Capítulo 13 El príncipe que todavía no sabe lo que quiere
A estas alturas he conocido hombres de todas las clases. Los que prometen demasiado, los que desaparecen, los que regresan cuando les da la gana y los que se ofenden porque una no les sigue el jueguito.
Pero hay una categoría que merece capítulo aparte: los hombres que no saben qué carajo quieren.
Un día te escriben: «buenos días, mi amor». Al otro desaparecen como si los hubiera recogido un ovni. Después regresan con un «hola, perdida».¿Perdida yo? ¡Puñeta, si yo siempre he estado en el mismo sitio! El que se perdió fuiste tú.Cuando una pregunta qué buscan, empiezan las respuestas:
—Vamos a ver qué pasa.—No quiero apresurar las cosas.—Es que he sufrido mucho.
¡Ay, papito! Yo también he sufrido y no por eso ando repartiendo confusión como muestras gratis en el supermercado.
Yo puedo disfrutar una aventura sin compromisos cuando eso es lo que quiero. Pero una cosa es que los dos sepamos a lo que vamos y otra que alguien me tenga esperando una decisión que nunca llega.
Es como estar en un restaurante con un mesero que nunca trae el menú, pero tampoco te deja irte: «Espere un momentito, que enseguida lo atiendo». ¡Y llevas dos horas mirando la mesa!
Y tampoco voy a hacerme la perfecta. He metido la pata más de una vez. Los santos están en el cielo y yo a todas partes.Pero si no sabes lo que quieres, papito, cómprate una brújula. Porque yo no voy a ser tu GPS emocional.¡NO ME JODAS!