Los hijos rotos Chapter 18
25%

Chapter 18

El Rubio tocó la campanilla y en breves segundos una de las chicas, que ahora vivía en la casa, apareció por la puerta mostrando una gran sonrisa.

Llevaba unos pantalones muy cortos y una camiseta que dejaba al descubierto su ombligo y el Rubio juntó las palmas en señal de oración mientras dirigía la mirada al techo.

—Cada día le doy gracias al señor por la llegada de Rei.

La chica se rio y se sentó en la cama, al lado del viejo, acariciando una de sus mejillas, que por la mañana había afeitado otra de las muchachas.

—Mira que eres zalamero. ¿Qué le apetece a nuestro enfermito?

—Ay, niña, huele de maravilla, ¿qué estáis cocinando?

—Saúl está haciendo unas galletas de mantequilla de una receta que encontró en una libreta que había en la cocina.

—Umh, la libreta de Clara. No recordaba ni que estuviera ahí.

—¿Clara?

—Una sirvienta que tuve hace años.

La chica se levantó de la cama y se acercó a la ventana. Miró al exterior, comenzaba a anochecer y el calor había bajado prometiendo una noche agradable.

—Se llama como la gatita.

—¿Quién? —preguntó el viejo .

Últimamente se notaba espeso y perdía el hilo de las conversaciones.

Vivía en un estado de constante letargo que le mantenía sosegado, cerca de una paz que no había sentido nunca.

Apenas percibía el vaivén de los muchachos por la casa.

Es más, había perdido la cuenta de cuántos vivían allí.

De hecho, aquella chica, ¿era nueva? No sabría decirlo.

Se recostó un poco más y se dejó llevar por las palabras de ella.

—Su antigua asistenta.

El viejo asintió con la cabeza

—Ah, sí, es verdad. Por cierto, ¿dónde anda esa pillina? Qué deprisa crece, ya quiere independizarse.

La chica se encogió de hombros. Se acercó a la cómoda y recogió la bandeja con el plato y la taza de la comida.

—No lo sé, es un animalito muy independiente.

El viejo volvió a asentir.

—¿Me traerás unas galletas con la cena?

Ella volvió a acercarse y, sosteniendo la bandeja con una mano, le dio un pequeño golpecito en la nariz al viejo con la que había dejado libre.

—Está hecho un golosón. Hay que dejar que se enfríen. Pero prometo que mañana le traigo yo misma el desayuno y me robo algunas galletas para usted.

La chica salió de la habitación y al rato volvió de nuevo con la bandeja. Ahora traía un plato de sopa de pescado, una tostada con tomate y queso y una infusión.

—Sea un buen chico y no se deje nada .

El viejo acomodó la bandeja en su regazo y comenzó a sorber la sopa.

La cuchara iba y venía del plato a la boca sin nigún problema, no como cuando Minia se empeñaba en darle la comida ella misma.

Aquella bruja quería hacerle ver que era un inútil, pero en cuanto había salido de su casa el viejo parecía haber recuperado años de vida.

No, aquellos pueblerinos solo querían verle acabado, pero él les estaba dando una lección.

Todos sabían que no tenía familia, y cuando muriese todos sus bienes pasarían al ayuntamiento, por eso les molestaba tanto haber perdido el control sobre él, no porque les importase lo más mínimo su salud.

—Dime, preciosa, ¿qué se cotillea por El Páramo?

Ella se acercó un poco al viejo como si fuese a confiarle un secreto.

—Dicen que somos delincuentes que robaremos todo su dinero, le chuparemos la sangre y acabaremos con usted para quedarnos su casa y montar fiestas y orgías cada noche.

El Rubio reía con satisfacción.

—Mierda, puede que tengan razón, pero lo dicen por pura envidia.

El meapilas del doctor y el jefe me tenían viviendo como en una cárcel, privado de todos los placeres y mira ahora; chicas hermosas afeitándome, aseándome, dándome de comer…

alcohol, cigarrillos… qué más quisieran ellos.

Si parecece que vuelvo a tener cuarenta años, cualquier día me pongo en pie y bailo contigo, princesa.

La chica le acompañó en sus risas.

—Y ahora le traeré un whisky, pero antes beba la infusión, sabe que Rei quiere que la tome porque la hace con unas hierbas que le enseñó su madre y que le mantendrá a usted sano y fuerte como un roble, no como esas medicinas que solo le hinchaban y le hacían atontecer hasta babearse como un bebé.

Cuando se haya tomado unas cuantas de estas infusiones echaremos ese baile.

El viejo tomó la infusión mientras la chica esperaba paciente a que se la terminara.

Después volvió a recoger la bandeja y fue a preparar el whisky.

Cuando volvió, el viejo estaba semiinconsciente y ella misma se tomó el whisky mientras entornaba la mirada.

Después dejó el vaso vacío, con los hielos derritiéndose, sobre la mesilla.

Cuando el viejo despertara, creería que se lo había bebido él mismo.

Al llegar al salón se encontró a Rei junto a Fila y le guiñó un ojo.

—Listo, el viejo está cao y los otros ya deben de haber preparado la hoguera y estarán recibiendo a los nuevos para comenzar la fiesta.

Rei levantó una mano sujetando a la gatita que sostenía a la altura de su pecho con la otra.

—Ceremonia. Esta noche será una ceremonia. Dile a Saúl que meta las galletas en un bol y vamos para la roca. Ha llegado la hora de volver oficial nuestra Comunidad.