Los hombres princesos Capítulo 9 El vecino, mi pecado favorito
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Capítulo 9 El vecino, mi pecado favorito

Dicen que uno debe amar al prójimo. ¡Pues yo con mi prójimo me he tomado ese mandamiento demasiado en serio!

Hay vecinos que te prestan azúcar. Otros te avisan cuando se fue la luz.

Y después está ese vecino que, con una sola mirada, consigue que a una se le olvide hasta para qué salió al balcón.No voy a decir su nombre, ni a dar pistas, ni a describir el color de la casa.

¡No me jodas! Una cosa es escribir un libro y otra es convertir el vecindario en un programa de chismes.Lo que sí puedo contar es que ese hombre me encanta.

Siempre ha tenido una manera de hacerme saber que le atraigo, y yo tampoco voy a hacerme la santa.

¿Para qué? Los santos están en el cielo y yo tengo demasiadas cosas que hacer aquí abajo.Lo nuestro no es una relación con aniversario, flores obligatorias y discusiones por quién dejó el mensaje en visto.

No somos novios. Él vive en su casa y yo en la mía.

Cada cual tiene su mundo, sus responsabilidades y sus días en que no quiere saber de nadie.Pero existe esa química.

Esa que no pide permiso, que aparece en una conversación aparentemente inocente y de pronto cambia la temperatura del ambiente.

Hay encuentros que empiezan con una sonrisa y terminan siendo un secreto que una guarda con una sonrisa todavía más grande.Y no, tampoco voy a contar los detalles.

¡Bastante imaginación tienen ustedes!A veces nos buscamos; otras veces pasan días sin que ocurra nada.

No estoy pegada al teléfono esperando una señal, ni él aparece a cada rato como si tuviera llave de mi agenda.

Precisamente eso forma parte del encanto: no convertir algo que disfrutamos en una obligación.Él ha tenido sus parejas y yo las mías.

La vida sigue, cambia, se complica. Y eso me recuerda que la química no elimina las responsabilidades ni los sentimientos de otras personas.

Una puede reírse de sus aventuras sin fingir que todas las decisiones son sencillas.Con los años también he aprendido algo: no todo lo intenso tiene que convertirse en una historia de amor, ni todo lo que no lleva etiqueta está vacío.

A veces lo que una siente es deseo, complicidad y una confianza que se ha construido a su manera.

Y a veces lo más sensato es saber dónde están los límites.

¿Que si me gusta el misterio? ¡Claro! ¿Que si me gusta ese hombre?

¡MÁS CLARO TODAVÍA!Si algún día alguien me pregunta cuál ha sido mi pecado favorito, no voy a dar nombres.

Voy a mirar hacia otro lado, sonreír y cambiar de tema con una elegancia que ni yo misma sabía que tenía.Solamente diré que vive lo suficientemente cerca como para no gastar gasolina.

¡PUÑETA, QUE CON ESTOS PRECIOS HASTA EL PECADO HAY QUE SABER ADMINISTRARLO!

Dicen que uno debe amar al prójimo. Yo no sé quién escribió esa frase pensando en mi vecino, pero se lució.Los santos están en el cielo…

y yo a todas partes. Aunque, últimamente, algunas de esas partes me quedan caminando.