Los Huérfanos 3
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Los ansiolíticos la ayudan a enfrentarse al mundo exterior, pero también le provocan un sueño invencible y Laura se queda dormida en el asiento del copiloto.

No es un sueño profundo, es más bien un duermevela confuso que le impide distinguir el mundo onírico del real.

¿Es cierto que ha estado en la playa con un monstruo que hablaba con ella?

No, ha estado con Aras, pero en el sueño aparece con la cara llena de pústulas supurantes, deformado.

¿Está viajando a Madrid para ver a su madre?

Sí, al volante se encuentra su hermano Dani, que es un buen conductor, tranquilo y fiable.

Está en buenas manos, se puede relajar. ¿Es verdad que Estrella, la compañera de Dani en la escuela de buceo, ha cocinado una lubina?

Sí, ha comido en su apartamento, la casa de Istán está inhabitable por la explosión, y Dani se está quedando con Estrella mientras Ingrid convalece en una clínica.

Todo eso es real, lo entiende a través de la bruma de su cabeza, que la acompaña desde hace unas semanas.

También es real que su hermano ha alquilado un apartamento accesible para la silla de ruedas y que allí vivirá con Ingrid cuando le den el alta.

Pero hay algo que cobra forma en su somnolencia y no consigue discernir si es parte de su imaginación o si ha ocurrido de verdad.

Estrella y Dani lavando los platos juntos mientras Laura dormitaba en el sofá.

Ella dándole un caderazo, como jugando, y él devolviéndoselo.

Hay algo más. Estrella preguntando a Laura cómo era Dani de pequeño.

Abre los ojos y se siente aturdida, como si acabara de tener una revelación.

En el coche suena una canción que Dani tararea.

Todo está bien, pero ella nota un punto de tristeza en su mirada y entonces lo comprende todo.

—¿Estás enamorado de Estrella?

Da la sensación, por unos segundos, de que él no ha oído la pregunta. Pero deja de tararear y se gira hacia ella.

—Estoy enamorado de Ingrid. —Lo dice con una sonrisa temblorosa que desmiente la convicción que trata de imprimir a su respuesta.

—Dime la verdad. Os he visto muy compenetrados.

—Somos buenos amigos, nos llevamos muy bien. Pero mi vida es con Ingrid.

—Dani...

—No quiero hablar del tema, Laura. ¿Vale?

Ella tuerce el gesto, esperaba una comunicación más fluida con su hermano del alma, pero la falta de una relación constante durante estos años, a pesar de haber estado siempre en sintonía, no lo pone fácil.

Se queda mirando por la ventana y, en lugar del paisaje, se le aparecen con nitidez, como en tropel, las estampas de complicidad que ha presenciado entre Dani y Estrella.

—¿Crees que Ingrid sabe algo? —pregunta.

La apelación es terca y tiene un punto de provocación.

—Laura, sé que te gustan mucho los dramas, pero no hay nada entre Estrella y yo. Nada. Te lo aseguro.

—Nunca me has contado si te sientes culpable por el accidente de Ingrid.

Él cabecea, nervioso, intentando digerir la insistencia de ella.

—¿Qué cojones tiene que ver el accidente de Ingrid con Estrella?

—¿Por qué evitas la pregunta, Dani? Solo quiero saber cómo te sientes.

—Si yo hubiera revisado los tanques de oxígeno, nada de esto habría pasado. ¿Ya estás contenta?

—Pero ella sí los revisó. Y sabía hacerlo.

—Los revisó ella y los tendría que haber revisado yo también. ¿Me culpo? Sí, todos los días. Pero eso no quiere decir que esté con Ingrid por pena.

—Igual sientes que estás en deuda.

—¿En deuda? Joder, parece que no me conoces.

—Porque te conozco te lo digo. Si no sigues enamorado de Ingrid, no estás siendo justo contigo ni con ella.

—¡Laura, ya está bien!

—Vale, me callo. No quiero que te enfades, y menos cuando estás conduciendo. Solo te digo que te quiero y no me gusta pensar que echas tu vida a perder.

—Todos los Pastor echamos nuestra vida a perder.

Laura asiente, no hay más que repasar la historia de su familia. Dani conduce ahora más deprisa y apretando los labios.

—Lo mejor es que dejemos de hablar de esto. Ingrid es mi pareja, Estrella trabaja conmigo, nada más. Así es y así seguirá. Ahora vamos a escuchar musiquita y a cerrar la puta boca.

Ya está zanjado el tema. Los Pastor no hablan. No se cuentan sus problemas. Los Pastor avanzan con la vista al frente, salvajes y desvalidos.

Ha tocado una fibra muy sensible de su hermano.

Entiende lo jodido de la situación, aunque cree que lo más honesto, por doloroso que sea, sería que Dani rompiera con Ingrid, que no esté con ella por lástima.

Pero su hermano es firme, es terco, es noble, no lo hará jamás.

Y no sabe si admirarlo o compadecerlo. Tampoco se siente en condiciones de dar lecciones a nadie.

Ella misma esquiva a Guillermo. No se ve con fuerzas de poner las cartas sobre la mesa.

¿Lo quiere todavía? Es incapaz de darse una respuesta, tampoco quiere explorar sus sentimientos, teme encontrar las raíces arrancadas y su corazón bamboleándose como un péndulo.