

Sé que voy a arrepentirme. Esta parte no la he consultado con Taylor, pero tampoco esperábamos encontrarnos con algo así.

—Ailsa le dijo a Taylor que no habías sido precisamente un novio ejemplar.

Todos me miran.

—¿En qué contexto? —pregunta Isla.

Les recuerdo el episodio del portazo que le dio Callum, el enfado de Ailsa y las palabras que pronunció sobre él cuando Taylor empatizó con lo que le había ocurrido en el pasado.

Callum se queda inmóvil.

—¿Algo más que deba saber? —pregunta Cormag mirándome fijamente, enfadado—. ¿Podemos dejar de dosificar la información?

—No le dijo nada más, solo añadió que los McAverley somos infieles por naturaleza.

Nadie hace ningún comentario esta vez.

—Pues ahí lo tienes —dice Callum finalmente. Nos quedamos callados.

Hace unas horas Isla nos ha contado un secreto que llevaba más de un año escondiendo. Ahora Callum acaba de hacer lo mismo y, por primera vez desde que empezamos con estas reuniones, me arrepiento un poco de haber seguido las pautas de Taylor.

Queríamos que hablaran.

El problema es que lo están haciendo y yo sigo sin poder contarles la verdadera razón por la que los he reunido una semana en esta casa.