Chapter 58
Cómo describir el espectáculo, la sobrecogedora situación ante la que Sonia avanzaba con la sensación de pesadez que se tiene en las pesadillas, cuando quieres llegar lo antes posible a un lugar y parece que dos manos sujeten tus tobillos para no dejarte caminar.
Las sillas de las solanas estaban volcadas por el suelo. Sonia vio a una mujer tirada todo lo larga que era, con un enorme charco de sangre bajo su cabeza.
Lo estaban haciendo, era real. Siguió avanzando en dirección al ayuntamiento.
Se escuchaban gritos incluso dentro de las casas.
Muchos habían abierto la puerta por voluntad propia, eran sus hijos e hijas quienes habían llamado a ellas.
Cómo no dejarles entrar, llebavan semanas deseando que volvieran.
Sonido de cristales rotos. Gañidos de perros. Llantos.
Sonia vio pasar corriendo a un hombre, cojeando mientras trataba de apoyarse en un bastón, y Lucas, uno de sus hermanos de Comunidad le dio alcance y le clavó el cuchillo por la espalda, a la altura de los riñones. Siguió haciéndolo cuando el hombre cayó al suelo y se montó a horcajadas sobre él.
Sonia los bordeó y vio cómo Lucas se detenía un momento, con el cuchillo alzado en el aire, mirándola, como si buscase su aprobación.
La chica contuvo la arcada. Lucas tenía el rostro salpicado de sangre y los ojos centelleaban bajo la luz de la luna, llenos de odio.
Sonia volvió a correr. Vio el ayuntamiento. Vio la luz en el primer piso y, sin pensarlo, cogió una piedra de buen tamaño y la lanzó contra la ventana .
El ruido de los cristales le dio miedo. Parecía que estaba delatando el escondite del padre.
Este se asomó asustado y vio a Sonia entre las sombras.
—¿Sonia? ¿Qué pasa?
Solo entonces pareció percatarse del ambiente caótico.
—Papá, apaga las luces y ábreme.
—Está abierto —dijo él.
—Apaga la luz.
Sonia fue hasta la puerta de entrada. Cerró tras de sí y echó el pestillo. Sin encender ninguna luz llegó a la primera planta. Su padre estaba enmarcado bajo el vano de la puerta de su despacho. No había apagado la luz y Sonia lo empujó y se precipitó sobre el interruptor.
—Pero ¿qué es esto, Sonia? ¿Qué está pasando?
Ella tanteó en la oscuridad, las manos sobre la cara, los hombros de su padre, con los ojos arrasados en lágrimas y, sin saber por qué, solo pudo contestar.
—Tomás no va a volver, papá, lo siento.