Capítulo 2
La comunicación de Elunai llegó mientras examinaba nuevos registros sobre la Tierra.
Había dedicado buena parte de la jornada a comparar las relaciones familiares humanas con las de otras civilizaciones cuando una señal luminosa apareció sobre mi superficie de trabajo.
Mi mentora solicitaba que acudiera a su despacho inmediatamente.
No mencionaba ningún proyecto ni explicaba el motivo de la convocatoria, algo poco habitual en ella.
Elunai era una de las investigadoras más respetadas de nuestro centro de formación.
Había participado en numerosas expediciones antes de dedicarse a la enseñanza y conocía mi interés por las civilizaciones inteligentes.
Sus métodos eran exigentes y valoraba especialmente la capacidad de reconocer las limitaciones de una investigación.
Por eso, cuando entré en su despacho y la encontré frente a una representación tridimensional de nuestra galaxia, supuse que deseaba conversar sobre alguno de mis trabajos.
—Anuki, me alegra que hayas venido.
—Recibí tu comunicación. ¿Necesitas que revise algún registro?
—En realidad, quiero hablarte de una oportunidad.
Desactivó parte de la proyección y dejó visible una ruta que atravesaba diferentes regiones del universo.
—Se está organizando una expedición científica. El equipo necesita incorporar a una investigadora especializada en el comportamiento de especies inteligentes y he propuesto tu nombre.
La observé durante unos instantes. Había dedicado numerosos ciclos a prepararme para una oportunidad semejante, pero hasta entonces nunca había abandonado Naurea para estudiar directamente otra civilización.
—¿Una expedición de campo?
—Exactamente.
—¿A qué planeta?
Elunai amplió la representación. Una galaxia espiral apareció ante nosotras y, dentro de ella, destacó un pequeño sistema estelar. Reconocí su configuración antes de que pronunciara el nombre.
—A la Tierra.
Me acerqué a la proyección. Allí estaba aquella esfera azul que había ocupado tantas horas de mis investigaciones.
Durante los últimos ciclos había imaginado cómo sería estudiar a sus habitantes desde una perspectiva diferente, pero nunca había considerado que pudiera presentarse una oportunidad tan pronto.
—Los humanos —murmuré.
—Veo que reconoces el destino.
—He estudiado sus vínculos familiares, sus conflictos y sus mecanismos de cooperación. Hay aspectos de su comportamiento que todavía no consigo explicar.
—Lo sé. He revisado tus investigaciones.
Aquella afirmación me sorprendió. Elunai supervisaba numerosos proyectos y desconocía que hubiera prestado tanta atención a mis trabajos.
—Precisamente por eso te he recomendado —continuó—. Reconoces que nuestros registros no contienen todas las respuestas y no intentas interpretar cada comportamiento humano mediante los modelos de nuestra propia civilización.
—¿Significa que he sido seleccionada?
—Significa que eres candidata. El responsable de la expedición quiere conocerte antes de confirmar tu incorporación.
—¿Quién estará a cargo?
—Khael. Es especialista en geología y exploración planetaria. Ha dirigido otras expediciones y posee experiencia coordinando equipos científicos. La reunión será hoy.
Volví a observar la Tierra. El planeta giraba lentamente sobre la proyección, ajeno a que, en una galaxia distante, varios investigadores se preparaban para estudiar a sus habitantes.
—Quiero participar —respondí.
Elunai sonrió.
—Imaginaba que dirías eso. Pero recuerda algo, Anuki: conocer los registros de una civilización no significa conocer a sus individuos. Procura no viajar buscando únicamente confirmar lo que ya crees saber.
—No pienso hacerlo.
—Entonces ve. Te están esperando.
Abandoné su despacho y me dirigí al centro de coordinación de expediciones, situado en uno de los sectores elevados de Aeliria.
Había visitado aquel edificio durante mi formación, aunque nunca como candidata a una misión.
Mientras atravesaba sus corredores, observé las representaciones de sistemas planetarios y los registros de viajes anteriores.
Por primera vez contemplé la posibilidad de que mi nombre terminara formando parte de aquellos archivos.
La sala de reuniones era circular y estaba organizada alrededor de una plataforma donde flotaba una representación de la Tierra. Cinco investigadores se encontraban distribuidos a su alrededor. Al advertir mi presencia, uno de ellos se acercó.
—Anuki, supongo.
—Así es.
—Soy Khael. Elunai me ha hablado de ti.
Era alto, de cabello oscuro y ojos claros. Sus movimientos eran precisos y su expresión transmitía una serenidad que no parecía incompatible con la autoridad que ejercía. Me observó brevemente antes de continuar.
—He revisado tus trabajos sobre la organización social humana. Considero que podrías contribuir a nuestra investigación, pero antes quiero explicarte sus objetivos y las condiciones bajo las cuales trabajaremos.
—Será un honor participar.
—Primero, permíteme presentarte al equipo.
Xandor fue el primero en acercarse. Su expresión seria y su postura disciplinada coincidían con la descripción que Khael hizo de él. Se especializaba en sistemas políticos, estructuras de autoridad y relaciones de poder.
—Los humanos modifican constantemente sus gobiernos —comentó mientras intercambiábamos un saludo—, pero muchos de sus conflictos permanecen.
—Quizás porque las instituciones cambian más rápido que algunas de sus convicciones —respondí.
—O porque sus convicciones evolucionan y las instituciones se resisten a acompañarlas.
Su respuesta despertó mi interés. Comprendí que tendríamos numerosas observaciones que comparar.
Azael, especialista en botánica, apenas esperó a que Khael pronunciara su nombre para señalar una representación de los bosques terrestres.
—¿Has visto la diversidad vegetal de ese planeta?
—He examinado algunos registros.
—Es extraordinaria. Algunas especies sobreviven en condiciones extremas y otras dependen de relaciones muy específicas con los organismos que las rodean. Sospecho que los humanos todavía desconocen buena parte de sus propiedades.
Habría continuado explicándome sus hipótesis si Khael no hubiera intervenido para presentarme a Nevara, una investigadora de movimientos suaves y mirada atenta. Su especialidad era la fauna y las relaciones que los animales establecían entre sí y con otras especies.
—Me interesa especialmente la manera en que los humanos tratan a los animales —comentó—. Algunos viven dentro de sus hogares y reciben cuidados semejantes a los de un integrante de la familia. Otros son utilizados como alimento o considerados una amenaza.
—Una misma especie puede recibir tratamientos muy diferentes según la cultura —observé.
—Precisamente. Quiero comprender cómo justifican esas diferencias.
La última integrante del equipo era Zireth, especialista en procesos biológicos, restauración orgánica y preservación de la salud. Poseía una apariencia armoniosa, de cabello luminoso y ojos claros, pero lo que más llamó mi atención fue la seguridad con la que habló de su investigación.
—Los estados emocionales humanos parecen influir considerablemente sobre el funcionamiento de su organismo —me explicó—. Me interesa descubrir hasta qué punto sus vínculos afectan su salud.
—Entonces nuestras investigaciones podrían complementarse. Yo intentaré comprender por qué determinadas relaciones producen bienestar mientras otras provocan sufrimiento.
—Tendremos mucho que comparar —respondió con una sonrisa.
Khael nos invitó a ocupar nuestros lugares.
La representación de la Tierra aumentó de tamaño y comenzaron a aparecer imágenes de ciudades, montañas, océanos y extensiones boscosas.
Después surgieron escenas de actividades humanas: reuniones familiares, procedimientos médicos, celebraciones y conflictos.
—Esta expedición forma parte de nuestro programa de estudio de civilizaciones en desarrollo —comenzó—.
La humanidad ha sido observada a distancia durante numerosos ciclos, pero existen aspectos de su comportamiento y de su relación con el entorno que requieren una investigación presencial.
No viajaremos para intervenir en su evolución ni para proporcionarles conocimientos que todavía no han desarrollado.
Nuestra responsabilidad será observar, registrar y comprender.
Xandor levantó la mirada.
—¿Trabajaremos todos en una misma región?
—No necesariamente. Compartiremos una base de operaciones, pero cada investigación podrá exigir desplazamientos diferentes. Estudiaremos un mismo planeta desde distintas perspectivas.
Khael comenzó a distribuir las responsabilidades.
Xandor analizaría los sistemas políticos, las relaciones de poder y los mecanismos mediante los cuales los humanos aceptaban o rechazaban determinadas autoridades.
Zireth estudiaría sus conocimientos médicos, la enfermedad, el envejecimiento y las diferencias en el acceso a los recursos sanitarios.
Nevara investigaría la fauna, las relaciones ecológicas y las consecuencias de la actividad humana sobre otras especies. Cuando solicitó incluir el estudio de animales amenazados de extinción, Khael aceptó, aunque le recordó que nuestra misión no contemplaba intervenir en sus procesos naturales.
Azael se ocuparía de los ecosistemas vegetales, sus mecanismos de adaptación y las transformaciones provocadas por la explotación de los recursos naturales. Khael también autorizó sus desplazamientos hacia regiones poco exploradas, siempre que respetara los protocolos de seguridad.
Finalmente, la representación cambió y aparecieron imágenes de la vida cotidiana. Una mujer sostenía a un recién nacido. Dos personas mayores caminaban tomadas de la mano. Un grupo de jóvenes compartía una comida y, en otra escena, un hombre permanecía solo frente a una ventana.
—Anuki, tu investigación será diferente —comenzó Khael—. Mientras los demás estudiarán estructuras políticas, procesos biológicos y sistemas naturales, tú deberás concentrarte en aquello que mantiene unidos o separados a los individuos de esta especie.
Observé las imágenes con atención.