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En aquella mañana de principios de agosto, Suso pasó a recoger a Noela en Camariñas.
Ambos habían acordado desplazarse a Corcubión, un rincón en el extremo oeste de la provincia de A Coruña, conocido por su ubicación privilegiada en la Costa da Morte.
Allí se citarían con el magistrado Maldonado, cuyo conocimiento sobre los ritos mágicos de la Triple Muerte, recogidos en el grimorio del libro VI de Farsalia, prometía desentrañar el modus operandi del asesino que estaban persiguiendo.
Según Arturo Castro, esta obra milenaria poseía claves para descifrar el ritual.
Maldonado, el magistrado, los recibió en su despacho. Con la cortesía habitual, les sirvió un vaso de agua fresca y se acomodó tras su escritorio.
—Lucano es el autor del Libro VI. Nació en Córdoba en el año 39 después de Cristo y era sobrino de Séneca —dijo Maldonado—.
Es célebre por su poema narrativo inacabado, Farsalia, que narra la guerra civil entre Julio César y Pompeyo.
Esta obra se compone de diez libros, pero el Libro VI es el más singular.
Se trata del tratado de necromancia más extenso de la Antigüedad, donde se recogen los ritos mágicos del mundo celta, una cultura en la que los sacrificios humanos eran una práctica común para aplacar a los dioses.
—¿Necromancia? —preguntó Marzán, jugueteando con el vaso de agua entre sus manos.
—Exactamente. La necromancia, o nigromancia, implica el uso de los muertos —a través de sus cadáveres o espíritus— para obtener conocimientos ocultos.
Era una práctica común en culturas antiguas y medievales.
Pero, a diferencia de la nigromancia moderna, que se centra en convocar a los espíritus para obtener respuestas, los antiguos, como los pueblos mesopotámicos, persas, egipcios e incluso algunos enclaves de origen medieval,
empleaban ciertos rituales para absorber el conocimiento adquirido por los muertos, tanto en vida como tras la muerte.
En la cultura celta y en regiones del norte de Europa, el nigromante era quien hablaba a los dioses, los cuales, tras ser ofendidos, podían ser aplacados mediante sacrificios rituales.
En algunos casos, como en la Triple Muerte, se utilizaban seres humanos.
De hecho, estos rituales fueron bastante comunes durante la Alta Edad Media.
Tenemos varios ejemplos de restos humanos de la Antigüedad aparecidos en turberas del norte de Europa.
—¿Me está diciendo que Montenegro ha tenido acceso a este conocimiento? ¿Cómo? —preguntó Vargas.
Maldonado hizo un gesto con el dedo, pidiendo paciencia. Se levantó y se dirigió a un aparador donde, tras abrirlo con llave, extrajo un libro antiguo y voluminoso. Lo colocó sobre el escritorio con sumo cuidado.
—Este libro es una copia facsímil del Manual de Múnich de magia demoníaca, o Liber incantationum.
Es uno de los pocos grimorios de la Antigüedad que han llegado hasta nosotros.
Lo conseguí a través de un amigo anticuario y ocultista.
El libro original se encuentra en la Biblioteca Estatal de Baviera.
Marzán y Vargas se levantaron y se acercaron a Maldonado. Mientras él pasaba con cuidado las páginas, sus ojos recorrieron los dibujos y esquemas de rituales mágicos que se hallaban en cada hoja.
—El libro consta de tres categorías de ritos: psicológicos, de ilusionismo y de adivinación...
—¿Cuál es el origen de este manual?
—Es un misterio. Tal vez se trate de una recopilación de ritos mágicos realizada en algún monasterio del siglo XV.
Lo importante es que este grimorio agrupa el conocimiento mágico de la Antigüedad, incluyendo textos del libro VI de Farsalia, a los que posiblemente nuestro asesino haya tenido acceso.
Si queremos atraparlo, debemos prever sus próximos pasos.
Localicemos el lugar donde Montenegro estudió el libro.
Presumo que Artai Montenegro se inició con él.
Que las víctimas pertenezcan a una sociedad como la de Santa Mariña —santa que, según la tradición, también fue sometida a un sacrificio de Triple Muerte— puede parecer una casualidad...
pero no lo creo. Estoy convencido de que el asesino conocía este hecho y ha usado este ritual en sus crímenes como una especie de «contramaleficio».
Lo que está claro es que se ha inspirado en el Libro VI para llevar a cabo su plan, y este plan puede tener un final realmente terrible.
—Pero... ¿por dónde empezamos a buscar?
—Mi recomendación sería comenzar en la iglesia de Santa Mariña de Augas Santas, situada cerca de Allariz. Tengo información fiable de que allí, el antiguo párroco —quien es un versado estudioso del ocultismo— podría ofrecernos algunas pistas sobre el paradero del original del Libro VI.
Ambos se despidieron de Maldonado y salieron a la calle, donde una ligera llovizna envolvía el día como si de una tela suave y satinada se tratara.
—¿Y ahora qué? —preguntó Marzán.
—Lo primero que debo hacer es tratar de encontrar a Rivera. Será la próxima víctima de Montenegro.
—Entonces, Noela, yo adelantaré un poco de trabajo y me desplazaré a Allariz. Voy a hablar con el expárroco e intentar averiguar algo más que nos pueda conducir hasta el Libro VI y a Montenegro.