Los hijos rotos Chapter 44
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Chapter 44

Después de la visita mañanera los muchachos se pusieron en marcha con sus quehaceres diarios.

Sonia se veía alterada tras haber visto a sus padres y pidió a Rei hablar con él.

Este, que estaba con Amelia en el cuarto salió, le pidió a Fila que acompañara a Amelia y le dijo a Sonia que hablaran mientras daban un paseo por la finca.

Tomaron el camino que llevaba a la roca grande, entre los frondosos árboles que les protegían con sus ramas del agobiante sol, dejando tan solo pasar hilos de luz y refrescándoles con su sombra.

No se oían más que el píar de la aves y los gritos de las chicharras.

—¿Cómo está Amelia? —preguntó la chica.

—La fiebre ha remitido, se ve que el antibiótico hace su efecto. No te preocupes por ella, se pondrá bien. Dime lo que te preocupa a ti.

Sonia titubeó antes de contestar.

—Mis padres. —Bajó la cabeza—. Ya sé que los adultos están contaminados, dañados para siempre y que solo nosotros podemos construir un futuro mejor. Pero…

—¿Pero?

—Mira, Rei, mi hermano no mintió cuando dijo que ellos siempre nos habían tratado bien. Sí, ya sé que no todos han tenido esa suerte, pero mis padres…

Sonia comenzó a sollozar.

Rei la rodeó en un suave abrazo.

—Vamos, Sonia, es normal que te sientas así. Ellos nos educan para hacernos sentir así, culpables, siempre culpables de no querer ser como ellos esperan. No es más que parte del proceso. Algunos ya tienen el veneno tan inoculado que es imposible salvarlos, como a tu hermano.

Le levantó el rostro hacia él y le acarició una mejilla. Sonia se ruborizó.

—¿Qué les has hecho tú a tus padres?

Sonia negó con la cabeza.

—Nada.

—¿Por qué has de sentirte mal entonces? Tú solo quieres vivir tu vida y ellos encadenarte a la suya . Aquí nadie te ata. Eres libre de irte si quieres, como hizo tu hermano. Pero fíjate que, aun así, él no volvió con tus padres. En el fondo comprendía que era un esclavo de sus deseos.

—Pero ¿no te dijo nada sobre a dónde se iba? Es mayor de edad, mis padres no podrán obligarle a volver, pero al menos se quedarían tranquilos si pudiesen saber dónde está, que está bien.

El chico rubio frunció los labios en un gesto apenado.

—Estaba enfandado, Sonia, frustrado diría yo. Solo me dijo que estaba harto, que se iba lejos, que quería romper con todo.

Sonia asintió. Rei posó suavemente sus labios sobre los de la chica.

—Todos te amamos, Sonia. Nuestra sangre se ha mezclado y somos un único ser. No dejes que tus padres te manipulen.

Mucho después de volver a la casa, Sonia seguía sintiendo un hormigueo en los labios .

Mientras, en la habitación, Amelia, que ya se encontraba mejor hablaba animada con Fila.

Rei se lo había impuesto como acompañante y aunque, al principio, le pareció incómodo, pronto se familiarizó con el muchacho y sus bromas.

Ahora sabía que Rei estaba con Sonia y no pudo evitar preguntar al chico lo que parecía reconcomerla.

—Fila, tú conoces bien a Rei. ¿Crees que está jugando conmigo?

El chico elevó las cejas y se acuclilló a la orilla de la cama hasta dejar su rostro muy cerca del de la muchacha.

—¿Por qué me preguntas eso? ¿Qué es lo que te pasa?

—A veces me parece que no me… —le costaba decidirse— que no me desea. Que no le gusto.

Fila prorrumpió a reír a carcajadas. Luego se acercó aún más a ella, le tomó una mano y pasó ligeramente la lengua sobre los labios.

—Creéme, Amelia, no existe ningún hombre en el mundo a quien pudieras no gustarle.