Capítulo 12 El príncipe del «yo soy diferente»
Hay una frase que me pone a sospechar antes de que termine de escucharla: —Yo soy diferente a los demás.¡AY, BENDITO!
No digo que sea mentira. Claro que hay hombres diferentes, respetuosos y maravillosos. Pero quien necesita repetirlo cada cinco minutos me recuerda a un vendedor insistiendo en que su mercancía es original.
Este príncipe lo conozco bien, y su discurso seguro les suena.Al principio todo es perfecto.—Yo no soy celoso.
Hasta que una sale con las amigas.—¿Y quién estaba allí?—Yo no controlo a nadie.
Hasta que una decide ponerse un traje que le encanta.—¿Vas a salir así?—A mí me gustan las mujeres independientes.
Hasta que esa mujer independiente dice que tiene planes y no puede verlo. ¡PUÑETA, QUÉ DIFERENTE!
Lo curioso es que algunas personas quieren una mujer segura de sí misma solamente mientras esa seguridad no les lleve la contraria.Pero yo no necesito un permiso para ponerme ropa que me gusta, disfrutar una salida o decir que no.
Y tampoco espero que un hombre abandone su personalidad para complacerme. Eso sería cambiar un problema por otro.Las relaciones sanas se construyen con confianza, respeto y conversaciones honestas, no con frases bonitas que se desmoronan en la primera diferencia de opinión.
Si eres distinto, demuéstralo. No hace falta anunciarlo con bocinas. Trátame bien cuando estamos de acuerdo y también cuando no. Respeta mis límites y espera que yo respete los tuyos.
Y si un día me dices que eres diferente, probablemente voy a sonreír y contestar:—Qué bueno, papito.
Vamos a ver si los hechos están de acuerdo contigo.
Porque yo ya aprendí que las palabras pueden ponerse un traje precioso.
Pero el carácter siempre termina saliendo en chancletas.Moraleja: no importa cuántas veces alguien diga que es diferente; lo que cuenta es cómo actúa.
¡PUÑETA, QUE EL AMOR NO SE DEMUESTRA CON UN ESLOGAN!