Los Hijos de la Peste 67
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Era una tarde soleada en Malpica. Suso Marzán se citó con el magistrado Maldonado en su residencia de verano, un antiguo pazo recientemente restaurado con estilo y sobriedad. Maldonado cerró con cuidado un ejemplar de una vieja Biblia que estaba leyendo y lo devolvió a su lugar en la librería.

—Como sabrá, señor Marzán, en el Éxodo se relata la segunda de las siete plagas que sufrió Egipto.

Miles de ranas surgieron del río Nilo, invadiendo todas las casas, incluso los aposentos del palacio del faraón.

La plaga no distinguía entre ricos y pobres, y el faraón rogó a Moisés que intercediera ante Yahvé.

Cuando las ranas murieron, el hedor desató una peste que mató a muchos egipcios.

Este es uno de los primeros relatos religiosos en los que la rana se asocia al castigo y a la muerte a través de la enfermedad —explicó el magistrado con tono sereno, mirándolo con intensidad—.

Curiosamente, en muchas culturas clásicas, la rana también representa la transición, el cambio.

Es un animal que atraviesa varias etapas en su vida, y ese proceso se ha interpretado como un símbolo de crecimiento, incluso de redención.

Marzán y Maldonado pasaron al jardín, donde un imponente hórreo gallego estaba rodeado de azaleas.

Maldonado lo invitó a sentarse en unos elegantes sillones de arpillera marrón, situados entre reproducciones de esculturas clásicas que daban al entorno un aire distinguido.

Eran las primeras horas de la tarde, y un suave aroma a hierba recién cortada y regada impregnaba el ambiente.

—Magistrado, como sabe, sospechamos que la Jornada Mundial de la Juventud será el momento que Montenegro tiene en la mira.

Mi duda es si hay algún significado ritual o histórico en su elección del veneno, la batracotoxina, que pudiera darnos alguna pista sobre el tipo de ataque que planea— dijo Marzán, sorbiendo con cuidado el café caliente.

—No me atrevería a confirmarlo, pero es posible.

La elección de un veneno tan peculiar no es casual.

En el mundo ritual celta, donde Montenegro parece haber encontrado inspiración, los tótems y símbolos tienen un papel crucial.

La rana, en este contexto, representa el salto de un estado de conciencia a otro, del mundo terrenal al espiritual.

Quizá Montenegro busca su propia redención a través de la muerte, pero no antes de cumplir la misión que él mismo se ha impuesto.

Sabemos que ya ha cobrado venganza sobre aquellos que, en su visión, causaron la muerte de su hermano Xosé.

Si no me equivoco, ahora ve a la Iglesia como la gran encubridora de esos hechos.

—¿Cree, entonces, que el Papa podría ser su objetivo?— Marzán miró al magistrado con gravedad.

—Quizá. Podría ser el objetivo más obvio, pero no es una certeza. Usted mismo me ha dicho que Montenegro ha elaborado una gran cantidad de ese veneno. Creo que su objetivo es un colectivo, aunque no tengo claro que se trate solo de los jóvenes del JMJ.

—Existe la posibilidad de que se trate de los dignatarios eclesiásticos que acompañan al pontífice— aventuró Marzán.

—Puede ser. Pero ojalá tuviera respuestas más precisas para darle —respondió el magistrado, resignado—.

Sé que usted y la inspectora Vargas están contra reloj.

Pero, Marzán, hay algo que he aprendido de la Iglesia: el primer sacramento, la Eucaristía, es el momento cumbre de la misa, cuando los fieles reciben el cuerpo y sangre de Cristo en forma de hostia consagrada.

Ese ritual podría interpretarse también como un puente entre el plano espiritual y el terrenal.

Si Montenegro decidiera actuar en un momento tan simbólico, podría ser durante la misa del próximo domingo en Monte do Gozo.

La calma de la tarde fue interrumpida repentinamente por el sonido estridente del teléfono en el interior de la casa.

—Disculpe un momento — dijo Maldonado, levantándose.

Marzán asintió con un leve gesto, y su mente divagó, hipnotizado por el murmullo de los aspersores que se habían activado en el jardín.

Un pensamiento fugaz le hizo reflexionar sobre el destino de Montenegro: ¿habría sido así si su infancia hubiese transcurrido de forma distinta, rodeado de afecto en lugar de odio?

La vida de un niño transformada por la crueldad de una institución, marcada por una época feroz y sombría.

La reflexión lo llevó a pensar en Mason, a quien echaba de menos cada día más. Sabía que estaba a punto de regresar de su largo viaje a San Francisco, y sentía que había llegado el momento de sincerarse y decirle cuánto lo quería.

—Señor Marzán, es para usted— dijo Maldonado, volviendo al jardín y señalándole el teléfono.

Marzán dio un último sorbo a su café y se levantó. Caminó hasta el vestíbulo, donde un teléfono verde agua estaba colgado en la pared, junto a una repisa con notas manuscritas y algunas guías telefónicas algo desgastadas.

—¿Marzán?— La voz de Noela Vargas llegó nítida, aunque de fondo se escuchaba el bullicio de un sitio concurrido—.

Oye... Delgado ha conseguido concertar una reunión con Castro aquí en Santiago de Compostela.

En unos minutos su avión va a aterrizar en Lavacolla.

He venido a recogerlo al aeropuerto. Estoy segura de que sabe más de lo que nos ha dicho sobre el rol de Montenegro y sobre si alguien más puede estar detrás de un posible atentado.

Te necesito en la comisaría; nos vemos allí.

—Estupendo. Acabo de hablar con Maldonado, y todo apunta a que el plan de Montenegro tiene como objetivo causar el mayor daño posible a la Iglesia.

Estamos al límite, Noela, nos queda menos de una semana para la Jornada Mundial de la Juventud y no tenemos ni idea de dónde está escondido.

Creo que debemos prestar especial atención a la misa del domingo en Monte do Gozo. Es una oportunidad perfecta para él.

—Lo sé, ya he hablado con el comisario García.

Vamos a redoblar la vigilancia, tanto de la Guardia Civil como de la Policía.

Este fin de semana se esperan más de trescientos mil peregrinos en Santiago.

Además, estamos interrogando a los habitantes de las aldeas cercanas a la casa donde Montenegro se ocultaba.

Quizá alguien pueda reconocerlo y darnos alguna pista de su aspecto actual. Estamos cerca... lo atraparemos.

—Dios te oiga, Noela.