12 Taylor
Una pista
Esperaba un poco más de entusiasmo por parte de David cuando Fiona y yo le contamos lo de la llamada, pero se comporta como si le hubiéramos anunciado que se ha roto una silla del despacho.
Trabajo con policías y sé cómo reaccionan cuando aparece una pista en un caso estancado, por pequeña que sea.
David no es policía, pero es investigador y, además, aquí está Elspeth de por medio.
No espero que dé saltos de alegría, pero sí alguna señal de que le corre sangre por las venas.
En cambio, sigue apoyado en la pared, callado, como si nada de esto fuera con él.
—Llámale —le ordeno—. Ahora mismo, a ver qué averiguas.
—¿Ahora? —pregunta con una calma que empieza a enervarme.
—No, tómate tu tiempo. Solo se trata de la desaparición de Elspeth; puede esperar.
Me observa con recelo.
—Vamos, David, ¿a qué esperas? Le he dicho que nos pondríamos en contacto con él —interviene Fiona, bastante menos capaz de disimular los nervios.
—Está bien. —Se acerca a ella—. Dame el número.
Cuando lo consigue, hace ademán de salir de la recepción, pero lo detengo.
—Quiero escucharlo, David.
Mira a Fiona y después a mí. Mi tono debe de dejar bastante claro que no estoy pidiendo permiso, porque termina sentándose junto a ella y deja el móvil sobre la mesa.
El hijo de Judith McAverley contesta al segundo tono.
—Señor McAverley...
—¿Con quién hablo?
—Ha llamado preguntando por la señorita Douglas.
—Sí. Y sigo sin saber con quién hablo.
—Soy su socio.
—¿Ha hablado con ella? Necesito reunirme con Elspeth Douglas con urgencia.
Fiona y yo miramos a David, esperando una reacción que no llega.
—Eso no va a ser posible, señor McAverley. Estará ausente un tiempo. Tendrá que hablar conmigo.
—¿Ausente? ¿Cuánto tiempo?
—¿Qué desea? —David esquiva la pregunta con una facilidad que, pese a todo, tengo que reconocerle.
—Necesito información sobre una investigación que estaba llevando. Es muy importante. ¿Está usted al corriente?
—Tendrá que concretar más.
—No quiero dar detalles por teléfono. Necesito hablar con ella.
—Y yo no puedo darle información sin saber de qué estamos hablando.
Hay un breve silencio al otro lado.
—Mi madre contrató a Elspeth Douglas para una investigación y necesito conocer el resultado. No sé qué llegó a contarle, pero ahora es vital que averigüe qué descubrió.
—Si su madre era cliente de la señorita Douglas, entenderá que no pueda proporcionarle información.
—Mi madre ha muerto. —Hace una pausa—. Por cierto, todavía no me ha dicho cómo se llama.
David ignora el comentario de nuevo.
—¿Qué relación tiene esa investigación con usted?
—No quiero hablar esto por teléfono. Solo puedo decirle que el resultado de esa investigación es muy importante.
Hable con Elspeth Douglas, por favor. Una llamada, una videollamada, lo que sea.
No la conozco, jamás he hablado con ella, pero necesito saber qué averiguó.
Si usted está al corriente, podría reunirme con usted.
—No lo estoy, señor McAverley.
Golpeo la mesa con la palma antes de poder contenerme.
David me mira.
¿Cómo puede decirle eso? Tiene delante a alguien dispuesto a reunirse, alguien relacionado con un caso de Elspeth del que no sabemos absolutamente nada, y acaba de cerrarle la puerta.
Fiona niega con la cabeza. Por una vez, parece pensar exactamente lo mismo que yo. David, en cambio, ni se inmuta.
—Volveré a ponerme en contacto con usted.
—Espere. —La urgencia en la voz del hombre aumenta—. Necesito esa información cuanto antes, por favor. Averigüe lo que le he pedido y dígame dónde podemos reunirnos. O consiga que Elspeth Douglas se ponga en contacto conmigo. Entonces se lo explicaré todo.
Me inclino sobre la mesa hasta quedar prácticamente encima de David. Debo de tener el ceño tan fruncido que apenas veo, pero el mensaje parece llegarle.
—Volveré a llamarle lo antes posible.
—Por favor... —insiste el hijo de la del apellido del whisky.
—¿Qué? —me pregunta con cierto desafío.
—Dímelo tú, David. No pareces muy entusiasmado por tener un hilo del que tirar.
—¿Qué hilo, Taylor? No tengo ni idea de por qué esa mujer contrató a Elspeth. No sé nada de ese caso y él no estaba dispuesto a contarme más. Lo mejor es informar a la policía y que sean ellos quienes averigüen de qué se trata.
—¿La policía? He ido a verlos dos veces, David.
Dos. Y trabajo con policías; sé distinguir cuándo están dejándose la vida por un caso y cuándo tienen delante otro condenado al archivo.
Hasta ahora han hecho lo habitual en una desaparición que consideran voluntaria, aunque no lo digan tan claramente.
Me han contado lo que han hecho, pero ni una palabra sobre lo que piensan hacer.
Y me temo que la respuesta es nada. —Señalo el teléfono—.
Ahora tenemos una pista. Ese hombre acaba de decirnos que su madre contrató a Elspeth para una investigación.
¿De verdad no merece la pena tirar de ahí?
—Tu planteamiento se desmorona, Taylor. Puede que la policía no esté haciendo demasiado, pero si les damos información nueva tendrán que investigarla. Y pueden conseguir que ese hombre les cuente lo que no ha querido contarnos a nosotros. Yo no creo que sea tan importante como tú piensas.
Estoy a punto de perder los nervios. Su pasividad empieza a resultarme insoportable.
—¿Por qué no es importante? —pregunta Fiona.
—Porque estamos dándole demasiada importancia y creo que ese apellido nos está confundiendo.
—Es el mismo que figura en la agenda —replico—.
¿De verdad sigues creyendo que Elspeth pensaba darse un festín de whisky?
Averigüemos quiénes son, a qué se dedican, si tienen algo que ver con los del whisky.
Ni siquiera sabemos si es la misma familia.
Elspeth dijo que estaba enamorada y quien acaba de llamar es un hombre que, por la voz, no parece muy mayor. No sé... algo tiene que haber.
—Investigaré el apellido, por supuesto, pero debemos informar a la policía. Nos pidieron que les comunicáramos cualquier información relacionada con Elspeth, tanto personal como de la agencia.
Estoy a punto de responderle cuando me detengo.
Lo observo. No creo que tenga intención de hacer demasiado y seguir discutiendo no va a conseguir que la tenga. Pienso en Colton, en todo lo que he aprendido a su lado y en la profesión a la que llevo años intentando dedicarme.
Toca actuar.
Me alejo de ellos, me dejo caer en el sillón y me cubro la cara con las manos.
Fiona se acerca enseguida y me frota la espalda.
—Tranquila, Taylor. Vamos a hacer todo lo que podamos. Nosotros también queremos encontrarla...
—Lo sé. —Respiro hondo antes de mirarlos—.
Y os pido disculpas. Estoy tan nerviosa...
David, lo siento. No debería haberme puesto así.
Tienes razón: hay que informar a la policía.
Nosotros no sabemos nada de ese caso y seguramente ellos consigan sonsacarle a ese hombre lo que no ha querido contarnos. Puede que ni siquiera sea importante.
La expresión de David me confirma que se lo ha tragado.
—Es lo mejor, Taylor. Por mucho que intentemos hacer, no tenemos medios para obtener determinada información. Podríamos complicarlo todo y, además, ninguno de nosotros es precisamente objetivo en este asunto.
Se acerca y se agacha delante de mí.
—Hablaré con la policía... —murmuro, dejando que me tiemble un poco la voz—. Voy ahora mismo.
—Vale, si quieres encargarte tú... Ya te conocen —dice con una sonrisa que le borraría de buena gana.
—¿Quieres que te acompañe? —pregunta Fiona.
—No, de verdad. Necesito estar sola un rato y tranquilizarme. Cuando salga de allí os llamo. —Vacilo, como si acabara de ocurrírseme—. Aunque me da miedo que no hagan nada.
Esa es la frase que necesitaba.
—No vamos a quedarnos de brazos cruzados —asegura David—. Investigaré a esa familia.
Perfecto.
—De acuerdo.
Me levanto, recojo el bolso y me dirijo hacia la salida, pero antes de marcharme me vuelvo hacia Fiona.
—El número de teléfono.
En cuanto me lo da, salgo de la agencia con el corazón en la garganta.
Espero a abandonar el edificio y marco el número.
—¿Señor McAverley?
—Soy yo.
—Llamo de la agencia. Dígame dónde quiere que nos reunamos.
—¿Es usted Elspeth Douglas?
Estoy a punto de decirle que sí, pero algo me detiene. No sé si realmente no la conoce, como ha asegurado, ni qué relación tenía su madre con ella. En realidad, no sé absolutamente nada.
—No, pero ha pedido reunirse con ella. ¿Dónde? ¿Cuándo?
Me da las indicaciones de un parque. Dentro de tres horas.
Tiempo suficiente para tranquilizarme y hablar con Colton.