Los hijos rotos Chapter 14
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Chapter 14

Tras llevar al viejo a la bañera, los chicos bajaron de nuevo al porche y Rei les puso al día sobre el viaje a Vega Río.

—Con Tuco ya está todo arreglado. Tenemos suministro asegurado, le he dejado encargado más material.

Puede conseguirme lo necesario, basta con que le dé el margen de una semana entre pedido y pedido.

Yo mismo me acercaré a recogerlo y de paso traeré comida y bebida, en este pueblucho apenas tienen mercancía para abastecernos, cada vez seremos más.

—¿De dónde sacaste a esas tres? No nos traerán problemas, ¿no? Podrían estar buscándolas —preguntó Lupa.

Rei se acercó a él y Lupa pensó que de nuevo había hablado de más. Sin embargo, Rei le puso una mano sobre el hombro, amistosamente.

—Lupa, Lupa, parece que no me conozcas. Lo tengo todo controlado.

Esas tres han salido más o menos del mismo sitio que tú.

Vidas maltratadas, familias rotas, reformatorios, casas de acogida.

Nadie las buscará y aunque las buscaran —Rei se encogió de hombros — son mayores de edad y están aquí por su voluntad.

Fila asintió.

—Sí, Lupa, ¿qué es lo que te pasa? Deberías relajarte. Rei controla. Ya nos dijo que todos seríamos mayores de edad y menores de veinticinco, ¿cuál es el problema?

Lupa apuntó hacia arriba con el dedo índice. Desde que había llegado a la casa se había mostrado desconfiado y reticente a relajarse .

—Pensé que la casa sería nuestra, no de ese viejo. Lo ha dicho muy claro. “Esta casa es mía, aquí mando yo.”

Rei guiñó los ojos ante el fuerte sol de agosto. Acababan de comenzar el mes y el calor era asfixiante. Desde el porche escuchaban el agua corriendo y las risitas de las chicas acompañadas de la voz ya cascada del viejo que parecía haber vuelto a la adolescencia.

—Lupa, amigo, a veces hay que tener paciencia, dejar a la gente pensar que ellos están al mando mientras se les maneja como a marionetas para conseguir un objetivo, ¿entiendes?

Lupa asintió sin convicción. Miraba a su alrededor y solo veía un jardín abandonado y una finca que comenzaba con unos árboles frondosos y solo Dios sabía hasta dónde se extendía.

Rei les había hecho una promesa y nunca les había fallado.

Sabía que su amigo sabía moverse y camelar a la gente.

Hasta alguien tan reacio a dejarse manejar, como el Tuco, fiaba a Rei solo por ser quien era.

A él mismo le había sacado de varios líos, pero todo aquello, aquel plan le parecía una locura y no acababa de encajar en su cabeza.

—Todo esto es nuestro, pero el viejo aún no lo sabe y de momento debe seguir siendo así.

—Y ahora, ¿cuál es el siguiente paso? —preguntó Fila mientras sonreía al escuchar las risas y los gritos de las chicas en el baño, donde las habían dejado con el viejo dentro de la bañera.

Rei no lo dudó un segundo.

—El siguiente paso es crecer. ¿Cómo era aquello? Creced y multiplicaos. Eso es lo que vamos a hacer .

Esa noche, mientras el viejo dormía a pierna suelta gracias a la infusión especial que le llevaron para tomar tras la cena, las luces del salón de la casa estuvieron encendidas hasta tarde.

La música resonó por toda la finca, la mercancía del Tuco mermó un poco, y todos los cuerpos se fundieron unos con otros para formar uno solo y constituir la comunidad en la que ningún adulto tendría lugar.