Los lazos de Hércules (Hércules 2) Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

Patro ya me había dicho que no me preocupara por esposar a algún titán porque él y Aquiles se encargarían de eso.

Cerr é la mandíbula de golpe y extendí las manos para que me las diera.

Caronte ignoró mis brazos extendidos. Invadió mi espacio personal para abrochar las hebillas alrededor de mi cintura y muslos; sus uñas negras brillaban.

Su aroma a tormenta me dificultaba el pensamiento.

Augusto nos observaba a los dos con una mirada intensa.

Cuando Caronte por fin se apartó, jadeé como si hubiera corrido.

—Es un poco excesivo. —Ahora era un arsenal ambulante.

Los rasgos pálidos de Caronte se tensaron, y por un segundo, me recordó a la parca con la que había tenido pesadillas; la que me observaba mientras dormía.

— Yo decidiré qué es necesario para tu protección —dijo Caronte—. Eres novata y eres mujer. Nosotros hemos sido soldados durante años.

—Eso es sexista —dije.

—Exactamente. —Caronte sonrió con desdén y alzó una ceja, sin molestarse siquiera en negarlo.

Me indigné. Era una red flag andante tan evidente que ni siquiera era gracioso.

Sacudí la cabeza.

—Eres horrible.

Una sonrisa pecaminosa se dibujó en su rostro.

— Carissima , ¿alguna vez he fingido ser un buen hombre?

Me ruboricé con un calor que me negaba a identificar, preferí darme la vuelta y alejarme de él.

Rodeé a Ágata, que estaba en pleno split tocándose el muslo con la cara, y me detuve junto a Drex.

—¿Qué te parece hacer un pacto suicida? —le pregunté casualmente—. Por otro lado, cambiando completamente de tema, ¿quieres una pistola? Tengo de sobra.

Caronte masculló algo detrás de mí (muy probablemente un insulto), y Nyx siseó algo en respuesta (muy probablemente sexual).

Fantaseé con lanzarla contra él.

Drex se rio, luego, su expresión se volvió mortalmente seria.

—Acepto.

—Gracias a Dios.

Drex se estremeció.

—Tengo un mal presentimiento sobre la misión de hoy. Es demasiado…

Crac.

Una mujer se transportó al atrio, y Drex dejó de hablar conforme la brillante niebla roja llenaba la habitación. Se sentía como un manto de terror.

Artritis (Artemisa) había vuelto.

—Estoy aquí porque Hades está indispuesto —dijo Artemisa con frialdad—. Ares y él siguen rastreando un avistamiento anormal de titanes en Australia.

—Ágata y Drex, hubo un avistamiento en las montañas de Canadá. —Artemisa sacó un trozo de papel del bolsillo de su toga y se lo entregó a Ágata—. Aquí están sus coordenadas.

Artemisa volteó hacia el resto del grupo.

El miedo tenía un sabor agrio en mi lengua.

—Augusto, tú y tu compañero irán a Sudamérica; rastreamos uno en el Amazonas. —Le entregó las coordenadas a Augusto.

Caronte se puso pálido cuando Artemisa se le acercó.

Ella ni lo miró, pero su niebla se espesó y lo rodeó, palpitando, como si estuviera atacándolo. El humo escarlata evitó a Augusto por completo.

El rostro de Caronte era inexpresivo mientras la niebla lo engullía.

«Lo está atormentando».

Artemisa aplaudió.

—Patro, Aquiles, y… Hércules, quiero decir, Alexis. —Me miró con desconfianza, como si fuera mi culpa que no supiera cómo llamarme—. Cambiamos su ubicación inicial. Tuvieron suerte, por ahora van a quedarse cerca —dijo Artemisa sin emoción—. Acaban de avistar un titán en Roma.

Le entregó las coordenadas a Aquiles, quien las tomó con un asentimiento, pero al igual que Augusto, la niebla no lo rodeó. El poder de Artemisa lo dejó intacto.

«¿Artemisa les teme a los hijos de la Casa de Ares?».

«¿Por qué?».

Patro frunció el ceño.

—¿Estás segura de que estaba dentro de la ciudad, dentro de la zona protegida? —Bufó con incredulidad.

El rostro de Artemisa se torció con malicia.

—Sí. —Su cabello castaño se erizó de poder—. Como se les dijo, hubo un cambio en su comportamiento. Eso es lo que están investigando Hades y Ares. Ustedes se encargarán de este.

Patro hizo una reverencia profunda.

—Por supuesto.

Artemisa lo ignoró. Se metió la mano en el bolsillo y sacó un montón de cosas que parecían etiquetas de colores.

—Una cosa más. —Caminó por el atrio repartiendo las etiquetas—. La Federación aprobó un nuevo decreto que debemos seguir; de ahora en adelante, cada vez que capturen un titán, deben etiquetarlo.

Las etiquetas doradas se sentían frías y pesadas en mis dedos hormigueantes.

Miré una.

De un lado decía, «Hércules, Casa de Hades», y en la parte de atrás, tenía un grueso alfiler.

—Una vez que hayan esposado a un titán, claven esa etiqueta en su labio inferior. De esa manera, será fácil identificar quién lo capturó.

Me metí las etiquetas en uno de los bolsillos del pantalón. «De ninguna manera voy a hacer eso».

—Buena suerte, soldados —dijo Artemisa inexpresivamente—. Por lo de Medusa, la Federación nos está observando muy atentamente. No regresen hasta que hayan capturado a su titán.

Todos asintieron.

—Medusa arruinó nuestros planes de sorprender a los olímpicos. La guerra se está intensificando. Son tiempos oscuros para los ctónicos… Tengan cuidado.

Respiré con dificultad.

Artemisa peló los dientes.

—Que Cronos bendiga su caza. Aplasten a sus enemigos … si no, más les vale morir en el intento.

Crac.

Artemisa se transportó.

El humo escarlata brillante giró por el atrio y empezó a desaparecer, pero la sensación de terror permaneció.