Los Hijos de la Peste 24 #2
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A estas alturas, apuesto a que el asesino conoció a Quiroga en algún momento de su vida y que este influyó de tal manera en él que, a pesar de mis conocimientos de criminología y mi experiencia en este tipo de casos, me cuesta aún entenderlo.

El asesino solo ha cumplido con un plan prefijado.

Tenemos que seguir investigando el pasado de Quiroga y su relación con la colonia.

—Hemos de investigar a todos los internos que residieron allí durante aquella época e interrogarlos, también a sus familiares más cercanos en caso de que alguno de ellos haya fallecido. Tampoco podemos descartar que el asesino sea alguien cercano a los represaliados —dijo Vargas.

—Cabe la posibilidad —continuó Maldonado— de que nuestro asesino haya actuado en más ocasiones.

Ahora tenemos a Quiroga, pero también las muertes, en similares circunstancias, de los padres Jaime Riera y Agustín Álvarez.

Creo que todos los sacerdotes que estuvieron en aquella época en la colonia son su objetivo, incluyendo al obispo Bieito Camargo.

Todos se mantuvieron en silencio durante algo más de un minuto en actitud de reflexión.

—También tenemos que encontrar una explicación a la aparición de las medallas de Santa Mariña de Augas Santas, tanto en el cuerpo de Quiroga como junto a los restos humanos de la colonia —dijo Vargas, pensativa—.

¿Cómo encajan en este puzle? Cabe la posibilidad de que el asesino obligara a Quiroga a tragarse la medalla que portaba...

también Riera y Álvarez tenían una. Es como si les uniera algo...

es como si fueran partícipes de algún tipo de...

—...sociedad secreta… —dijo Maldonado.

—Sí, quizás sea una sociedad secreta... —corroboró Vargas—.

De todas maneras, sabemos que Franco tenía una profunda animadversión contra las sociedades secretas y la masonería.

Además, no tiene sentido que existiera una bajo el paraguas del Régimen.

Todo apunta a que se trata de un grupo de devoción conjunta a una santa que, por lo que sabemos, tiene una relación cercana con esos rituales de origen celta. Pero ¿en qué sentido?, ¿para qué?

—Tiene bastante relación, inspectora —Maldonado contestó—.

La leyenda de Santa Mariña es una traslación del ritual de la Triple Muerte celta a la cultura gallega.

Según la tradición, la santa fue sometida a martirio por no renunciar al cristianismo.

La historia cuenta que un prefecto romano llamado Olibrio intentó seducirla mientras pastoreaba con sus ovejas bajo un árbol mágico, llamado el Carballo de Santa Mariña.

Al no poder ni seducirla ni hacerla renunciar a su fe, la sometió a la tortura de la Triple Muerte: «colgada de un ecúleo, desgarrada por peines de hierro y garfios acerados».

—Un carballo... un roble. Frente al castillo de la colonia hay un roble centenario... joder... —dijo con entusiasmo Marzán—. No puede ser casualidad. Ese sitio fue elegido a propósito para establecer la colonia. ¿Con qué objetivo?

—Está claro, Marzán, que todo tiene una cierta conexión mágica —prosiguió Maldonado—, y en los grimorios está la posible explicación.

De todos los grimorios que se escribieron desde la ocupación romana y que fueron destruidos por la Iglesia durante la Edad Media, solo han llegado hasta nosotros dos que reúnen todo el saber del libro VI de Farsalia sobre la ejecución de los rituales de la Triple Muerte celta.

Uno de ellos está en Londres, en una colección privada, y el otro, no se lo van a creer...

está aquí, en Galicia. La tradición dice que ese libro podría ser el grimorio original.

Según las cartas de Godofredo Ansúrez, un monje del siglo XI, el manuscrito fue trasladado desde Santiago de Compostela a una pequeña iglesia románica inacabada llamada de la Asunción, cerca de Allariz.

—Ansúrez relataba con detalle cómo los clérigos, temerosos de que el libro cayera en manos de los invasores vikingos, lo ocultaron en una cripta bajo el altar mayor.

En sus misivas, advertía sobre el poder de los rituales descritos en el texto, asegurando que algunos monjes intentaron destruirlo, pero fueron castigados por una fuerza desconocida.

A partir de entonces, el grimorio quedó en custodia de una hermandad secreta, cuyo rastro se pierde en la historia, pero que, según algunos documentos posteriores, podría haber estado vinculada a la devoción a Santa Mariña de Augas Santas.

Quizá pueda haber una conexión con esa sociedad secreta.

Esta iglesia inconclusa es de origen templario y está construida sobre el terreno que, según la leyenda, fue el lugar donde el cuerpo de Santa Mariña de Augas Santas fue enterrado.

—Bien. Pues yo seguiré la pista del libro a ver si puedo averiguar algo más sobre su conexión con los asesinatos.

Está claro que el asesino conoce estos escritos y sus rituales.

También investigaré el papel en esta historia de esa especie de sociedad secreta de Santa Mariña y su relación con la colonia preventorial —agregó Marzán—.

Creo que esto se va a poner más que interesante.

Los tres se levantaron de sus asientos a modo de despedida.

—Una cosa más, inspectora, antes de que se vaya —Maldonado abrió uno de los cajones del escritorio y sacó una tarjeta de visita con el membrete de un despacho de abogados.

Luego, se la entregó a Vargas. — Me gustaría que hablara con este hombre.

Julio Sosa, además de ser el abogado que llevó las demandas interpuestas por los familiares de los represaliados, también fue uno de los niños que estuvieron internos en la colonia durante aquella época.

Quizá sea una gran ayuda para conocer lo que realmente ocurrió allí.

—Gracias, magistrado. Así lo haré.