30 Ewan
Más confesiones
El club ya tiene dueño y, como ocurrió con el hotel, ha sido fácil y rápido acordarlo.
Agradezco que hoy no hayamos abordado otras propiedades más complejas. No estoy demasiado concentrado y a mis hermanos no les ha pasado desapercibido; tampoco ha sido descabellada la explicación que han querido encontrarle entre bromas.
Taylor ha protagonizado buena parte de sus comentarios y, como no podía ser de otro modo, han decidido que una larga noche explica mi cansancio.
No van desencaminados, aunque el cansancio no es físico, sino mental. Le he dado demasiadas vueltas a lo que ocurrió, intentando entender por qué fui detrás de ella y acabé acercándome de aquella manera.
Todavía no tengo la respuesta y ya me he cansado de buscarla.
No me arrepiento, que es lo que cuenta, y tampoco siento que anoche me transformara en alguien distinto; más bien al contrario, creo que todo lo que hice y dije llevaba dentro bastante más tiempo del que imaginaba, a pesar de que hablar de tiempo refiriéndome a Taylor es un poco incongruente: apenas la conozco.
Ese podría ser precisamente el problema, pero después de una mañana sin enfrentamientos, sin palabras mordaces salvo las imprescindibles y con algo parecido a la paz entre nosotros, no pienso añorar lo anterior, por mucho que fuera más seguro.
—Yo creo que, con lo que hemos decidido sobre las reformas, podemos darlo por terminado —comenta Isla, repasando los últimos acuerdos sobre el club.
—Dime, Ewan, ¿Taylor está cómoda? —pregunta Cormag sorprendiéndome.
—¿Por qué no iba a estarlo? —interviene Callum.
—Sí, está cómoda —me animo a aclararles—. Al menos a mí no me ha dicho lo contrario, pero puedes preguntárselo si quieres.
—Ya lo he hecho y me ha dicho que sí.
—Entonces ¿para qué preguntas? —replica Callum.
—Porque me da la gana.
—Está cómoda —confirmo—. Bueno… un poco acojonada, tengo que decirlo.
Esto es exactamente lo que he planeado con mi detective americana. Fuera como fuera la reunión, tenía que introducir este tema en algún momento y agradezco que la oportunidad haya aparecido sola.
Es el momento y, aunque detesto hacer esto, ya no puedo echarme atrás.
—¿Acojonada? ¿Con nosotros? ¿Hemos hecho algo que…?
—No, Isla, no habéis hecho nada. Al menos vosotros. Fue Ailsa quien la acojonó.
—¿Ailsa? —Cormag me mira a mí y después a Callum, que ya luce una sonrisa de oreja a oreja—. ¿Qué le ha dicho?
—Le advirtió que abriera bien los ojos, que los McAverley somos infieles por naturaleza.
—¿Qué? —Isla abre mucho los ojos.
—¿Y por qué coño le dijo eso? —La sonrisa ha desaparecido del rostro de Cormag.
—Porque ella es así de especial —apunta Callum.
Cormag lo fulmina con la mirada, pero esta vez evita el enfrentamiento.
—Debía de referirse a lo que hablamos de nuestros padres… —Isla intenta encontrarle una explicación.
—Se lo dijo mientras estábamos reunidos ayer. Ella aún no podía saberlo, a menos que ella conociera ese tema…
—Claro que no lo conocía. —Cormag niega con la cabeza—. Ni ahora tampoco. Ni siquiera se lo he contado todavía…
—¿Seguro que tú tampoco lo sabías, Cormag? No será que tú se lo contaste a Ailsa y ayer se le escapó con Taylor.
—¿De qué va esto? —me responde, cada vez más molesto—. No tenía ni idea hasta que lo contó Isla. Queréis que haya buen rollo, que hablemos de todo, pero ahora me miráis como si hubiera estado ocultando algo.
—Entonces ¿por qué cojones lo dijo? —suelta Callum con tal desprecio que Isla y yo nos miramos y negamos con la cabeza.
—¿Cómo quieres que lo sepa?
—¿Ningún conflicto de… infidelidad, Cormag? Igual iba por ti…
—No, y tampoco es asunto vuestro. No tengo ni idea de por qué lo dijo; si queréis saberlo, preguntádselo a ella. En cualquier caso, lamento que le haya metido esas gilipolleces en la cabeza a Taylor.
—Quizá no sean gilipolleces —interviene Isla con una calma que contrasta con el tono de Cormag—. Puede que Ailsa tenga algo de razón, aunque no sé qué la llevó a afirmar algo así.
—¿Qué quieres decir? ¿Que los McAverley somos infieles por naturaleza? —Cormag se muestra irónico.
—Quizá no por naturaleza. Quizá solo somos infieles. O tenemos un gen de la infidelidad o… —Hace una pequeña pausa—. Quizá ocurre de vez en cuando… Puede que Ailsa no se refiriera a nuestros padres, ni a Cormag…
—¿Dé qué hablas, Isla? —le recrimina Cormag.
—Hace unas horas le he contado a Taylor lo que ocurrió aquí el día de mi… supuesta boda.
Todos callamos. Tema delicado. Lo tenemos bien aprendido.
—¿Qué te ha hecho Taylor para que la tortures con eso? —le pregunto, consiguiendo arrancarle una sonrisa.
—¿Os acordáis de aquel día? —pregunta Isla.
—Isla… ahora no —intenta frenarla Cormag.
—¿Os acordáis o no? —insiste ella.
—Sí, Isla, nos acordamos —responde Callum por los tres.
—¿Y de la nota que me entregó el amigo de Harry?
—Yo no la vi, pero… claro que me acuerdo —contesto.
—Os dije que había escrito que no estaba preparado para casarse —continúa Isla.
Nos miramos los tres.
—Os mentí.
Se hace el silencio. Nadie se lo recrimina; es evidente que falta la explicación.
—Me dejó plantada porque tres meses antes me había liado con James Redford. Una sola vez. Y se enteró.
—¿Quién es James Redford? —pregunto.
—Fue entrenador personal en el club —me explica Callum.
—¿Y qué decía la nota? —Cormag la mira, perplejo.
—Decía… «Lo único que lamento es no poder verte la cara cuando sepas que no voy a presentarme».
—¿Solo decía eso?
—Sí, era el único texto. Pero venía acompañada de una foto de James.
—Joder… —murmura Cormag.
Esto es más de lo que podría haber imaginado. Está bien compartir secretos, pero no esperaba estas confesiones.
—¿Y esperó a la boda? ¿Cuándo se enteró? ¿Cómo se enteró? —Quiere saber Callum.
—Se enteró un mes antes, pero siguió adelante con todos los preparativos mientras planeaba cómo vengarse. Eso lo supe después, gracias a la información de un amigo.
—Hijo de puta —se me escapa.
—Hay que estar muy jodido para preparar algo así durante un mes —añade Cormag, negando con la cabeza.
—¿De verdad te liaste con James? —pregunta Callum, que parece más sorprendido por eso que por todo lo demás.
—Sí. Fue un desliz, un maldito desliz. Una sola vez. Yo quería a Harry y todavía no sé por qué lo hice. Me arrepentí en cuanto ocurrió, pero ya no podía deshacerlo.
Ninguno dice nada durante unos segundos.
—¿Por qué nunca nos lo contaste, Isla? —le pregunto, tocándole la mano.
—Solo lo sabía mamá. Ya sabéis lo que me costó superar aquello y… no estaba preparada para contaros la verdad.
—Entonces ¿mamá lo sabía? —pregunta Cormag.
—Sí. Me conocía bien y no pude ocultárselo mucho tiempo.
Fue quien más me ayudó —responde Isla—. Al principio me sentía culpable, pensaba que me merecía aquella humillación por haberle sido infiel.
Pasaba de la rabia a la culpa constantemente y no conseguía avanzar.
Mamá fue quien me hizo entender que haber cometido un error no convertía en aceptable lo que Harry había hecho y que casarme con un hombre capaz de planear durante un mes una venganza así probablemente habría sido un desastre.
—Estoy de acuerdo —Cormag niega con la cabeza—. Podía haberte dejado en cuanto se enteró. Esperar un mes solo para humillarte delante de todo el mundo es de ser muy cabrón.
Cormag y yo nos dedicamos a maldecir contra Harry. Hasta acabamos confesándole que no nos caía bien.
—¿No vas a decir nada, Callum? —Isla se vuelve hacia él, harta de que Cormag y yo seamos los únicos que estamos comentando el tema.
—¿Qué quieres que diga? —Callum se encoge de hombros—. Es tu vida. Siento que pasaras por esa mierda.
—Esto de contarnos secretos parece que va en serio —bromea Cormag, guiñándole un ojo a Isla para aligerar el ambiente.
—Al final Ailsa va a tener razón —suelta Callum.
Isla sonríe con tristeza y le lanza un bolígrafo.
—¿Le estás dando la razón a Ailsa? —Cormag finge escandalizarse—. Esto sí que no me lo esperaba.
—Muy a mi pesar —responde Callum con sequedad.
Es el momento de meter el dedo en la llaga. Este papel empieza a atragantárseme.
—Callum… ya que estamos tan animados a hacer confidencias, podrías aclararnos una cosa. No es ningún secreto que Ailsa no te cae precisamente bien.
—Si hay algo que aclarar, me encantaría escucharlo —interviene Cormag, molesto.
—¿De verdad te gustaría? —El tono de Callum deja claro que acabamos de entrar en terreno peligroso.
—Sí. Llevo mucho tiempo queriendo saberlo. Cuando coincides con ella, la ignoras o la desprecias, y no sé qué es peor. Hace tiempo que dejé de preguntarte porque nunca conseguía una respuesta, pero hemos normalizado esa mierda y estoy harto. ¿Jugamos un poco más a los secretos y te animas?
—¿Quieres saber por qué no soporto a tu querida mujer? ¿Por qué se me revuelve el estómago cuando la tengo cerca?
Cormag se levanta y Callum hace lo mismo. En cuestión de segundos están demasiado cerca.
—Eh, parad —interviene Isla, acercándose—. Podéis hablar sin mataros.
Me levanto también.
—Tranquilos. Seguro que podemos hablar de esto sin llegar a las manos.
—¿Qué estoy haciendo mal? —Cormag nos mira a Isla y a mí—. ¿Preguntarle por qué lleva tanto tiempo tratando así a mi mujer?
—Un año, hermanito —lo corrige Callum—. Hace un puto año que empecé a despreciarla.
Y sale del salón.
Los tres volvemos a sentarnos. Nadie dice nada durante varios minutos, hasta que la puerta se abre de nuevo.
Callum entra, ocupa de nuevo su silla, entrelaza los dedos sobre la mesa y fija la mirada en ellos.
—Me toca el turno de los secretos —dice con una voz de ultratumba—. Os voy a contar quién es Ailsa.