Los Invisibles Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

El Linaje Celeste había mantenido contacto con otras civilizaciones mucho antes de que yo naciera. Algunas de aquellas relaciones habían sido cooperativas. Otras formaban parte de un pasado de expansión y dominio que Tharion siempre me había enseñado a examinar críticamente.

—¿Has encontrado indicios de presencia extraterrestre contemporánea? —pregunté.

Xandor me observó.

—Sí.

Mi atención se intensificó.

—¿En qué ámbitos?

—Científicos, económicos y, posiblemente, políticos. Algunas especies parecen limitarse a observar. Otras podrían mantener relaciones prolongadas con instituciones humanas.

—¿Y representan un peligro? —preguntó Azael.

—No puedo establecer una conclusión general. Sus objetivos parecen ser diferentes.

Khael intervino.

—La presencia de una civilización no humana no constituye por sí misma una amenaza. Debemos evaluar sus acciones, no solamente su procedencia.

Asentí.

Adrián era una prueba de que otros visitantes podían permanecer entre los humanos sin revelar su origen. Pero todavía desconocía si su presencia respondía a una misión organizada o a decisiones personales.

Zireth tomó la palabra a continuación.

Las imágenes políticas desaparecieron y fueron reemplazadas por hospitales, laboratorios y centros de investigación.

—Los humanos han desarrollado conocimientos médicos importantes —comenzó—. Sin embargo, todavía enfrentan enfermedades y limitaciones tecnológicas que otras civilizaciones han conseguido superar.

Explicó algunos de sus hallazgos sobre tratamientos, prevención y diferencias en el acceso a la atención sanitaria. Después activó una nueva representación.

Apareció una galaxia distante.

—También he encontrado información sobre una civilización que mantiene presencia discreta en la Tierra desde hace generaciones.

Observé la imagen.

—¿Cuál? —preguntó Khael.

—Vaeloria.

Reconocí inmediatamente el nombre.

Había estudiado registros sobre aquella región del universo durante mi formación. Sus civilizaciones poseían conocimientos avanzados en biología, medicina y adaptación fisiológica.

—¿Te refieres a los vaelorianos? —pregunté.

Zireth asintió.

—Algunos de sus representantes han contribuido discretamente al desarrollo de conocimientos médicos terrestres. En determinados casos trabajan dentro de instituciones humanas utilizando identidades compatibles con las costumbres locales.

Pensé inmediatamente en Adrián.

En su trabajo como médico.

En su extraordinaria capacidad de observación.

En aquellos ojos que habían cambiado de color frente a mí.

—¿Su apariencia puede confundirse con la humana? —pregunté.

—En algunos casos, sí. Existen semejanzas físicas importantes, aunque poseen características fisiológicas diferentes y capacidades de adaptación que les permiten modificar ciertos rasgos externos.

Sentí una leve aceleración de mi ritmo cardíaco.

—¿Como la pigmentación de los ojos?

Zireth me observó con curiosidad.

—Entre otras cosas.

Permanecí contemplando la representación.

Aquella información no confirmaba que Adrián perteneciera a Vaeloria, pero ofrecía una posibilidad que no había considerado hasta entonces.

—¿Todos se dedican a la medicina? —preguntó Nevara.

—No. Es una civilización con múltiples especialidades. Sin embargo, la preservación de la vida ocupa un lugar importante en muchos de sus sistemas científicos.

—¿Sus intervenciones en otros mundos son siempre pacíficas? —preguntó Xandor.

Zireth negó lentamente.

—No sería correcto atribuir las mismas intenciones a todos los individuos de una especie. Los registros disponibles describen numerosos proyectos de cooperación, pero eso no significa que todos sus integrantes actúen de la misma manera.

Khael asintió.

—Una distinción importante.

Yo continuaba observando las imágenes.

Hasta hacía poco había supuesto que cualquier relación profunda con Adrián estaría condicionada por las diferencias entre la esperanza de vida humana y la nuestra. Había pensado en Mercedes, en los años que había compartido con su esposo y en el dolor que había experimentado después de perderlo.

Ahora sabía que Adrián no era humano.

Y existía la posibilidad de que nuestras condiciones biológicas fueran menos diferentes de lo que había imaginado.

Aquella idea me produjo una satisfacción inesperada.

También me obligó a reconocer que estaba considerando las consecuencias de una relación que todavía no había comenzado.

—Anuki —llamó Khael.

Levanté la mirada.

—¿Sí?

—¿Hay algo que quieras compartir con nosotros?

Comprendí que había llegado el momento.

—Sí. Durante mi trabajo en una residencia para adultos mayores conocí a un médico llamado Adrián. Inicialmente lo consideré humano, pero recientemente confirmó que pertenece a otra especie.

La atención de todos se dirigió hacia mí.

—¿Cómo lo descubriste? —preguntó Xandor.

—Durante una conversación observé una modificación voluntaria de sus ojos y posteriormente identifiqué características fisiológicas incompatibles con los patrones humanos habituales.

—¿Conoce tu verdadera identidad? —preguntó Khael.

—Sabe que no soy humana. También conoce mi nombre, pero no le he revelado información sobre nuestra expedición ni sobre las instalaciones.

Khael permaneció pensativo.

—¿Te ha dicho de dónde procede?

—Todavía no.

—¿Has detectado comportamientos hostiles?

—Ninguno. He observado su trabajo médico durante varias semanas. Trata a sus pacientes con respeto y demuestra una preocupación constante por su bienestar.

—Eso constituye información favorable —respondió Khael—, aunque no suficiente para establecer sus intenciones generales.

—Estoy de acuerdo.

Zireth volvió a observar la representación de Vaeloria.

—La modificación de los ojos y su actividad médica son compatibles con algunos registros vaelorianos. Pero necesitaríamos información adicional para confirmar su procedencia.

—Lo sé —respondí.

Khael activó una anotación en el registro de la expedición.

—Incorporaremos este encuentro a la evaluación de presencia extraterrestre en la Tierra. Por ahora no tenemos motivos para intervenir, pero debemos mantener la discreción.

—Entendido.

La reunión continuó con los informes de Nevara y Azael.

Nevara presentó observaciones sobre los vínculos entre humanos y animales. Había encontrado relaciones basadas en la cooperación, el afecto y la compañía, pero también situaciones de abandono y maltrato.

—Lo extraordinario —comentó— es que muchos humanos establecen vínculos profundos con individuos de otras especies, incluso cuando no pueden comunicarse mediante un lenguaje compartido.

Pensé en Onix.

Nuestra relación tampoco dependía de pertenecer a la misma especie.

Azael expuso sus conclusiones sobre el uso de recursos naturales y los conocimientos desarrollados por agricultores y comunidades locales. Había encontrado técnicas eficaces transmitidas durante generaciones, junto con prácticas que deterioraban los ecosistemas.

—Algunos humanos poseen un conocimiento extraordinario de los entornos donde viven —explicó—. No siempre se encuentra documentado en instituciones científicas, pero eso no reduce su valor.

Khael presentó finalmente sus observaciones geológicas. La Tierra poseía recursos abundantes y procesos naturales complejos, aunque determinadas actividades humanas estaban modificando sus condiciones ambientales con consecuencias difíciles de revertir.

Después llegó mi turno.

Mostré una representación de las diferentes etapas de mi investigación.

—Comencé trabajando como psicóloga, donde pude observar cómo los conflictos familiares, las pérdidas y las experiencias pasadas influyen sobre las relaciones adultas.

Posteriormente enseñé astronomía a adolescentes y trabajé durante una semana con niños pequeños.

Mi última etapa transcurrió en una residencia para adultos mayores.

Las imágenes mostraban escenas anónimas de los entornos que había estudiado.

—He encontrado diferencias importantes entre las etapas de la vida, pero también necesidades que permanecen. Los humanos buscan reconocimiento, seguridad, compañía y vínculos que les permitan sentirse parte de algo.

—¿Y el amor? —preguntó Nevara.

Sonreí.

—No existe una única manifestación. Puede aparecer en las relaciones familiares, en la amistad, en la pareja y en los cuidados que ofrecemos a personas con quienes no compartimos parentesco.

Recordé a Marissa, Brian y Elena. A Gabriel y Lucía, a Valentina y Ricardo. Pensé en Nicolás, en Emma y en los residentes de Los Olivos.

—También he comprobado que los vínculos pueden convertirse en fuentes de sufrimiento. El rechazo, la pérdida, la manipulación y la ausencia producen consecuencias importantes. Sin embargo, eso no impide que los humanos continúen buscando relaciones.

—¿Por qué? —preguntó Xandor.

Reflexioné.

—Porque esas relaciones también proporcionan experiencias que consideran valiosas. Y porque, en muchos casos, los beneficios de sentirse acompañados superan el temor a perder aquello que han construido.

Khael me observó.

—¿Consideras que tu participación directa ha influido sobre tus conclusiones?

—Sí. Al principio creía que podría comprender los vínculos humanos mediante una observación principalmente externa. Ahora considero que mi propia participación me ha permitido reconocer aspectos que no habría identificado del mismo modo.

—¿Eso compromete tu objetividad?

—Puede introducir sesgos, por lo que necesito distinguir mis experiencias personales de las conclusiones que puedo respaldar mediante evidencia. Pero también ha ampliado las preguntas que soy capaz de formular.

Khael asintió.

—Esa distinción será importante en tu informe final.

La reunión concluyó con la revisión de los procedimientos pendientes. Cada integrante debía completar sus registros, organizar los materiales de investigación y preparar el retorno a Naurea.

Cuando Khael desactivó la proyección, observé nuevamente la Tierra suspendida sobre la mesa.

Había llegado a aquel planeta con un objetivo definido.

Ahora regresaría con respuestas, nuevas preguntas y vínculos que no había previsto establecer.

Cuando abandonamos la sala, Zireth se acercó a mí.

—¿Podemos conversar un momento?