4 Taylor
Mi adorable caos
La Unidad de Investigación del NYPD, en Lower Manhattan, parece un auténtico caos para cualquiera que la visite por primera vez.
Gente entrando y saliendo sin descanso, teléfonos que no dejan de sonar, detectives cruzándose por los pasillos con cafés a medio terminar y conversaciones que empiezan en una puerta y terminan dos despachos más allá.
Sin embargo, para mí, que llevo más de dos años colaborando aquí como psicóloga forense mientras espero una plaza definitiva, no hay lugar en el que me sienta más viva.
Mi sueño es formar parte de este equipo a diario y dejar la clínica definitivamente.
Pero esa plaza todavía no es mía. Hasta que llegue ese momento, compagino la Unidad con la consulta privada.
Ayudo a mi madre en la clínica y, aunque no es donde realmente quiero estar, los ingresos son bastante mejores que los de la policía.
Mientras tanto, colaboro aquí como psicóloga forense.
Otra compañera se ocupa principalmente del trabajo de campo; yo asesoro interrogatorios, elaboro perfiles y trato de encontrar respuestas donde otros solo ven declaraciones.
Colton me indica con la mano que entre mientras sigue enzarzado con alguien al otro lado del teléfono. Por lo poco que alcanzo a escuchar, parece que está echándole una buena bronca por un retraso.
Es mi mejor amigo desde que tengo uso de razón. También el responsable de que acabara orientando mi carrera hacia la psicología forense y descubriera que mi sitio siempre había estado aquí.
—¿Estás bien? —me pregunta nada más colgar. Hace un segundo parecía dispuesto a comerse vivo a quien estaba al otro lado del teléfono; ahora su voz suena tan tranquila que cuesta creer que sea la misma persona.
—Estoy bien, detective.
Técnicamente, Colton es mi superior. Bueno, como prácticamente cualquiera en esta Unidad. Pero cuesta reconocer autoridad en alguien a quien siempre has sentido como un hermano.
—¿Seguro?
—¿Por qué no iba a estarlo?
—Por dos motivos.
—¿Dos? Sorpréndeme.
—Venga, chica dura. Hay dos cosas que te rondan la cabeza. Una, que tu novio te haya dejado.
—No era mi novio.
Se echa a reír. El abrecartas que hay a mi alcance debería estar bastante más lejos.
—Lo siento —dice cuando ve mi expresión de fastidio—. Es que cada vez que me acuerdo de la carta que le escribiste...
Vuelve a reírse.
Todavía no sabe que la parte verdaderamente divertida viene después. Ya le contaré en otro momento de quién está enamorado Nolan. Quiero verle la cara cuando descubra que el supuesto amor imposible es él.
—No era mía, joder. La paciente la recitó en voz alta y supuse que era la misma. Había escrito siete u ocho...
—El orgullo, psicóloga. Si no te hubiera invadido, habrías sido más sensata. Le habrías pedido que se largara sin más. ¿A qué clase de gilipollas se le ocurre jugar a las terapias para soltarte que se ha enamorado de un tío?
—A él. Y no fue orgullo.
—¿Qué fue?
—Me dijo que no quería hacerme daño, que le daba pena, que no me lo merecía y...
Se apoya en la mesa y entrelaza las manos mientras me mira como si quisiera fulminarme.
—Vale, fue orgullo. Me pilló por sorpresa.
—¿Y la psicóloga?
—La psicóloga es humana —le digo, consiguiendo que vuelva a reírse.
Mi profesión me ha enseñado a leer a los demás con bastante facilidad. El problema es que todo lo que sé deja de servirme en cuanto las emociones son mías.
—Creo que eso fue una excusa, Taylor. Se inventó que es gay para darle más dramatismo a la ruptura.
—Esas cosas las haces tú.
—Yo soy sincero.
—¿Por eso una vez te inventaste que te habían destinado a Ohio?
—¿Tenemos que hablar de mí?
—¿Y de mí?
—Solo quería animarte.
—Pues no es necesario. Estoy bien. Solo llevábamos unos meses saliendo.
Me da igual de quién se haya enamorado. Tengo un buen recuerdo de lo nuestro y, cuando follábamos, nos lo pasábamos bien.
No voy a volver a verlo. Ya le he dejado claro que tengo los amigos que necesito y no quiero ninguno más. ¿Podemos dejar de hablar de Nolan?
—Bien, pues hablemos de tu hermana. Ese es el otro motivo por el que no estás bien.
—El único, Colton. El único motivo. Dispara, ¿qué ocurre?
—Harrison ha movido algunos hilos.
—¿Has hablado con Harrison? —le pregunto sorprendida de que haya involucrado al inspector jefe de la unidad.
—Era necesario, Taylor. Yo no llego hasta Escocia. Él tiene un contacto en la Metropolitan Police y, a través de él, hemos podido hablar con la gente de Police Scotland.
—¿Y?
—Dentro de un rato te lo contará él. Ahora está reunido, pero puedo adelantarte lo importante.
—Dispara, Colton —le digo, inquieta por haber involucrado al jefe y por lo que pueda contarme.
Niega con la cabeza.
—Nada nuevo, Taylor.
Siento cómo se me encoge el estómago.
—¿Tanto misterio para que me digas que no hay nada?
—Lo siento.
—Entonces Fiona tenía razón... No están haciendo nada.
—No exactamente. El caso sigue abierto y continúan investigando, pero de momento no han encontrado nada que indique que tu hermana no se marchara por voluntad propia.
—¿Y el vídeo de Skye?
—Han hablado con el hotel que aparece al fondo. Elspeth no se alojó allí.
—Pero estuvo allí.
—Sí. Eso es lo único que demuestra el vídeo. Que estuvo cerca del hotel unos días antes de desaparecer.
Guardo silencio.
—Me dijo que, por primera vez en mucho tiempo, era feliz. Que estaba enamorada… —me evado recordándolo.
Colton me observa sin interrumpirme.
—No sé, Colton... No creo que eligiera ese lugar por casualidad. Tiene que significar algo.
—Puede. He estado mirando la zona. El hotel está bastante aislado y alrededor solo hay unas cuantas casas de lujo. Él mismo era una de ellas antes de que lo convirtieran en hotel hace unos años.
—Elspeth no ha desaparecido voluntariamente, Colton.
—Yo tampoco lo creo. Pero entiende cómo lo ven ellos. Tu hermana es detective privado, llevaba un caso del que no hablaba con nadie y lo único que saben es que le dijo a su socio que iba a infiltrarse en él.
—Precisamente por eso no me convence. Si había una persona a la que jamás habría dejado al margen, era a mí. Tenía que venir a Nueva York. Ya tenía los billetes.
—Hablando de billetes... —dice Colton bajando la voz—. ¿Sigues pensando en viajar a Escocia?
—¿Tú qué harías? Si pudiera, me iría mañana mismo. No sé qué puedo encontrar, pero...
—He hablado con...
Se detiene cuando la puerta se abre de golpe y Harrison entra en el despacho. Como siempre, no necesita alzar la voz para imponer respeto.
—Stone.
—Jefe.
—¿Le has contado algo? —le dice a Colton.
—Sí, estábamos...
—Bien —lo interrumpe antes de volverse hacia mí—. Tienes quince días.
Lo miro sin entender nada.
—¿Qué?
—Tienes quince días de permiso. ¿No es lo que querías?
No es difícil adivinar quién ha movido los hilos. Colton sigue evitando mirarme, pero muestra una pequeña sonrisa.
—Sí, claro... yo... Gracias, jefe...
—No me las des todavía. Vas por un asunto personal.
No representas a esta Unidad ni al NYPD.
Limítate a estar con tu familia y deja que la policía haga su trabajo.
Por lo que he averiguado, siguen trabajando en la desaparición.
Que no hayan encontrado nada todavía no significa que la hayan dejado de lado.
Asiento en silencio. No tengo ganas de explicarle que allí no tengo familia, al menos no como yo la entiendo.
Mi familia está en Nueva York, con mis padres.
En Escocia solo está Elspeth, la hermana que apareció en mi vida hace siete años y que, de algún modo, consiguió hacerse un hueco enorme en ella.
Nuestro padre biológico murió hace más de un año.
—Mientras tanto, reorganizaremos el trabajo aquí.
—Gracias.
—Y una cosa más, Stone. Si das con algo que pueda ser relevante, comunícaselo a la policía local. Aunque tampoco esperes demasiado de los ingleses.
—Escoceses... —murmura Colton.
Harrison gira despacio la cabeza hacia él.
—Eso he dicho.
Colton baja la vista para ocultar una sonrisa.
Yo hago lo mismo.
Harrison me sostiene la mirada unos segundos, como si quisiera asegurarse de que he entendido lo importante, y sale del despacho sin añadir una palabra.
—Gracias —le digo a Colton.
—Si pudiera, te acompañaría. Llámame las veces que haga falta. Cuéntamelo todo y, si puedo ayudarte desde aquí, lo haré.
—Pues empieza ahora. ¿Qué debo hacer aparte de subirme a un avión rumbo a Escocia?
Se queda pensativo unos segundos.
—Yo iría directamente al hotel. Es la única pista que tienes. Alójate allí, pregunta lo justo y observa. Después tendrás tiempo de ir a Inverness, pasar por su casa, por la agencia y hablar con su gente.
Asiento despacio.
No es mucho, pero es más de lo que tengo ahora.
Observo a Colton y tiene una expresión que no pasa desapercibida.
—En voz alta, Colton —le murmuro. Es nuestra manera de pedirnos que hablemos claro, sin guardarnos nada.
—No creo que encuentres nada, pero... te hará sentir mejor saber que lo has intentado. Aunque contigo nunca se sabe. Tienes una facilidad especial para fijarte en lo que los demás pasan por alto. Quizá consigas averiguar algo que hasta ahora ha pasado inadvertido.
Cuando estoy a punto de salir del despacho, Colton vuelve a hablar de la carta.
Se echa a reír y no necesito más para recordar el ridículo que hice por culpa de mi maldito orgullo.
Le adoro, pero, como todo ser humano, a veces también es un gilipollas.
—¿Recuerdas que te dije que Nolan me habló de un amor imposible?
—Ajá.
—También me dijo que era gay, que yo se lo había presentado y que lo veía casi todos los días en el gimnasio. Después dijo su nombre. ¿Quieres que te lo diga o ya has deducido quién es?
Su sonrisa desaparece de golpe.
No espero a que responda.
Me llevo esa cara de absoluto desconcierto conmigo.
Me la llevo hasta la isla de Skye.
Es una locura. Quizá no encuentre nada, pero es el único lugar por el que puedo empezar.
Y tengo que hacerlo.
La echo tanto de menos...