Capítulo 6 #3
Valentina interpretaba su apariencia mediante las opiniones de otros adolescentes.
Ricardo temía que sus decisiones matrimoniales determinaran el respeto que recibiría de quienes lo rodeaban.
En todos los casos, la mirada ajena influía sobre la manera en que comprendían su propio valor.
Sin embargo, no podía considerar que aquellas experiencias representaran a toda la humanidad.
Mis pacientes habían solicitado ayuda precisamente porque atravesaban dificultades.
Para comprender el comportamiento humano necesitaba observar también relaciones satisfactorias, desacuerdos resueltos sin sufrimiento prolongado y personas capaces de sostener decisiones contrarias a las expectativas de su entorno.
Cerré el consultorio y regresé a mi apartamento.
Durante el trayecto observé a los habitantes de la ciudad con renovado interés.
Una pareja caminaba tomada de la mano; dos amigas conversaban frente a una cafetería; un hombre permanecía solo en una parada de transporte mientras revisaba su dispositivo.
No podía determinar qué relaciones mantenían ni qué importancia atribuían a la opinión de quienes los rodeaban. Aquellas respuestas no podían obtenerse únicamente mediante la observación externa.
Al llegar, establecí comunicación con Onix.
—¿Cómo estuvo tu jornada? —preguntó.
—Compleja. Los tres casos muestran que los humanos pueden construir parte de su identidad mediante la valoración de otros individuos.
—¿Y eso es malo?
—No necesariamente. La aceptación favorece la pertenencia, pero puede provocar sufrimiento cuando una persona considera que su valor depende por completo de ella.
Onix permaneció pensativo.
—¿Qué pasó con la pareja?
—Gabriel desea una relación abierta y Lucía no. Todavía no saben si podrán encontrar un acuerdo compatible con las necesidades de ambos.
—¿Y si no pueden?
—Quizás deban separarse.
—Después de tantos años juntos...
—La duración de un vínculo no garantiza que deba continuar indefinidamente.
Onix me observó.
—¿Qué harías si alguien importante para ti quisiera algo que tú no deseas?
—Intentaría comprender sus razones y encontrar una solución.
—¿Y si no existiera?
—Tendría que aceptar que nuestras decisiones podrían llevarnos por caminos diferentes.
—¿Aunque quisieras mucho a esa persona?
Consideré su pregunta. Podía explicar los mecanismos relacionados con el apego, la pérdida y la toma de decisiones, pero nunca había experimentado personalmente un conflicto en el que conservar un vínculo se opusiera de manera tan intensa a una necesidad individual.
—No lo sé, Onix.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
—Es extraño escucharte decir eso.
—Sería poco riguroso afirmar que conozco cómo reaccionaría ante una experiencia que nunca he tenido.
—Entonces hay cosas sobre las relaciones que todavía no sabes.
—Por supuesto. Esa es una de las razones por las que estamos aquí.
Onix emitió un sonido divertido.
—A veces creo que podrías convertir cualquier conversación en una investigación.
—Probablemente.
—Al menos lo reconoces.
Sonreí y le pedí los registros comparativos que había preparado sobre autoestima, vínculos de pareja y aceptación social. Antes de finalizar la comunicación, volvió a preguntarme si pensaba descansar.
—Después de organizar mis observaciones.
—Eso también lo imaginaba.
Cuando su imagen desapareció, abrí mi archivo científico.
Los vínculos humanos parecen contribuir a la construcción de la identidad individual. Cuando una relación cambia, algunos individuos no solamente temen perder a otra persona, sino también el lugar que creen ocupar en su vida.
Añadí que la exclusividad, la confianza, la aceptación y el reconocimiento social no poseían el mismo valor para todos. Su importancia dependía de experiencias personales, acuerdos y expectativas culturales.
Después registré una pregunta que los tres casos habían despertado:
¿Es posible amar profundamente a alguien sin convertir su presencia, su aprobación o su fidelidad en la medida del propio valor?
No disponía de información suficiente para responderla.
Volví a mirar la ciudad desde mi ventana.
Había llegado a la Tierra para estudiar los vínculos humanos y cada consulta ampliaba mis conocimientos.
Sin embargo, comenzaba a reconocer una limitación importante: hasta entonces había escuchado principalmente a personas que acudían a mi consultorio porque sus relaciones les provocaban sufrimiento.
Necesitaba conocer también a quienes disfrutaban de sus vínculos.
Amigos que permanecían juntos por elección, familias que compartían responsabilidades sin considerarlas una carga y parejas que encontraban satisfacción en los acuerdos que habían construido.
Los humanos no podían definirse únicamente por sus conflictos.
Cerré el archivo y revisé las próximas actividades de mi agenda. Onix había previsto nuevas consultas y oportunidades para observar interacciones fuera del consultorio.
Aquello me pareció especialmente oportuno.
Después de todo, si quería comprender por qué los humanos concedían tanta importancia al amor, también debía descubrir qué encontraban en él cuando no estaban sufriendo.