Los Invisibles Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

La nave inició una trayectoria de aproximación cuidadosamente calculada para evitar la detección humana. Nuestro destino inicial no sería una ciudad terrestre, sino una instalación oculta en una región oceánica apartada de las rutas habituales.

Descendimos hasta que el mar ocupó prácticamente toda nuestra visión. Desde aquella altura, nada parecía distinguir la zona de cualquier otra extensión de agua.

Entonces el paisaje cambió.

Frente a nosotros apareció una estructura de dimensiones extraordinarias que hasta ese instante había permanecido oculta. Sus diferentes niveles se extendían parcialmente bajo la superficie oceánica, mientras otros permanecían suspendidos sobre el agua mediante sistemas de estabilización.

—Bienvenidos al centro de naves —anunció Tharira.

La instalación funcionaba como punto de tránsito y coordinación para expediciones procedentes de diferentes regiones del universo. Conocía su existencia por los registros, pero nunca había tenido oportunidad de observar una plataforma semejante.

Cuando ingresamos, descubrí que no éramos los únicos visitantes.

Numerosas naves permanecían distribuidas alrededor de las estructuras centrales.

Algunas poseían superficies luminosas semejantes a las nuestras.

Otras presentaban diseños angulares, materiales oscuros y formas que no reconocí inmediatamente.

Había unidades pequeñas y otras tan grandes que requerían espacios de estabilización considerablemente más amplios.

—Reconozco algunas —comentó Xandor.

Khael se acercó.

—Pertenecen a civilizaciones con las que mantenemos relaciones desde hace generaciones. Otras proceden de regiones con las que nuestros contactos son menos frecuentes.

—¿Todas están aquí para estudiar la Tierra? —preguntó Nevara.

—No necesariamente. Algunas realizan investigaciones, otras mantienen funciones de observación y ciertas unidades utilizan la plataforma como punto de tránsito.

Observé una nave oscura situada en uno de los extremos de la instalación. Su estructura era diferente de las demás y parecía carecer de ventanas o aberturas visibles. Cerca de ella se desplazaban varias figuras cuya anatomía no conseguí distinguir con claridad.

—¿De dónde proceden? —pregunté.

Khael siguió la dirección de mi mirada.

—No tenemos información suficiente sobre todas las unidades que utilizan estas instalaciones. Existen civilizaciones que prefieren mantener sus actividades reservadas.

—¿Representan algún peligro?

—No necesariamente. La ausencia de relaciones no implica hostilidad. Pero debemos respetar sus espacios.

Continué observando aquella nave mientras nos aproximábamos al sector asignado. Me intrigaba pensar que tantas especies diferentes podían encontrarse en las proximidades de la Tierra sin que sus habitantes tuvieran conocimiento de ello.

Los humanos continuaban preguntándose si estaban solos en el universo, mientras representantes de otras civilizaciones utilizaban instalaciones ocultas en sus propios océanos.

Nuestra nave recibió autorización para ocupar una de las plataformas destinadas a las expediciones aelunari. Tharira completó las maniobras y, pocos instantes después, quedamos estabilizados.

—Hemos llegado —anunció.

Khael nos reunió para una última comunicación.

—A partir de ahora comienza la etapa operativa de nuestra misión. Revisaremos las identidades que utilizarán, los sistemas de comunicación y los protocolos de seguridad antes de que cada uno se incorpore a su entorno de investigación. Recuerden que nuestra presencia debe permanecer oculta.

Zehiran confirmó que el centro de monitoreo estaría disponible durante toda nuestra estancia. Si alguno encontraba dificultades, podría solicitar asistencia sin recurrir a dispositivos visibles para los humanos.

—No exhiban capacidades extraordinarias —añadió Khael—. Eviten situaciones que puedan comprometer sus identidades y recuerden que estamos aquí para observar una civilización, no para dirigir su desarrollo.

Asentimos.

Mientras mis compañeros organizaban sus equipos, regresé a la superficie panorámica. Desde allí podía contemplar una pequeña extensión del océano. Más allá se encontraban continentes habitados por millones de individuos que continuaban sus actividades sin imaginar nuestra presencia.

Pronto caminaría entre ellos, compartiría sus espacios y escucharía conversaciones que hasta entonces solamente había conocido mediante grabaciones.

Había estudiado su historia, sus idiomas, sus costumbres y sus comportamientos. Conocía los procedimientos de la misión y confiaba en mi capacidad para mantener una perspectiva científica.

Sin embargo, recordé la simulación en la que había intentado comprar una bebida.

Había conseguido comunicar lo que deseaba, pero no comportarme de una manera natural.

Recordé también a la mujer de la celebración familiar, que parecía necesitar la compañía de una persona concreta en medio de un grupo numeroso.

Habíamos recorrido una distancia inmensa para llegar hasta allí.

Y todavía me faltaba comprender algo tan sencillo como por qué los humanos podían necesitar estar juntos sin tener nada que decirse.

Observé una vez más el océano.

La Tierra ya no era una imagen en mis archivos. Estaba al otro lado de aquella superficie de agua. Y pronto comenzaría a conocerla.