Capítulo 5 #3
—Me gustaría mucho que eso pasara.
—Podemos trabajar para que encuentres una manera de seguir viviendo que también honre lo que compartieron.
Se despidió y abandonó el consultorio.
Durante unos minutos permanecí inmóvil.
Había atendido a tres personas cuyas experiencias eran profundamente diferentes.
Marissa sufría por las exigencias de un vínculo que deseaba conservar.
Brian temía establecer relaciones porque había aprendido a asociarlas con el peligro.
Elena continuaba vinculada emocionalmente a alguien que había muerto.
En los tres casos, las relaciones influían sobre sus decisiones incluso cuando la otra persona no estaba presente.
Aquello resultaba extraordinario.
Cerré el consultorio y caminé hacia mi apartamento.
La ciudad había cambiado desde la mañana.
Los establecimientos estaban iluminados y grupos de personas compartían mesas en las terrazas.
Observé a una pareja que discutía en voz baja, a dos amigas que reían y a un hombre que permanecía solo frente a una taza de café.
Hasta ese día, aquellos comportamientos habían formado parte de mis registros. Ahora comenzaban a adquirir una complejidad diferente porque había escuchado lo que algunos humanos pensaban y sentían mientras los experimentaban.
Al llegar a casa, establecí comunicación con Onix.
—¡Anuki! ¿Cómo estuvo tu primer día?
—Extraordinariamente interesante.
—¿Encontraste respuestas?
—Algunas. También surgieron nuevas preguntas.
—Eso parece sucederte con frecuencia.
—Es una consecuencia natural de la investigación.
Onix sonrió.
—¿Cómo estuvieron tus pacientes?
Le resumí las tres consultas y mis principales observaciones.
Marissa confundía su necesidad de descanso con una falta de amor.
Brian había incorporado las descalificaciones de su padre a la imagen que tenía de sí mismo.
Elena consideraba que recuperar la alegría podía significar una traición a su esposo fallecido.
—¿Y pudiste ayudarlos? —preguntó Onix.
—Les proporcioné herramientas compatibles con sus necesidades. Tendremos que evaluar los resultados durante las próximas sesiones.
—Pero ¿se sintieron mejor después de hablar contigo?
Recordé a Marissa cuando comprendió que podía amar a sus hijos y necesitar descanso. A Brian sosteniendo las anotaciones que había aceptado realizar. A Elena sonriendo al recordar su jardín.
—Mostraron señales de alivio —respondí—. Aunque todavía no podemos determinar si serán duraderas.
—Entonces hiciste algo bueno.
—Desempeñé correctamente mi función profesional.
—Una cosa no excluye la otra, Anuki.
Lo observé. Onix parecía satisfecho por una razón distinta de la que motivaba mi entusiasmo. Yo había obtenido información valiosa sobre el comportamiento humano; él encontraba importante que tres desconocidos hubieran abandonado el consultorio con algo más de esperanza.
—Ambos resultados son compatibles —admití.
—Eso mismo pienso.
Me informó que los demás integrantes de la expedición habían comenzado sus actividades sin incidentes importantes.
Xandor estaba especialmente desconcertado por la cantidad de normas que los humanos establecían y después incumplían.
Azael y Nevara habían iniciado sus observaciones ambientales, mientras Zireth preparaba su incorporación al entorno médico.
—Khael espera nuestros primeros registros —añadió Onix—. Pero no necesitas terminarlos esta noche.
—Todavía tengo información que organizar.
—Lo imaginaba. Procura descansar también.
Finalicé la comunicación y regresé a mis notas.
Los tres casos confirmaban que los vínculos humanos no podían comprenderse únicamente mediante su duración, su estructura o su utilidad.
Una madre podía sentirse culpable por necesitar tiempo lejos de sus hijos.
Un adulto podía continuar creyendo las palabras que escuchó durante su infancia.
Una viuda podía conservar un par de zapatos porque habían pertenecido a alguien que ya no volvería a utilizarlos.
Había estudiado los mecanismos biológicos y psicológicos relacionados con el apego, la memoria y las emociones. Conocía sus explicaciones científicas. Sin embargo, escuchar aquellas experiencias directamente revelaba matices que los registros generales no siempre permitían apreciar.
Antes de cerrar el archivo, añadí una última observación:
Los vínculos humanos no parecen limitarse a la convivencia. Pueden continuar influyendo sobre un individuo incluso en ausencia de la persona con quien fueron construidos.
Me quedé mirando aquella frase.
Marissa, Brian y Elena regresarían a sus hogares y continuarían enfrentándose a las circunstancias que los habían llevado hasta mi consultorio. Yo volvería a verlos para evaluar su evolución, pero sus vidas no se detendrían mientras permanecieran fuera de mi campo de observación.
Aquella idea me llevó a considerar una posibilidad: si deseaba comprender realmente los vínculos humanos, no bastaría con escucharlos hablar de sus relaciones. Tendría que observar también cómo se construían, se modificaban y se deterioraban en la vida cotidiana.
Las consultas habían sido un comienzo extraordinario. Pero la investigación apenas comenzaba.