Los hilos invisibles del destino
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Prólogo
Carta al amor de mi vida
Escribir este diario y plasmar en él mis vivencias es la manera que tengo de que esta historia no quede en el olvido.
Dicen que los grandes amores no se olvidan nunca, y yo estoy de acuerdo, porque la realidad es que sirven de precedente para las historias que se contarán en el futuro.
Aunque un amor no llegue a funcionar, eso no quiere decir que esa historia deje de tener vida a través de las palabras, a través de los ojos de quien la lee o de quien la escucha.
Porque el amor verdadero prevalece intacto incluso cuando parece haberse disipado con el viento.
Quizás un amor como este tenga vida más allá de lo que fue: una segunda oportunidad a través de otras personas que se encuentran por casualidad.
Yo prefiero llamarlo destino, porque a veces dos personas están destinadas a encontrarse, aunque el momento en que les toca vivir ese amor no sea el idóneo para una de las partes, o quizás para ambas.
Pero si algo tengo claro es que el amor, cuando es verdadero, no entiende de fronteras ni de obstáculos.
Solo sé que la vida cambia, y que en mis tiempos amar era mucho más complicado de lo que lo es hoy en día.
Solo quiero que esta historia prevalezca más allá de los años, de los kilómetros y de las fronteras, y más allá de la imposibilidad de haber tenido una vida juntos, aunque el destino nos quiso el uno para el otro.
Eso no significa que no haya sido feliz con la vida que he tenido, porque conocer un amor así me enseñó a amar sin miedo, a abrir las alas y volar tan alto que nada ni nadie pudiera impedirme disfrutar de un amor semejante.
Estés donde estés, querido, gracias por enseñarme a amar. Siento que lo nuestro no prosperara más allá del tiempo que nos tocó vivir, pero gracias a ello, hoy soy quien soy.
He tenido la suerte de ver el amor en tus ojos y de saber reconocerlo después en los de otros. Así que gracias por darme un amor inolvidable, uno que llevaré conmigo hasta el día en que dé mi último suspiro.
Con amor, Berta.