14 Ewan
Sin respuestas
Todavía no me he recuperado del sobresalto de encontrarla aquí. De todas las personas que esperaba ver aparecer, ella habría sido la última.
La americana del hotel de Skye.
La de los enormes ojos azul marino.
La que se coló en la mansión de mi familia y consiguió convencerme de que solo se había perdido.
Eso último adquiere ahora un significado bastante distinto.
¿Cómo iba a imaginar que estaba relacionada con la investigación que encargó mi madre? Claro que aquel día desconocía que existía una investigación.
La observo mientras espera a que hable. Hay cosas que no me cuadran. Demasiadas evasivas, respuestas que llegan después de unos segundos de más y, sobre todo, esa insistencia en mantener a Elspeth Douglas fuera de mi alcance.
No sé cuánto de lo que me ha contado es cierto.
El problema es que tampoco tengo muchas opciones.
Si quiero averiguar qué descubrió esa detective sobre mi familia, tendré que darle algo a cambio.
Y parece que me toca empezar a mí.
—Hace unos días se abrió el testamento de mi madre.
Para sorpresa de todos, la mía y la de mis hermanos, el principal beneficiario soy yo.
—Hago una breve pausa y expulso el aire—.
Emma, la ayudante de mi madre, me dijo que había contratado a una detective hacía unos meses para que averiguara algo sobre mis hermanos. Estaba convencida de que ellos…
—¿De que ellos…?
—Querían hacerle algo malo.
Ni siquiera parpadea, es evidente que no le ha sorprendido. Esto es muy incómodo. Y esta mujer… simplemente no me gusta. Es increíblemente guapa, pero hay algo en ella que me confunde.
—Continúa —me invita con una expresión de cansancio que me molesta.
—No hay nada más. Emma me proporcionó el contacto de la agencia. El resto ya lo conoces.
—¿Qué quieres exactamente?
—Mi madre me dejó la posibilidad de corregir el reparto si considero que se equivocó. Tengo que tomar una decisión y, para hacerlo, necesito saber qué averiguó Elspeth Douglas. No quisiera equivocarme.
—Esa persona que has nombrado… Emma. ¿No te ha aclarado nada?
—No. Es evidente que no. Ella no sabe nada.
—¿Trataba con Elspeth?
—No. Emma era la mano derecha de mi madre en todo: su vida personal, profesional, la casa…
—Precisamente por eso debió de hablarle del tema.
—Emma no estaba de acuerdo con que contratara a un detective. Creía que mi madre no tenía motivos para desconfiar de mis hermanos y mucho menos para llegar a una acusación así. Mi madre fue muy reservada con ese asunto y apenas compartió nada con ella.
—¿Nada? ¿Emma llegó a hablar con Elspeth? ¿La conocía?
—¿Por qué me preguntas eso? —Frunzo el ceño—. Sí, habló con ella un par de veces, pero solo porque atendió sus llamadas antes de pasárselas a mi madre. No la conocía. Ya te he dicho que mi madre se mostró reservada con ese asunto. Ahora te toca a ti.
Guarda silencio. Parece estudiar en profundidad su respuesta.
—Ewan, desconozco lo que averiguó Elspeth —me suelta consiguiendo que revuelva en el asiento—. Ella está apartada de todo por problemas de salud y el hombre con el que hablaste y yo nos estamos ocupando de los casos que llevaba.
Pero ¿de qué coño va esta tía? Ahora me suelta que no sabe nada y que Elspeth está apartada del mundo…
—¿Problemas de salud? Pero ¿no puede hablar? ¿No dejó documentación sobre el caso? No entiendo nada.
—Su estado de salud es privado y no voy a darte más información. Lo único que necesitas saber es que ahora mismo no está operativa y nosotros nos estamos ocupando de lo que dejó pendiente.
—¿Y entonces qué hacías en Skye?
—Ella tenía señalada esa fecha en el calendario y… también el lugar.
Esta frase parece haberle costado un mundo pronunciar.
—Así que solo pretendía observar —me dice sin convencerme demasiado.
—¿Tenía señalada la boda de mi hermano?
Ahora tarda más en responder y juro que estoy muy confundido.
—Sí. La boda… esa que tú pretendías que anulara.
Vaya. Por su sonrisita parece que quiere hacerse la graciosa.
—Eso no es asunto tuyo —le digo con tanta dureza que hasta yo me siento incómodo.
—En realidad, nada de esto es asunto mío. Recuerda quién ha querido reunirse, quién pide información —me indica desafiante—. Te recuerdo que tu madre era la clienta de la agencia.
—Entonces ¿por qué has venido?
—Si puedo echarte una mano lo haré, eso es todo. Pero no me pidas que te dé información que no puedo darte.
—Hay algo que no entiendo… Mi madre ha muerto. Si el contrato terminó con ella, ¿por qué sigues investigando más de un mes después? ¿Para quién estás trabajando?
—Para nadie. No estábamos continuando la investigación de tu madre.
—Estabas en mi casa.
—Cuando Elspeth dejó de estar operativa, nos hicimos cargo de sus asuntos pendientes.
El de tu madre era uno de ellos. Al enterarnos de que había muerto, dimos el encargo por terminado, pero Elspeth había dejado señaladas una fecha y un lugar posteriores.
Antes de archivarlo definitivamente, decidí comprobarlo. Eso es lo que hacía en Skye.
La explicación tiene sentido. Lo que no termina de convencerme es la pequeña pausa que ha hecho antes de mencionar el lugar.
—¿Y resultó ser la boda de mi hermano?
—Eso lo descubrí allí.
—¿Y qué pensabas hacer si encontrabas algo?
—Dependería de lo que descubriera. Si era irrelevante, cerrar el caso. Si no lo era, decidir entonces qué correspondía hacer con la información. Nunca llegué a ese punto.
—¿Y no descubriste nada?
—No. Me echaste, ¿recuerdas?
La miro y algo que lleva días rondándome sin terminar de tomar forma empieza a hacerlo. Necesito respuestas sobre mi familia y la única persona que podía tenerlas está fuera de mi alcance.
—¿Alguien de mi familia… te conoce?
Entrecierra los ojos.
—No, claro que no. Esa investigación era de Elspeth, ya te lo he dicho. Yo no conozco a tu familia.
Asiento despacio. Eso podría facilitar las cosas. Pero todavía es pronto.
Lo dejo a un lado de momento.
—Entonces, después de que te echara de la mansión, ¿lo que pasó entre nosotros fue otro intento de investigar?
—Si te refieres a que follamos, ya te he dicho que eso solo fue entretenimiento.
Joder, es directa.
Y, por algún motivo, escucharla definirlo así vuelve a molestarme.
—Sigo sin entender por qué has accedido a reunirte conmigo si no tienes nada que contarme.
—Curiosidad por saber qué querías, e incluso ayudarte, pero veo que no puedo. Tu madre no está y Elspeth tampoco. No puedo darte las respuestas que necesitas para tomar esa decisión.
Recoge su bolso y se pone en pie.
Podría dejar que se marchara.
Debería dejar que se marchara.
Pero sigo exactamente donde estaba antes de llamar a la agencia: sin respuestas y con muy poco tiempo para conseguirlas.
Solo que ahora tengo delante otra posibilidad.
—Espera.
Se detiene.
No dispongo de mucho tiempo para meditarlo, pero creo que lo tengo claro.
—Quiero contratar a la agencia. A ti, concretamente.
Se vuelve hacia mí.
—¿Para qué?
—Para que te infiltres en mi familia.