Los Invisibles Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

El interior mantenía la armonía arquitectónica característica de Naurea: corredores amplios, superficies suaves, iluminación integrada y espacios destinados al descanso y la investigación.

También disponíamos de compartimentos para conservar muestras, sistemas de asistencia médica y un centro de monitoreo desde el cual podrían supervisarse nuestras actividades.

Allí conocimos a Tharira y Zehiran, responsables del funcionamiento de la nave y del apoyo a la expedición.

Tharira dirigía los sistemas de navegación, desplazamiento y seguridad.

Poseía una mirada serena y movimientos precisos que revelaban una familiaridad extraordinaria con cada mecanismo bajo su supervisión.

Zehiran, de cabello claro y expresión amable, estaba a cargo del monitoreo y las comunicaciones.

—Mientras permanezcan en la Tierra, mantendremos una base operativa desde la cual podremos asistirlos —explicó Tharira—. Cada investigador dispondrá de un sistema de comunicación imperceptible para los humanos.

—También podremos supervisar sus condiciones físicas y detectar determinadas situaciones de riesgo —añadió Zehiran—. Pero no confundan nuestra asistencia con una garantía de seguridad absoluta.

Xandor examinó los sistemas con atención.

—Espero que nuestras investigaciones no se vean interrumpidas por dificultades técnicas.

Tharira lo observó con una expresión apenas divertida.

—Y yo espero que los investigadores no generen dificultades que después debamos resolver desde aquí.

La respuesta provocó algunas sonrisas. Incluso Xandor pareció reconocer la advertencia.

Antes de partir, Tharion, Naureia y Elunai acudieron al centro de navegación para despedirse de mí.

Tharion me proporcionó acceso a una selección de registros históricos que consideraba útiles para comprender determinados procesos humanos.

Elunai me deseó una investigación fructífera y me recordó que esperaba conocer mis conclusiones cuando regresara.

Naureia permaneció observándome unos instantes antes de tomar mis manos.

—¿Estás preparada?

—He completado todas las evaluaciones.

Sonrió.

—No te pregunté eso.

Pensé en la nave, en la Tierra y en la posibilidad de abandonar por primera vez el mundo donde había desarrollado toda mi existencia.

—Creo que sí —respondí.

—Entonces disfruta del viaje, Anuki. Aprende todo lo que puedas, pero no olvides que algunas experiencias necesitan vivirse antes de poder comprenderse.

La abracé. Era un gesto habitual entre nosotros y nunca había considerado necesario analizarlo. Permanecimos así unos instantes antes de separarnos.

—Regresaré con muchas respuestas —le aseguré.

—Estoy segura de que regresarás con muchas historias.

Tharion apoyó una mano sobre mi hombro.

—Recuerda que ninguna civilización puede comprenderse únicamente mediante sus logros o sus errores. Observa también las circunstancias que la llevaron a convertirse en lo que es.

Asentí y me despedí de ellos.

Poco después, la nave comenzó a elevarse sobre la plataforma.

A través de la superficie panorámica observé cómo las construcciones de Aeliria se convertían en pequeños reflejos luminosos entre los jardines.

Las montañas y los canales desaparecieron gradualmente hasta que Naurea quedó reducida a una esfera suspendida en la inmensidad de Elarion.

Conocía sus dimensiones, su composición y las características de su atmósfera. Había estudiado su historia y observado innumerables representaciones del planeta. Sin embargo, contemplarlo desde una nave que se alejaba de él resultaba diferente.

Todo cuanto había conocido se encontraba ahora concentrado en aquella esfera luminosa.

Permanecí junto a la superficie panorámica hasta que desapareció de nuestra vista.

El viaje hacia la Vía Láctea transcurrió según las previsiones de Tharira. Nuestros sistemas de navegación modificaban las condiciones del espacio inmediato y nos permitían atravesar distancias que los humanos necesitarían generaciones para recorrer mediante sus tecnologías conocidas.

Durante el trayecto, cada integrante continuó preparando su investigación.

Xandor revisaba estructuras políticas; Zireth estudiaba enfermedades y procedimientos médicos; Nevara y Azael comparaban registros de fauna y vegetación.

Yo dedicaba buena parte del tiempo a examinar escenas de la vida cotidiana humana.

Una de ellas mostraba una celebración familiar. Varias personas se habían desplazado desde diferentes regiones para compartir una comida con motivo del aniversario de nacimiento de uno de sus integrantes.

Zireth se acercó mientras observaba la grabación.

—¿Qué estás estudiando?

—Una reunión familiar. Me interesa comprender por qué conceden tanta importancia a determinados acontecimientos personales.

—Quizás porque su existencia es relativamente breve —propuso—. Las celebraciones podrían ayudarles a reconocer el paso del tiempo.

Amplié la imagen. La mayoría de los presentes conversaba y sonreía, pero una mujer permanecía apartada del grupo.

—No todos parecen disfrutarlo —observé.

—Tal vez esté cansada.

—O preocupada por algo que los demás desconocen.

Poco después, otra mujer se acercó a ella. Conversaron durante algunos minutos y su expresión comenzó a cambiar.

—Es curioso —comenté—. Se reúnen con muchas personas, pero en ocasiones parecen necesitar la compañía de una sola.

—Quizás porque no todas las relaciones les proporcionan lo mismo.

Registré aquella posibilidad para estudiarla posteriormente. Cuanto más observaba a los humanos, más evidente me resultaba que sus vínculos no podían comprenderse únicamente mediante categorías generales. La familia, la amistad y el amor parecían adquirir significados diferentes para cada individuo.

Después de atravesar las regiones previstas en nuestra ruta, los sistemas anunciaron la proximidad del destino. La representación de la Vía Láctea apareció frente a nosotros y, poco después, identificamos el sistema estelar al que pertenecía la Tierra.

Me acerqué a la superficie panorámica.

Allí estaba.

Una esfera azul rodeada por una atmósfera luminosa, con extensos océanos y masas continentales parcialmente cubiertas por nubes.

Había observado aquel planeta innumerables veces mediante registros científicos, pero contemplarlo directamente despertó un entusiasmo que ninguna simulación había conseguido reproducir.

—Hemos alcanzado el sistema de destino —anunció Tharira.