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Al día siguiente del hallazgo del cuerpo de Carrión, Noela se dirigió a Laxe con el propósito de encontrarse de nuevo con Suso.
Sus ojos recorrían ávidamente las páginas del diario de Carrión, un cuaderno que él había sustraído, sin autorización, durante su visita a la residencia donde el coronel había estado internado.
—¿Cómo coño has podido hacer esto, Suso? Es un delito grave ocultar pruebas a la policía.
Marzán se encogió de hombros y tomó un sorbo de café, sonriendo.
—Vamos… Noela. Sabes perfectamente que, si este cuaderno hubiera llegado a manos de las autoridades, se habría «traspapelado».
Vargas gruñó en reconocimiento a la verdad de sus palabras, aunque le disgustase admitirlo.
—Esa agenda es historia, inspectora —Marzán solía llamarla por su cargo cuando la situación se volvía seria—.
En ella están los nombres de algunas sociedades secretas que existieron en España durante el régimen de Franco.
Se cita una en particular: los Carbonari.
—Le arrebató la agenda de las manos y buscó una página específica—.
Mira aquí… —señaló con el dedo un listado con nombres de los miembros que la componían, algunos tachados y otros no—.
¡Oh! —exclamó Marzán—. ¡Sorpresa! Aparece el nombre de un tal Artai Montenegro.
Luego... —pasó una página más— podemos encontrar una relación de las ubicaciones de sus principales logias, que los Carbonari llamaban ventas.
Vargas frunció el ceño.
—Eso nos dice que quizá Montenegro pudo pertenecer a esa orden, pero eso no lo convierte en asesino. Además, los Carbonari… Carrión también me los mencionó. ¿Quiénes son?
—Este tema es muy interesante. Los Carbonari, o Carbonarios, son una sociedad secreta que se originó en la Edad Media.
Su simbolismo está estrechamente vinculado con el mundo celta, pero con el tiempo adoptaron la iconografía cristiana con un significado fundamentalmente mágico.
Busqué información sobre ellos, pero no encontré mucho.
Sin embargo, lo que sí está disponible los señala como una sociedad de ámbito guerrero.
Tienen ciertas similitudes con los templarios, con una estructura muy jerarquizada, casi militar.
En su interior existían figuras similares a los sicarios o custodes, que se encargaban de eliminar a personas de relevancia en todos los ámbitos.
—¿Qué tipo de crímenes? —preguntó Vargas, intrigada.
Marzán continuó hablando despacio.
—He observado ciertas pautas en una serie de muertes violentas cometidas contra militares, políticos y, en algún caso, sacerdotes implicados en el aparato de represión del bando franquista.
»Ya sabes que Franco no solo ocultó a criminales de guerra nazis, también situó en puestos clave de la dictadura a muchos militares que, durante la Guerra Civil, fueron verdaderos criminales de guerra.
Durante estos días he podido leer y reflexionar sobre esta sociedad secreta.
Nacieron con una misión principal: luchar contra la tiranía en todas sus formas.
Han sido un motor de desestabilización de las oligarquías y tiranías en toda Europa a lo largo de los siglos.
»De hecho, han ocupado posiciones de poder político, militar y económico en muchas épocas de la historia; desde la Inglaterra de Cromwell —que constituyó el único gobierno republicano en la historia inglesa— hasta su participación en la Revolución Francesa, en su primera Asamblea Constituyente.
Incluso en la Alemania nazi, algunos historiadores especializados en sociedades secretas afirman que pudieron haber participado en el golpe de Estado que intentó acabar con Hitler en 1944, en la operación Valkiria.
—En caso de que tu razonamiento sea correcto, Suso, ¿qué relación podría haber entre la actividad de esta sociedad... los Carbonari, y los cuerpos encontrados de esos pobres chicos de la colonia, y los asesinatos de Quiroga y Carrión? —preguntó Vargas.
—No lo sé todavía, pero el modus operandi es el mismo en los dos asesinatos.
Además, el informe de la autopsia que me entregaste de Carrión dice que el asesino intentó narcotizarlo con Claviceps purpurea, la misma sustancia que se encontró en el cuerpo de Quiroga.
Pero esta vez, nuestro asesino cometió un error al utilizar una cantidad incorrecta que hizo que Carrión despertara durante su traslado a Xaviña.
Por lo tanto, el asesino está siguiendo una especie de ritual de sacrificios celtas, muy relacionado con los orígenes de los Carbonari.
Y Artai Montenegro, según el cuaderno de Carrión, pertenecía a esta sociedad.
Creo que él puede ser nuestro asesino, aunque no tengamos pruebas, Noela.
—Bien —Vargas reflexionó—. Está bien. Supongamos que lo que dices es cierto. Lo primero que tenemos que hacer es confirmar que Artai Montenegro es el individuo que estuvo en la escena del crimen de Carrión —entrelazó las manos, enfatizando sus palabras.
—¿Cómo planeas demostrar eso? —Marzán dejó caer las manos sobre sus rodillas.
—Estamos a las puertas de los noventa, Suso —sonrió—.
Recientemente, la policía ha inaugurado cerca de Madrid el SAID (Sistema Automático de Identificación Dactilar), y ahora están intentando identificar las huellas encontradas en la escena del crimen de Carrión comparándolas con una base de datos de millones de registros.
Ya a principios de los setenta, la policía tomaba las huellas dactilares de los detenidos, y todas se han volcado en una base nacional.
Si las huellas de Montenegro están en esa base y coinciden con las encontradas en el lugar del crimen de Carrión, sabremos que al menos estuvo en contacto con él en las horas previas a su muerte.
Ayer me llamó el comisario García y me dijo que también tenía a mi disposición una nueva metodología de investigación basada en la técnica de amplificación del ADN, que está en fase experimental, pero que quieren incluir en las investigaciones criminales.
Gracias a los restos recogidos de ADN en la inspección ocular de ambas escenas, tenemos suficiente material genético como para compararlo con el del asesino.
Como tú bien dices, Carrión se despertó y luchó con él...
quizá podamos encontrar algún resto genético en su cuerpo y, si es de Montenegro, podremos probar que él es el asesino.
—Estoy seguro de que será así. Pero primero debemos atraparlo.
Necesitamos saber si el padre Ángel Rivera sigue vivo y, si lo está, cuál es su paradero actual.
Noela, no dudes de que será el próximo objetivo de Montenegro.
Además, es nuestra pieza clave para resolver de una vez por todas quién mató a esos pobres chicos de la colonia.
—Cierto. Por lo pronto, mañana tenemos una cita con Arturo Castro en Santiago de Compostela.
Ayer mantuvimos una conversación telefónica y, la verdad, se puso bastante nervioso cuando le hablé de que creíamos que Artai Montenegro podría ser el principal sospechoso.
Me dijo que tomaría el primer avión a Santiago y que, ni de broma, tratara este tema en comisaría.
Que todo debía ser extraoficial... Suso, tengo la sensación de que hemos dado en el clavo.