Capítulo 15 #4
Aquellas palabras permanecieron en mis pensamientos.
Hasta hacía poco había considerado que una relación profunda con Adrián estaría inevitablemente condicionada por su naturaleza humana. Ahora sabía que no pertenecía a esa especie y que existían civilizaciones cuyas condiciones biológicas podían resultar más compatibles con las nuestras.
Pero todavía desconocía quién era realmente.
No podía construir expectativas sobre una hipótesis sin confirmar.
—Onix, ¿crees que estoy cometiendo un error?
Mi asistente reflexionó.
—No creo que conocer a alguien sea un error. Pero podrías equivocarte si comenzaras a imaginar un futuro sin saber quién es.
Asentí.
—Eso tiene sentido.
—Y tampoco debes olvidar que pronto regresaremos a Naurea.
Observé el calendario.
Durante meses había esperado aquel momento con entusiasmo. Deseaba volver a ver Aeliria, conversar con Tharion y Naureia, recorrer los jardines de nuestra ciudad y continuar mis investigaciones.
Pero también quería regresar a Los Olivos al día siguiente.
Deseaba escuchar a Mercedes tocar el piano, saber si Roberto había terminado su nueva caja y descubrir si Teresa había conseguido hablar con su hijo.
Y quería volver a encontrarme con Adrián.
—¿Te entristece? —preguntó Onix.
Permanecí en silencio.
—Sí —admití finalmente.
Mi asistente se acercó.
—Entonces quizás deberías comenzar a pensar cómo quieres despedirte.
Aquella sugerencia me produjo una sensación desagradable.
—Todavía tenemos algunos días.
—Lo sé.
—No quiero pasar ese tiempo pensando únicamente en el momento de marcharme.
Onix asintió.
—Entonces procura aprovecharlo.
Lo observé con una sonrisa.
—Eso haré.
Aquella noche completé los registros correspondientes a la reunión. Organicé las observaciones de mis compañeros y añadí una evaluación preliminar sobre la presencia de otras civilizaciones en la Tierra.
El informe incluía los datos disponibles sobre Adrián, pero evitaba atribuirle una procedencia que todavía no había confirmado.
Después abrí mi archivo personal.
Durante varios minutos contemplé la superficie vacía.
Había registrado numerosas experiencias desde mi llegada. Algunas describían descubrimientos científicos; otras intentaban comprender reacciones emocionales que nunca había esperado experimentar de aquella manera.
Esta vez sabía exactamente qué deseaba escribir.
Hoy he comprendido que mi regreso a Naurea está mucho más cerca de lo que imaginaba. Durante meses he esperado ese momento con entusiasmo. Sin embargo, ahora experimento tristeza al pensar en las personas que dejaré atrás.
Permanecí contemplando aquellas palabras.
Después continué.
Todavía desconozco el verdadero origen de Adrián y las razones que lo llevaron a la Tierra. No sé qué lugar ocupará en mi vida, pero deseo conocerlo mejor. La posibilidad de que dispongamos de muy poco tiempo para hacerlo me resulta difícil de aceptar.
Recordé las palabras de Mercedes.
Cuando una persona nos importa, también comienza a importarnos su ausencia.
No sabía si estaba enamorada de Adrián. Todavía no deseaba utilizar aquella palabra para describir una relación que apenas comenzaba a desarrollarse.
Pero sabía que pensar en nuestra separación me producía tristeza.
Y que aquella tristeza no tenía relación con el éxito o el fracaso de mi investigación.
Guardé el archivo y me acerqué a la superficie panorámica.
La Tierra se extendía bajo nosotros, iluminada por sus ciudades y rodeada por la inmensidad del espacio.
En algún lugar de aquella oscuridad se encontraba Vaeloria, la posible procedencia de Adrián.
En otra región distante permanecía Naurea, mi mundo, donde me esperaban mis tutores, mis compañeros y la vida que había construido antes de iniciar esta expedición.
Entre ambos estaba la Tierra.
El planeta al que había llegado para estudiar los vínculos de una civilización desconocida y donde había comenzado a construir relaciones que no figuraban en ninguno de mis planes.
Pensé en Adrián.
En sus ojos plateados, en su manera de escuchar y en la facilidad con la que nuestras conversaciones podían prolongarse sin que ninguno pareciera advertir el paso del tiempo.
No sabía si realmente pertenecía a Vaeloria. Tampoco conocía los acontecimientos de su pasado que lo habían llevado a ocultar su identidad.
Pero deseaba descubrirlos.
Y comprendía que conocer su historia podía modificar profundamente la manera en que lo veía.
Durante mi formación había aprendido que el conocimiento permitía reducir la incertidumbre. Ahora comenzaba a descubrir que algunas respuestas podían abrir preguntas mucho más difíciles.
Regresé la mirada hacia la Tierra. Pronto tendría que marcharme. Esa era la única certeza.
Todavía no sabía cómo me despediría de Adrián ni si nuestra relación llegaría a convertirse en algo diferente de la amistad que habíamos construido.
Pero por primera vez desde mi llegada al planeta deseé que el tiempo avanzara más lentamente. No porque hubiera dejado de querer regresar a Naurea. Sino porque había descubierto que también existían razones para desear permanecer.