Los hijos rotos Chapter 26
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Chapter 26

Y sin embargo, apenas una semana después, tanto Sonia de dieciocho años, como Tomás de veintitrés, se iniciaban en La Comunidad y compartían la comunión con el resto en una de las fiestas que se celebraban a diario en la finca, mientras Fila y Lupa controlaban los dos puntos de entrada para que nadie pudiese inmiscuirse en las celebraciones.

Los hijos del alcalde habían sido invitados dos días antes y ahora se dejaban atrapar por las palabras de Rei, mientras las galletas que les habían hecho tomar como señal de comunión les permitían dejar que les rajaran los dedos índices sin sentir dolor y que creyeran fielmente que sus propios padres eran su mayor enemigo.

Por ello quemaban su nombre escrito con sangre, para eliminarlos de sus vidas.

La vida continuaba, y cada vez eran más los padres que contemplaban, estupefactos e impotentes, cómo sus hijos abandonaban sus hogares en pos de aquel muchacho que había llegado, casi un mes atrás, para poner a sus familias patas arriba.

Algunos de los progenitores se acercaban a la finca, sin atreverse a entrar, pues el jefe ya les había advertido que podría considerarse allanamiento.

Y los que conseguían hablar desdel otro lado con sus hijos, tenían que darse la vuelta con las manos vacías y los corazones encogidos.

No había nada que hacer, eran mayores de edad y no ocupaban la propiedad de forma ilegal, sino con el permiso de su dueño.