Los McAverley. Infieles, odiosos y escoceses 20 ​​ Ewan
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20 ​​ Ewan

Tentación

—¡Eh! ¿A quién habéis puesto en recepción? —pregunto, intentando comportarme con naturalidad en cuanto entro en la sala del club donde sé que están mis hermanos.

Callum y Cormag están concentrados en un móvil, mientras Isla remueve la arena de un centro floral.

Los dos me miran y vuelven a bajar la vista al dispositivo que tanto parece interesarles mientras levantan una mano a modo de saludo.

Isla se acerca y me besa en la mejilla.

—Así no sucumbiréis a la tentación —aclara con una sonrisa de fastidio.

—¿Qué tentación? ¿Y quién va a sucumbir a ella?

—Todos —replica, molesta.

—¿La has elegido tan fea por eso? —interviene Callum, porque, como siempre, la diplomacia no va con él. Y, como siempre, parece que no está, pero está.

—¿Tan fea es? —pregunta Cormag como si fuera un tema realmente importante—. Yo no la he visto todavía.

—Es eficiente, resolutiva, simpática y tiene unas credenciales estupendas. Eso es lo que os debe importar, no si es una belleza o no. Las bellezas anteriores duraron poco y os liasteis con ellas.

—¿Liarnos? —pregunto fingiendo incredulidad.

—Sí, eso he dicho. ¿No te liaste con Ashley? ¿Y con Kenna?

—No, claro que no.

Incluso Callum y Cormag han abandonado el móvil para mirarme.

Isla se planta delante de mí con el ceño fruncido y se cruza de brazos.

—¡Eh! Soy inocente de tus acusaciones.

—No te creo, sospecho que te liaste con alguna o con las dos. Me decanto por Kenna…

—Yo siempre cumplo las normas, Isla. Nada de líos con personal del club. Pregúntaselo a ellos que lo frecuentan más.

—¿Te liaste con Kenna? —insiste Cormag.

Lo que me faltaba, otro que se une a esta situación absurda.

—Ewan, en cualquier caso, debería preguntarme a mí, no a Cormag, él es un hombre casado; no seas desconsiderado.

—¿Por qué no te callas, Callum? —se defiende Cormag—. Quiero saber si se lio con Kenna.

—¿Y a ti qué cojones te importa? —le recrimina Callum consiguiendo que Cormag le haga un gesto despectivo con la mano—. Ya tenemos bastante con la presión de Isla.

—No os desviéis, estábamos hablando de la nueva recepcionista… —comento en tono de humor.

—Y de la tentación —añade Callum.

Me echo a reír. Añoro estas situaciones cómicas entre los cuatro, aunque lamentablemente hace mucho tiempo que empezaron a escasear.

—Tentación que para Ewan ya no será un problema —añade Isla con un tono irónico que conozco muy bien—. Ahora tiene novia. Nos hemos enterado hace unas horas.

—¿A qué viene ese tono?

—No es ningún tono, pero que de repente salga una novia de la nada y nos digas que va a venir a Skye… Es sorprendente.

Todos me miran esperando una explicación.

Se me ha ocurrido escribirlo en el grupo de mensajes que compartimos los cuatro y solo he obtenido emoticonos de sorpresa. Esperaba la parte verbalizada y no ha tardado en llegar.

—Pero… ¿va en serio? —pregunta Callum.

—Os he dicho que os lo explicaría y a eso he venido. Os recuerdo que vivo a una distancia considerable y me he molestado en recorrerla para poder hacerlo en persona.

—No tienes que explicarnos nada que no quieras —dice Isla, haciéndose la ofendida—. Es tu vida.

—Vale, pues pasemos a otro tema.

—De eso nada. Isla, cállate y deja que se explique —dice Cormag mientras toma asiento.

—Taylor es alguien especial —digo, tragando saliva, aunque creo que en cualquier momento voy a atragantarme—. La conocí hace un año, en Seattle. Cuando fui a aquella conferencia… ¿Recordáis?

Solo Callum asiente. Sé que los demás no se acuerdan.

—Desde entonces nos hemos ido viendo siempre que hemos podido. La distancia es un problema, pero hablamos a diario y nos vemos siempre que podemos. Ella es la que suele venir. Tiene más flexibilidad.

—Entonces, ¿es americana? —pregunta Isla como si le hubiera dicho que es una indígena que vive en mitad de la selva del Amazonas.

—Sí. Vive en Nueva York. ¿Algún problema?

—No, claro. Solo me sorprende.

—A mí me sorprende más que tengas novia, Ewan. Eso sí que es raro —confiesa Callum.

—¿Acaso vosotros no tenéis o habéis tenido?

Callum baja la cabeza.

Mierda.

Es un tema que nunca mencionamos cuando se trata de él. Todos conocemos su historia y procuramos no obligarlo a recordarla, pero esta vez se me ha escapado.

—¿Y por qué no nos has hablado de ella en todo este tiempo? —pregunta Isla.

—Porque he sido prudente. Además, ¿me cuentas tú con quién te acuestas? ¿O tú? —añado mirando a Callum.

—¿Por qué no le preguntas a él también? —dice Callum señalando a Cormag—. ¡Ah! Perdón, porque ya sabemos con quién se acuesta. Joder, que está casado.

—Callum, otra alusión barata y cutre de esas y te estampo contra la pared. No lo dudes.

—Vale, ninguna más.

—Estará vigente para el resto de tu vida, ¿me entiendes?

—Tienes razón. Esos chistes malos no son apropiados. Y además ya no tienen gracia. Estoy empezando a cogerle cariño a Ailsa.

—Claro, por eso saltas cada vez que abre la boca… Ayer mismo, cuando pasó por la oficina, te faltó tiempo para…

—Chicos, basta. Ahora no —los interrumpe Isla—. Creo que tenemos un tema más importante del que hablar.

Ambos callan y me miran.

El tema soy yo. O, más bien, lo que arrastro conmigo.

—¿Lo tenéis todo arreglado para pasar una semana fuera?

—¿Por qué traes a tu novia? —pregunta Cormag.

—¿Por qué no? ¿Acaso tú no vas a venir con Ailsa?

—Es mi mujer.

—Y Taylor es mi pareja.

—No la conocemos.

—Eso tiene fácil arreglo.

Se hace un silencio y, aunque me siento fuera de lugar, sé que tengo que esforzarme para que esto funcione.

—Taylor tenía planeado venir para darme una sorpresa. Va a quedarse tres o cuatro semanas. Cuando me enteré, nosotros ya habíamos hablado de reunirnos, pero, si consideráis que su presencia es un problema, esperamos a que se marche. Tres semanas, un mes… y después arreglamos lo de mamá.

—Eso suena a amenaza —se queja Cormag.

—En tu cabeza, porque no lo es.

—A mí me da igual que venga. De hecho, quiero conocerla —admite Isla.

—Yo también, pero se supone que vamos a tratar temas muy personales —insiste Cormag.

—Nuestros temas personales no le interesan. Cuando necesitemos hablar a solas, ella se ocupará de otras cosas. Por voluntad propia, hermanito.

El tono de Cormag es tenso.

El mío, más.

—¿Y por qué una semana? —pregunta Callum—. ¿De verdad necesitamos una semana para arreglar lo de mamá?

—Estoy de acuerdo —dice Cormag—. Con una reunión con Charles podemos solucionarlo. Quizá una antes entre nosotros y otra después con él.

Guardo silencio. Esperaba cierta resistencia al principio, pero, una vez que habían aceptado reunirnos, no esperaba tener que volver a defenderlo.

—¿No dices nada, Ewan? —Callum me observa fijamente—. Tú tienes la última palabra. Eres quien dicta las normas ahora.

Algo dentro de mí se tensa.

—Guárdate ese tonito, Callum, porque está fuera de lugar.

Mi voz consigue que desaparezca cualquier rastro de broma.

—Yo estoy tan sorprendido como vosotros por la decisión de mamá. No pedí quedarme con todo y no quiero dictarle las normas a nadie. Tiene solución y creo que os lo he puesto bastante fácil. Lo único que os estoy pidiendo es una puta semana.

Ninguno dice nada.

—Y no, no necesitamos una semana para repartir una herencia.

Probablemente Charles podría solucionarlo en un par de reuniones.

Pero lleváis años arrastrando la crisis de la empresa, su recuperación, la ruptura con Alastair, las discusiones con mamá cuando decidió ponerse al frente…

Y yo me he tragado todos esos conflictos uno detrás de otro cuando sabéis perfectamente que la destilería me importa una mierda.

Y también el club, el hotel, las casas y todo lo demás.

Callum aparta la mirada.

—Incluso en las cenas de los viernes acabábamos hablando de lo mismo.

La destilería, el club, Alastair, una decisión de mamá, otra vuestra…

Siempre vuestro mundo. Yo elegí otro. Me largué, estudié Medicina y construí mi vida lejos de todo eso.

Y ahora resulta que el que pasó de todo es quien tiene que decidir qué coño hacer con el patrimonio de la familia.

—Ewan… —empieza Isla.

—No. Dejadme terminar. Voy a hacer un reparto justo.

Entre todos. No quiero el control de las empresas ni pienso convertirme en el sustituto de papá o de mamá.

Yo tengo mi clínica, que es lo que me importa de verdad, pero tampoco voy a renunciar a lo que me corresponda por muy feliz que sea con mi vida.

Quiero que nos sentemos, que pongamos las cosas sobre la mesa, que aclaremos cualquier duda y que intentemos entender las decisiones que tomó mamá antes de morir.

Los miro a los tres.

—Pero no os estoy pidiendo una semana para repartir una herencia.

Os estoy pidiendo una semana porque hace demasiado tiempo que cada vez que nos sentamos juntos acabamos hablando de una puta empresa.

Papá ha muerto. Mamá ha muerto. Y no pienso esperar a que se muera otro de nosotros para recordar que somos una familia.

El silencio se prolonga unos segundos.

—Allí estaré mañana —dice Isla antes de dejarse caer en una silla.

Callum asiente y Cormag acaba haciendo lo mismo.

Salgo de la sala del club con un sabor tan amargo que estoy a punto de cancelar todo el paripé que tengo preparado.

Y lo más absurdo de todo es que, cuando pienso en anular el contrato con la señorita americana, mi humor empeora todavía más.