Los Leones de la Montaña CAPÍTULO XXXV
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CAPÍTULO XXXV

El pasajero dacio

Trajano firmó el acuerdo sin modificaciones.

Sin embargo, las órdenes de liberación y exilio no llegaron todas al mismo tiempo. Roma separaba familias con la misma lentitud burocrática con la que registraba impuestos, propiedades y condenas.

Cada mañana, un funcionario aparecía en la prisión llevando nuevos documentos. Leía varios nombres, confirmaba destinos y determinaba quién debía partir.

Una mañana, pronunciaron el nombre de Cléra.

El funcionario desenrolló el documento ante los barrotes.

—Cléra Lioni, princesa de los Leones de la Montaña, será llevada al puerto y enviada a Anatolia.

Cléra se puso en pie sin mostrar reacción alguna.

—Ese documento también lleva el nombre de Adrian —observó Sacandro.

El funcionario examinó la segunda línea.

—La orden fue redactada antes del incidente en el calabozo.

Rafan cerró los puños.

—El incidente tiene un nombre. Asesinato.

—Yo solo cumplo la sentencia.

—¿Y el nombre de Cornelius? —preguntó Liandra—. ¿Aparece en algún documento?

El funcionario volvió a enrollar el pergamino.

—Preparad a la princesa.

Fuera de la celda esperaban dos guardias.

Cléra tenía pocas pertenencias. Una túnica, una capa, algunas prendas y el anillo que no se había quitado desde su boda. Melina intentó acomodarlo todo dentro de una pequeña bolsa solo para mantener las manos ocupadas y no llorar.