25 Ewan
Hablemos
Por fin hemos encontrado el momento de reunirnos.
Que hayan aceptado pasar una semana aquí no significa que hayan podido desvincularse por completo de sus trabajos.
Incluso yo he tenido que pasar buena parte de la mañana al teléfono con uno de mis compañeros, el médico que se ha quedado al frente de la clínica mientras estoy aquí.
Estamos los cuatro en el antiguo despacho de mi padre.
Antes de entrar he repasado mentalmente las pautas que mi exasperante novia americana y yo hemos acordado esta mañana. Abro una de las carpetas.
—Aquí está toda la documentación que me ha proporcionado Charles.
Casas, activos, empresas, participaciones, valoraciones…
Todo. También ha preparado una propuesta de reparto teniendo en cuenta participaciones e intereses; en esencia, bastante parecida al testamento anterior.
Mi intención sigue siendo la misma: quiero que lo repartamos entre los cuatro, que lo decidamos juntos y que salgamos de aquí satisfechos.
Las expresiones cambian casi al mismo tiempo que pronuncio esta última frase.
Alivio, diría yo.
No sé exactamente qué esperaban de mí, pero probablemente algo bastante más parecido a lo que habría hecho nuestro padre: decidir primero y comunicarlo después.
—No voy a decidir yo el reparto. Iremos parte por parte y decidiremos entre todos.
Callum me observa con cierta suspicacia.
—Parece sencillo.
—Esa es la intención, Callum.
—Entonces no será así de fácil.
—Probablemente no.
Cormag sonríe ligeramente, pero Isla ya está mirando las carpetas.
Todavía falta la parte complicada.
La señorita detective cree que el reparto puede servirme para hacerlos hablar. Propiedades, empresas, decisiones de nuestros padres, años de desacuerdos… Si removemos lo suficiente, tarde o temprano debería aparecer algo que en otras circunstancias nadie mencionaría.
«Están dolidos con tu madre. Es un buen momento para que hablen», me ha dicho con total seguridad.
Y eso es exactamente lo que necesito.
Mi madre estaba convencida de que uno de mis hermanos podía querer hacerle daño.
No sé qué ocurrió para que llegara a pensar semejante barbaridad, pero tuvo que haber algo.
No puedo preguntarles directamente si alguno tenía motivos para odiarla; necesito que hablen de aquellos últimos meses y prestar atención tanto a lo que cuentan como a lo que evitan contar.
Si uno empieza, según la detective Taylor «Smith», los demás tendrán más fácil seguirlo.
Espero que tenga razón.
—Quiero que pongamos todas las cartas sobre la mesa —propongo con cierto nerviosismo—. Y no me refiero al contenido de esas carpetas.
Callum frunce ligeramente el ceño.
—¿De qué hablas?
—De nosotros, no como herederos, sino como hermanos. Ellos ya no están y los cuatro hemos pasado por momentos bastante jodidos en los últimos años. Si queda alguna mierda por resolver, creo que es un buen momento para hablarla en lugar de seguir haciendo como si aquí nunca pasara nada.
Nadie responde.
Isla baja la mirada, aunque enseguida vuelve a levantarla.
—Yo creo que Ewan tiene razón.
Callum gira la cabeza hacia ella.
—Por supuesto.
—No pongas esa cara, Callum —Isla se encoge de hombros—. No está diciendo que tengamos que contarnos hasta con quién perdimos la virginidad. Solo que quizá podríamos dejar de comportarnos como si todo estuviera siempre bien cuando sabemos que no es verdad.
—Bonito ejemplo. Yo estoy dispuesto a contar con quién la perdí —comenta Cormag, riendo.
—Yo también lo haría, pero no me acuerdo —añade Callum, consiguiendo que todos sonriamos.
—Ewan, te toca.
Meneo la cabeza.
—No os estoy pidiendo que salgamos de aquí convertidos en cuatro hermanos que se cuentan absolutamente todo porque, francamente, me daría bastante miedo. Solo quiero que, si aparece algo que llevamos años evitando, no volvamos a hacer lo de siempre.
Necesito que bajen la guardia lo suficiente para que aparezca algo que me ayude a entender qué ocurrió con nuestra madre. Y, según Taylor, si quiero que alguno se exponga, tendré que hacerlo yo primero.
Esa parte de su magnífico plan sigue sin gustarme una mierda.
—Y eso me incluye a mí. No pienso pediros nada que yo no esté dispuesto a hacer.
Callum se recuesta en el sillón.
—¿Y se supone que después nos damos un abrazo?
—Ni se te ocurra —le amenazo.
—Ahora empiezo a verle posibilidades a esto… —dice Cormag entre risas.
—Me alegro.
—Empecemos por ti, Ewan. ¿Tú por qué tienes interés? —pregunta Cormag—. Se supone que siempre te has mantenido al margen de…
—¿De las empresas? ¿De la familia? —pregunto, agradeciendo la oportunidad.
—De las empresas. No he dicho familia y lo sabes.
—Durante un tiempo fue prácticamente lo mismo. Cuando decidí estudiar Medicina, papá se lo tomó como si estuviera rechazando el legado de los McAverley y, con él, a la familia. Nunca entendió que simplemente quería otra vida.
—Lo recuerdo perfectamente —dice Isla.
—Todos lo recordamos —añade Cormag.
—Yo recuerdo haberle oído decir que quien renunciaba al legado renunciaba también a una parte de lo que significaba ser un McAverley —interviene Callum.
Lo miro sorprendido.
—No sabía que lo hubieras oído.
—Más de una vez.
No esperaba que Callum fuera el primero en facilitarme las cosas.
—Discutimos mucho y durante un tiempo acabé sintiéndome fuera de todo esto.
También un poco fuera de vosotros. —Me encojo de hombros—.
No es un reproche. Arreglé bastante las cosas con papá antes de que muriera y sé que ninguno pretendía apartarme, pero vuestra vida giraba alrededor de las empresas y la mía no. Me acostumbré a estar al margen.
—Éramos bastante idiotas —dice Isla.
—Éramos más jóvenes —la corrige Cormag.
—Una cosa no excluye la otra —sentencia Callum.
Sonrío.
—Mamá fue la única que nunca me hizo sentir que había elegido entre mi profesión y mi familia. Después murió papá, ella se puso al frente, empezaron más problemas y cada vez que nos reuníamos acababais hablando de lo mismo. Supongo que dejé de intentar volver a entrar.
—Mamá tampoco nos lo puso precisamente fácil —señala Cormag.
—Lo sé. Tú y yo lo hablamos alguna vez.
—Pues, ya que estamos siendo sinceros, te confesaré que yo te tenía envidia —interviene Callum.
Lo miro sorprendido.
—¿Envidia?
—Tú tuviste los cojones de decidir que no querías aquello y te fuiste a estudiar Medicina. Yo estudié Economía y Derecho porque era lo que tocaba y después entré directamente en las empresas. Durante mucho tiempo pensé que eras el único de nosotros que había elegido de verdad.
Eso sí que no me lo esperaba.
—Yo tampoco sabía que pensaras eso —dice Isla.
—Pues ya lo sabes —responde Callum, encogiéndose de hombros—. De eso iba todo esto, ¿no?
Isla guarda silencio unos segundos.
—Creo que Ewan tiene razón en una cosa. Durante demasiado tiempo confundimos la familia con todo lo que había alrededor: la destilería, las empresas, el apellido, lo que se esperaba de nosotros… Como si una cosa fuera necesariamente la otra.
Suficiente. Ahora toca testamento.
Abro la primera carpeta.
Empezamos por el hotel y, una hora después, está claro que la participación principal será para Isla.
Lo dirige desde que se fundó, hace cinco años, y ninguno encontramos una sola razón para que eso cambie.
También acordamos que los demás conservaremos una pequeña participación, yo incluido.
Esa será la base del reparto: cada uno tendrá el mayor peso en aquello que dirige, pero ninguno quedará completamente desvinculado de nada.
Nos miramos satisfechos.
—Primera decisión y ningún muerto —comenta Callum—. Parece que esto fluye.
—Sí, pero… no debería haber sido de este modo —comenta Isla, claramente afectada.
Todos la miramos.
—Has dicho que estabas conforme —le reprocha Callum.
—No me refiero al reparto…
Se levanta y empieza a caminar despacio alrededor de la mesa. No parece nerviosa, más bien está decidiendo cuánto quiere contarnos.
Callum me mira y después a Cormag.
—Isla, ¿qué ocurre? —pregunta Cormag.
Se detiene al otro lado de la mesa y apoya las manos sobre ella.
—Que no puedo evitar pensar en lo que hizo mamá. Sabía mejor que nadie cuánto habíamos trabajado y todo lo que había pasado con las empresas.
—Estamos intentando solucionarlo —le recuerdo.
—No se trata de eso, Ewan, sino de que dejara en tus manos el reparto.
—Soy el más guapo, el más listo, el más justo…
Cormag pone los ojos en blanco y Callum me fulmina con la mirada. Isla, en cambio, esboza una media sonrisa que no consigue disimular lo dolida que está. Creo que todos lo estamos, pero ella es la única que se atreve a mostrarlo.
—Llevo días preguntándome por qué cambió el testamento. Si pretendía castigarnos, demostrarnos que ya no confiaba en nosotros o qué coño le pasaba por la cabeza.
—Me encantaría saberlo —murmura Cormag—, pero, a menos que Ewan sepa algo, nos quedaremos con las ganas.
—Ya os dije que para mí también fue una sorpresa.
—Y te creo. Por eso no vamos a saber qué la llevó a hacerlo. Al menos de momento.
—No creo que sea tan difícil —interviene Callum—. ¿Acaso se os olvida el tío Alastair?
Todos lo miramos.
—Debió de ser él quien se lo aconsejara. Mamá hacía todo lo que él le decía. Todo.
—¿Por qué iba a aconsejarle algo así? —pregunto sorprendido, aunque, por la forma en que se miran Callum y Cormag, tengo la sensación de que ellos ya lo han hablado más de una vez.
—Ya sabes lo que ocurrió cuando murió papá. Mamá se puso al frente de todo sin conocer realmente las empresas y convirtió al tío Alastair en su principal asesor. Cormag y yo llevábamos años trabajando en ellas, pero para las decisiones importantes confiaba más en él que en nosotros.
—Papá la había mantenido al margen durante años. Cuando murió, necesitaba demostrar que podía hacerlo —comento, intentando meter el dedo en la llaga.
—Y nosotros dejamos que lo hiciera. El problema es que muchas veces las decisiones que creíamos suyas venían de Alastair. Algunas todavía las estamos pagando.
—Pero sigo sin entender por qué iba a aconsejarle que cambiara el testamento —replico con verdadera curiosidad—. Él no ha ganado nada con ello.
—Cormag y yo nos enfrentamos a él varias veces. No nos soportaba y tenía muchísima influencia sobre mamá. Quizá consiguió convencerla de que nosotros éramos el problema o simplemente quiso jodernos. No lo sé.
—Puede que mamá se dejara llevar y dejar el reparto en tus manos fuera su manera de arreglarlo después —añade Cormag.
—Tenía entendido que antes de morir estabais mejor con ella…
—Sí, lo estábamos. Parecía que había entrado en razón, pero no se me ocurre una explicación mejor para lo que hizo —comenta Cormag.
—Alastair no tuvo nada que ver con el testamento —sentencia Isla en un tono que consigue que todos la miremos.
—¿Qué te hace estar tan segura? —pregunta Cormag.
—Fui a visitarlo dos días antes de que muriera mamá.
—¿Fuiste a visitarlo?
—Sí. Había discutido con mamá por el club. Con vosotros se había relajado respecto a la destilería, pero entonces empezó a meterse en mis decisiones, incluso en quién debía seguir trabajando y quién no. Pensé que Alastair estaba detrás y fui a pedirle explicaciones.
—¿Y qué te dijo ese impresentable? —pregunta Callum.
—Discutimos. Bastante. Yo lo acusaba de estar influyendo en mamá y él insistía en que no tenía nada que ver. Hasta que me enteré de que llevaban un tiempo distanciados. Se habían peleado.
—¿Por qué? —pregunto, mirando a mis hermanos, que parecen tan sorprendidos como yo.
Isla tarda un instante en responder.
—Infidelidades y venganza. ¿Queréis escuchar la historia?