Capítulo 2 #2
—Quiero que estudies sus vínculos familiares, las amistades, las relaciones de pareja y las distintas formas de pertenencia que desarrollan. Necesitamos comprender por qué establecen esas conexiones, cómo consiguen mantenerlas y por qué algunas terminan convirtiéndose en fuentes de sufrimiento.
—¿También las relaciones que no responden a vínculos biológicos? —pregunté.
—Especialmente esas. Los humanos pueden considerar familia a individuos con quienes no comparten ascendencia. Conservan amistades durante décadas y, en ocasiones, permanecen emocionalmente vinculados a personas que ya no forman parte de sus vidas.
—¿Y las relaciones amorosas?
—Serán fundamentales. El amor influye sobre sus decisiones personales, familiares e incluso económicas y políticas. Sin embargo, nuestros modelos todavía no consiguen explicar satisfactoriamente todas sus manifestaciones.
Recordé los registros que había estudiado durante mi formación. Conocía los mecanismos fisiológicos relacionados con la atracción y el apego, pero aquellas explicaciones no bastaban para comprender algunas decisiones humanas.
—Me gustaría incluir las pérdidas —propuse—. He observado que ciertos individuos conservan vínculos emocionales con personas fallecidas durante gran parte de su existencia. Guardan objetos, mantienen costumbres y modifican decisiones en función de recuerdos compartidos.
Khael asintió.
—Inclúyelo. El duelo, la separación, la reconciliación y la memoria afectiva pueden ayudarnos a comprender su manera de interpretar la existencia.
—También podríamos estudiar las respuestas orgánicas asociadas con esas experiencias —intervino Zireth.
—Podríamos comparar nuestros registros —le propuse.
—Me gustaría mucho.
Khael continuó explicando su propia investigación, centrada en la composición geológica del planeta, sus recursos y la relación entre las características del territorio y el desarrollo de los asentamientos humanos. Después abordó las condiciones de la expedición.
Nuestra presencia debía permanecer oculta.
No podríamos revelar nuestro origen, utilizar capacidades extraordinarias que permitieran identificarnos ni proporcionar conocimientos capaces de modificar el desarrollo tecnológico humano.
Los instrumentos de investigación permanecerían fuera de su alcance y cualquier intervención con consecuencias significativas debería ajustarse a los protocolos aelunari.
—No llegaremos como visitantes —aclaró Khael—. Para estudiar a los humanos necesitamos que se comporten con naturalidad. Cada uno adoptará una identidad compatible con su investigación y participará en sus actividades cotidianas sin despertar sospechas.
—Entonces tendremos que vivir como ellos —comentó Xandor.
—Exactamente.
Aquella perspectiva me resultaba especialmente interesante. Había estudiado las costumbres humanas durante numerosos ciclos, pero observarlas desde la distancia era muy diferente de participar en ellas.
—¿Qué sucederá si nuestra presencia modifica el comportamiento de quienes estudiamos? —pregunté.
Khael me observó.
—Deberás registrarlo. Ninguna investigación presencial está completamente libre de influencia. Lo importante será reconocerla y evitar alteraciones significativas.
Consideré su respuesta. Mi trabajo requeriría conversar con los humanos, participar en sus actividades y establecer relaciones que me permitieran comprender sus experiencias. Era inevitable que algunos modificaran su comportamiento al interactuar conmigo.
—¿Y si alguno establece un vínculo conmigo?
Khael permaneció pensativo durante unos instantes.
—Es una posibilidad que deberás contemplar. No podemos exigir que los individuos observados ignoren tu presencia. Tendrás que reconocer las consecuencias de tus decisiones y actuar con responsabilidad.
Asentí. No consideraba probable que aquella situación representara una dificultad importante. Mi formación me permitía distinguir entre las experiencias personales y los objetivos de una investigación. Confiaba en poder relacionarme con los humanos sin perder la perspectiva científica.
Cuando Khael dio por finalizada la reunión, los investigadores comenzaron a revisar sus asignaciones. Xandor regresó a los registros políticos, mientras Azael y Nevara comparaban información sobre los ecosistemas terrestres. Zireth se acercó a mí antes de abandonar la sala.
—Tu investigación será especialmente interesante —comentó.
—La tuya también. Sospecho que terminaremos compartiendo numerosos descubrimientos.
—Probablemente. Los humanos parecen experimentar sus emociones con una intensidad extraordinaria.
—Eso es precisamente lo que quiero comprender.
Zireth me observó con curiosidad.
—¿Nunca te has preguntado cómo sería sentir las cosas como ellos?
Reflexioné. Había considerado muchas veces la necesidad de comprender sus emociones, pero no la posibilidad de experimentarlas personalmente.
—No creo que sea necesario sentir exactamente lo mismo para poder estudiarlo —respondí.
—Quizás no. Aunque algunas experiencias resultan difíciles de explicar cuando solamente se conocen desde fuera.
Recordé las enseñanzas de Naureia, pero no encontré motivos para modificar mi respuesta.
—Supongo que tendremos oportunidad de comprobarlo.
Nos despedimos y permanecí unos instantes frente a la representación de la Tierra. Khael se acercó antes de abandonar la sala.
—Elunai considera que posees una capacidad de observación poco común, Anuki. Espero que sepas aprovecharla.
—Haré todo lo posible por cumplir los objetivos de la expedición.
—No tengo dudas de tu preparación. Pero recuerda que convivir con una civilización es diferente de estudiarla desde la distancia. Encontrarás comportamientos que no podrás explicar inmediatamente.
—Intentaré mantener una perspectiva objetiva.
—Eso espero. La humanidad posee capacidades que no deberíamos subestimar.
Asentí. Precisamente aquellas capacidades habían despertado mi interés.
Cuando regresé a nuestra residencia, encontré a Tharion y Naureia en uno de los jardines interiores. La luz de Aeliria comenzaba a adquirir las tonalidades nacaradas características del final de nuestro período luminoso. Ambos advirtieron mi entusiasmo antes de que pronunciara una palabra.
—Supongo que tienes algo importante que contarnos —comentó Tharion.
—Voy a participar en una expedición a la Tierra.
Tharion sonrió con evidente satisfacción, mientras Naureia se acercaba para tomar mis manos.
—Entonces ha llegado el momento de conocer aquello que tanto has deseado estudiar —dijo.
Les relaté cómo se había desarrollado la reunión, quiénes serían mis compañeros y cuáles eran los objetivos de la misión.
Tharion se interesó por los estudios políticos de Xandor y las posibilidades de ampliar nuestros registros históricos.
Naureia prestó especial atención a mi responsabilidad de investigar los vínculos humanos.
—Familias, amistades, relaciones amorosas, pérdidas y pertenencia —repitió—. Has elegido un campo extraordinariamente complejo.
—Precisamente por eso me interesa.
—¿Y crees que podrás comprenderlo todo?
—No inmediatamente. Pero confío en que la observación directa me permitirá encontrar respuestas que nuestros registros todavía no contienen.
Naureia intercambió una mirada con Tharion.
—Espero que así sea, Anuki.
Aquella noche regresé a mi espacio de estudio. La Tierra apareció nuevamente ante mí, iluminada por el reflejo de su estrella. Amplié algunas imágenes hasta distinguir ciudades, estaciones de transporte y espacios donde los humanos desarrollaban sus actividades cotidianas.
Una de las grabaciones mostraba a dos personas abrazadas.
Una lloraba mientras la otra la sostenía con fuerza.
No había información suficiente para determinar si se trataba de una despedida, un reencuentro o algún acontecimiento doloroso.
Lo único evidente era que ambas atribuían un significado importante a aquel contacto.
Examiné sus expresiones. No existía una amenaza física que justificara la necesidad de permanecer tan cerca, pero el gesto parecía proporcionar algo que ninguna de las dos conseguía expresar mediante palabras.
Registré una nueva pregunta en mi archivo personal: ¿por qué el contacto con otro individuo podía convertirse en una necesidad tan profunda para los humanos, incluso cuando no existía ningún peligro del que debieran protegerse?
Después cerré los registros. Pronto tendría la oportunidad de observar aquellos comportamientos directamente, conversar con sus protagonistas y descubrir las razones que los motivaban.
Durante mucho tiempo había contemplado la Tierra como un objeto de estudio. Ahora se había convertido en el destino de mi primera expedición.
Y estaba preparada para comenzar.