Capítulo 10 #3
—En esta ocasión existía un riesgo físico considerable. Pero incluso cuando no hay agresiones físicas, la intimidación repetida puede producir consecuencias importantes.
—No podemos estar pendientes de todo —murmuró.
—No —admití—. Pero podemos prestar atención cuando alguien intenta decirnos que necesita ayuda.
La conversación terminó poco después.
Aquella tarde comprendí que las diferencias entre los profesores no eran únicamente cuestiones de carácter o metodología. Sus respuestas podían influir directamente sobre la seguridad y el bienestar de un estudiante.
Al regresar a la nave, encontré a Onix revisando varios registros.
—Anuki, detecté una alteración importante en tus parámetros fisiológicos durante la jornada.
Dejé mis materiales sobre una superficie.
—Tuve que intervenir en una situación de riesgo.
Sus grandes ojos negros se abrieron.
—¿Qué sucedió?
Le expliqué el incidente, desde la conversación que había escuchado hasta el momento en que aparté a Nicolás de las escaleras. Onix examinó cuidadosamente los registros de mis movimientos.
—Utilizaste una velocidad superior a la que habíamos establecido como segura para tu identidad humana.
—Lo sé.
—Podrías haber despertado sospechas.
—Algunos estudiantes comentaron que me moví demasiado rápido.
Onix permaneció inmóvil.
—¿Cuántos?
—No puedo determinarlo con precisión. Las versiones comenzaron a circular y algunas incorporaron acontecimientos que nunca sucedieron.
—Eso es preocupante.
—También lo considero un riesgo. Tendremos que observar si los comentarios continúan.
Onix revisó nuevamente los datos.
—Conseguiste moderar tu velocidad, pero no lo suficiente para que pareciera un movimiento humano habitual.
—El margen de tiempo era muy reducido.
—Lo comprendo. Aun así, debemos evitar que vuelva a suceder.
Asentí. La discreción constituía una condición fundamental de nuestra misión y había actuado de una manera que podía comprometerla.
Onix permaneció callado unos instantes.
—¿El joven está bien?
Lo observé.
—Sí. Conseguí evitar que cayera.
Su expresión cambió.
—Entonces me alegra.
Sonreí.
—¿No vas a recordarme otra vez que debemos mantener nuestras capacidades ocultas?
—Por supuesto. Pero también me alegra que no haya resultado herido.
—Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
—Exactamente.
Nos quedamos en silencio durante unos instantes. Después Onix volvió a examinar los registros.
—¿Por qué querían lastimarlo?
—Parece que existe una situación de intimidación que se ha prolongado durante meses. Uno de los estudiantes ejerce una influencia considerable sobre los otros dos.
—¿Y nadie había intervenido?
—Nicolás afirma que intentó pedir ayuda, pero no recibió una respuesta adecuada.
Onix bajó ligeramente la mirada.
—Qué triste.
Me acerqué a la superficie panorámica y observé la ciudad iluminada.
Durante mis primeros meses en la Tierra había estudiado los vínculos humanos principalmente mediante relatos de experiencias pasadas.
Ahora había presenciado directamente cómo una relación de poder podía convertirse en una amenaza para alguien que no parecía disponer de recursos suficientes para defenderse.
—Onix, ¿por qué algunos individuos disfrutan provocando sufrimiento a otros?
Mi asistente permaneció pensativo.
—Existen numerosas explicaciones posibles. La búsqueda de poder, la necesidad de reconocimiento, la reproducción de comportamientos aprendidos...
—Conozco esas hipótesis. Pero todavía me resulta difícil comprender qué satisfacción puede proporcionar humillar a alguien que no representa una amenaza.
—Quizás no siempre se trate de satisfacción —respondió—. Tal vez algunos intenten evitar sentirse vulnerables haciendo que otros parezcan más débiles.
Recordé a Damián y la manera en que Mauro y Federico seguían sus iniciativas.
—Entonces la intimidación podría convertirse en una forma de establecer una posición dentro del grupo.
—Es posible.
Aquella hipótesis era coherente con mis observaciones. Pero explicar las posibles motivaciones de los agresores no modificaba las consecuencias de sus actos.
Nicolás había experimentado miedo durante meses.
Y aquella tarde había estado a punto de sufrir una lesión grave.
—Hay algo más que necesito comprender —admití.
Onix me observó.
—¿Qué cosa?
—Mi propia reacción.
—Actuaste para impedir un accidente.
—Sí. Pero no fue solamente eso.
Recordé el momento en que Mauro extendió los brazos hacia Nicolás.
Había reconocido el peligro y respondido con una rapidez que superaba mis movimientos habituales en presencia de humanos.
Durante mi formación había aprendido a actuar ante situaciones de emergencia.
No era la primera vez que evitaba un accidente.
Lo diferente había sido la intensidad de lo que experimenté al comprender que tres jóvenes pretendían lastimar deliberadamente a otro.
—Sentí indignación —dije finalmente.
Onix permaneció en silencio.
—Conozco sus mecanismos y las circunstancias que pueden desencadenarla —continué—. Pero no esperaba experimentarla de aquella manera.
—¿Porque no conoces mucho a Nicolás?
—Exactamente. No pertenece a mi especie ni a mi civilización. Apenas hemos compartido algunas clases. Sin embargo, cuando lo vi junto al borde de las escaleras, deseé impedir que le hicieran daño con una intensidad que no había previsto.
Onix se acercó.
—Querías protegerlo.
Observé nuevamente la ciudad.
Protegerlo.
Durante mi formación había estudiado aquella respuesta en numerosas especies. Conocía los mecanismos mediante los cuales algunos individuos protegían a sus descendientes, a sus compañeros y a miembros de otros grupos con quienes habían desarrollado vínculos.
No se trataba de un fenómeno desconocido.
Pero aquella tarde había experimentado personalmente una reacción protectora hacia un joven humano.
—Creo que sí —admití.
—¿Eso te preocupa?
Consideré su pregunta.
—Me interesa comprenderlo. Pero hay algo que me preocupa más.
—¿Qué?
—Que existan jóvenes que tengan miedo de asistir a un lugar donde deberían sentirse seguros.
Onix permaneció pensativo.
—Quizás eso explique por qué algunos profesores son tan importantes para sus estudiantes. No solamente les enseñan cosas. También pueden hacer que se sientan protegidos.
Recordé las palabras de Clara, la paciencia de Julián y la resignación con la que Nicolás había contado que un adulto no tomó en serio su pedido de ayuda.
—Creo que tienes razón.
Aquella noche organicé mis registros. Documenté las diferencias entre los grupos adolescentes, la influencia del reconocimiento social y los mecanismos mediante los cuales el humor podía utilizarse para establecer vínculos o ejercer poder.
También incorporé observaciones sobre las respuestas de los docentes y la importancia de una intervención adecuada ante situaciones de intimidación.
Después abrí mi archivo personal.
Hoy intervine para impedir que un estudiante resultara herido. Mi decisión respondió a un peligro real, pero experimenté una reacción emocional que todavía necesito comprender. No deseaba únicamente evitar una lesión. Deseaba protegerlo.
Permanecí contemplando aquellas palabras.
No había dejado de ser una investigadora. Continuaba interesada en los mecanismos, las causas y las consecuencias de cada comportamiento. También comprendía que utilizar mis capacidades sin suficiente precaución podía poner en peligro la discreción de nuestra expedición.
Sin embargo, cuando recordaba a Nicolás junto a las escaleras, no encontraba razones para arrepentirme de haber intervenido.
Debía aprender a proteger a los humanos sin revelar mi naturaleza.
Pero no deseaba convertirme en alguien capaz de observar una agresión y permanecer indiferente.
Cerré el archivo y regresé junto a la ventana.
En alguna vivienda de aquella ciudad, Nicolás estaría probablemente relatando lo sucedido. Me pregunté si conseguiría descansar y cómo se sentiría al regresar a la institución al día siguiente.
No disponía de respuestas.
Pero deseaba que pudiera hacerlo sin miedo.
Había llegado a la Tierra para estudiar por qué los humanos establecían vínculos capaces de modificar sus decisiones. Ahora comenzaba a descubrir que algunas de las preguntas más interesantes surgían de mis propias experiencias.
Al día siguiente regresaría al instituto. Continuaría enseñando astronomía, escuchando las preguntas de Tomás y Sofía y observando las relaciones que se construían entre los estudiantes.
También prestaría atención a Nicolás.
No solamente porque su experiencia constituyera un caso relevante para comprender las relaciones de poder durante la adolescencia.
Sino porque quería saber que estaba bien.